miércoles, 15 de abril de 2015

“CADA SOLDADO ES UN JEFE”: GUERRILLA Y REGIONALISMO. (Cuba 1868 1878)


 Por: José Abreu Cardet          
Se ha repetido y ejemplificado hasta la saciedad el predominio de un regionalismo a ultranza en las fuerzas libertadoras. Hay una larga referencia a sediciones regionalistas, de negativas de fuerzas de una localidad a aceptar la jefatura de un extraño. Todo esto es cierto y deben de existir más ejemplos sepultados en la documentación dispersa en los muchos archivos cubanos y extranjeros que acaparan tales materiales. No pocos sentían un orgullo genuino de haber nacido en un lugar determinado.
Uno de los líderes del movimiento revolucionario en este territorio, Pedro Figueredo, dejaba constancia de este criterio estrecho sobre la patria en una carta, a un amigo en 1856 expresaba:  
        “...ofrecí escribirle algo sobre las costumbres de los campesinos de este país que usted desea tanto conocer, y cuando digo este país no crea que hablo de nuestra isla de Cuba en general, no: yo trato de la comarca que ocupa la gran faja de tierra entre los rios Yara y           Jibacoa”. (1)
Mientras Carlos Manuel de Céspedes  hacia un razonamiento  similar del orgullo de  pertenecer al oriente de la isla: “..yo tengo a mucho honor haberme criado en los campos menos esclavos de Cuba” (2)
El regionalismo, en el alzamiento y los inicios victoriosos de la guerra, hay que verlo en su sentido social, en los valores que lleva implícito de unir a los cubanos en torno a las ideas independentistas. Tanto el regionalismo, el caudillismo como el papel preponderante de las grandes familias  de terratenientes criollos se encuentran entre los factores más importantes que hicieron posible que las contradicciones entre la colonia y la metrópoli se convirtieran en un factor de unidad en torno a las ideas independentistas en  el levantamiento de 1868. (3) Pero la guerra produjo cambios en la sociedad cubana del oriente y el centro del país. Veamos como evolucionó el regionalismo.
Todo este cálido mundo regionalista, caudillista y de preponderancia de las grandes familias criollas no pretendió en los días de la conspiración   centrar su acción en la invasión a otros lugares. Tales asuntos no se discutieron en las muchas reuniones previas al alzamiento.  Hasta el 9 de octubre se pensaba en una victoria  rápida. Uno de aquellos mambises resumió el sentir de una parte importante de  quienes se alzaron en octubre:
“Dado el modo de ser del pueblo cubano y las aptitudes de los iniciadores, el movimiento en su principio tuvo mucho de una algarada  de gente alegre que se lanzaba inconsciente a un peligro desconocido, con la esperanza de su poca duración  creyendo celebrar alegremente la primera noche buena entre gritos de alegría y libertad.” (4)
Otro testimonio refleja ese entusiasmo colectivo que prevalecía. Candelaria Figueredo, la mística abanderada  en la toma de Bayamo, describe en estos términos el avance hacia esa ciudad. Dice la valiente y bella muchacha que por donde quiera: “... que pasabamos se nos iban agregando todos los hombres  y hasta los niños que encontrabamos al paso. Cuando llegamos al río Bayamo, que esta en la falda de la ciudad , Bayamo entera nos esperaba y apenas nos divisaron, fuimos saludados con vivas entusiastas y atronadores. (5)  
Los bayameses festejaban por anticipado una victoria que consideraban  segura. Por lo tanto no había que pensar en enviar tropas  fuera de la comarca. “ El poder de España esta caduco y carcomido”(6) Afirmaba uno de los conspiradores. Por lo que  se desplomaría al primer impulso y cada uno podía retornar a sus villorrios a celebrar con buen aguardiente  la victoria, a jugar gallos y recoger el maíz de la cosecha de invierno. 
Pero esta realidad cambió bruscamente con la obstinación del estado español en sostener su colonia. Los cubanos  se encontraron ante dos caminos o se rendían o resistían. Una parte considerable escogió el primero.
La situación se llego a convertir en desesperada por la falta de parque y equipos  bélicos en general. En diciembre de 1873 anotaba un mambí   “ ...las fuerza que nos custodia, no trae sino un tiro por hombre.” (7) A falta de parque y armas había que recurrir a todos los medios para sobrevivir. Uno de ellos fue el regionalismo y el caudillismo. Los viejos “amigos”  que los acompañaron en el impulso inicial.
La dirección del gobierno cubano había comprendido que la guerra se decidiría por medio de una especie de cruel carrera de resistencia. El contendiente que tuviera más resistencia ganaría. Ignacio Mora describiría acertadamente esta situación:  “... no tengo otra esperanza para vencer sino son los gastos que tiene que hacer España en Cuba, sin embargo de que ella sabe hacer la guerra, y sabe sostenerse á costa de grandes sacrificios..” (8)  
Los propios españoles acabaron reconociendo que la guerra no se decidía por medio de las armas. En ocasión de la captura de Calixto  García, en septiembre  de 1874, el capitán general le escribía al Ministro de Ultramar sobre lo conveniente de no ejecutar a Calixto: “Como he dicho a Ud, repetidas veces, es­ta guerra no ha de acabarse por el esterminio de los insurrectos:  se le po­drá batir y reducirlos en número, pero esterminarlos, es muy difícil, sino im­posible.” (9)
En este reto a la resistencia el papel de conocer y ser conocido en una región determinada era de un incuestionable valor práctico para el grupo más débil. 
El regionalismo en el desarrollo de la guerra del  68 no fue solo el gusto o preferencia por una región en específico por el simple hecho de haber nacido o ser vecino de ella. Si no se convirtió en una urgente necesidad o mecanismo de sobrevivir. Es cierto que existe una añoranza por la Comarca  natal. Vicente García rememora con nostalgia una visita a las ruinas de su ciudad natal en febrero de 1877: 
“Estando tan cerca de Las Tunas y no acabándose nunca mi deseo de visitar a este pueblo querido; que me vió nacer, pasé a él esta tarde. Estuve primero en el cementerio, donde no había estado desde antes de estallar la Revolución, y después, con el mismo gusto que lo hacía en tiempo de paz, pero con mi alma llena de amargura, me puse a pasear algunas calles del pueblo y visitar muchas casas.
Este es uno de esos momentos de la vida que por amargos que sean se complace el hombre en proporcionárselos. .” (10)
Ese regionalismo estará latente en las relaciones entre las diferentes comarcas. Ese sentido de la región también se encuentra en el trasfondo de las contradicciones  entre algunos líderes.
En ocasión de recibir el oficial mambí camagueyano  Francisco Arredondo órdenes de Céspedes de localizar a Antonio Luaces y Melchor Agüero  para que pasaran a Bayamo Ignacio Agramonte aconsejó  al coterráneo: “... diga que no los ha encontrado por que ellos no irán a ser víctimas del capricho del  presidente Céspedes y de los jefes bayameses” (11) Mientras en Holguín al ser destituido del mando de la división y detenido Julio Grave de Peralta , el líder local por Thomas Jordan se producen deserciones. Un testigo afirma que “ Decían los hombres que no peleaban sino con Julio Peralta”  (12)
Según Maximo Gomez “...los villareños son ingobernables por jefes que no sean de Las Villas” (13)   
Algunos pretendían hacer cambios en las estructuras de la república siguiendo los intereses regionales. El  18 de octubre de  1873 Céspedes anoto sobre uno de estos peculiares casos: Parece que algunos camagueyanos opinan que en cada Departamento debe haber una organización  especial...! Siempre provicialistas!   (14)           

Ese orgullo por la comarca y su gente está presente en muchos de los vecinos de Cuba Libre. Incluso puede devenir en una emulación entre las regiones. Un ejemplo de esto se dio en el ataque a Cascorro donde combatían tropas camagueyanos y el refuerzo de orientales enviados a participar en la invasión a Las Villas. Mientras se efectuaba el asalto a Cascorro :
“El coronel Martín Castillo, con ochenta jinetes fue mandado desplegar en tiradores delante del inmediato campamento enemigo de Sibanicú, y haciendo algunos disparos para llamar la atención e incorporarse después, lo que hizo con varias familias que había protegido. Este jefe, valiente y entendido, después de evacuar su cometido se reunió al Tte. Coronel Flor Crombet y por la puerilidad de enseñar a éste el pueblo que acababa de tirotear volvió a Sibanicú y avanzando sobre las trincheras enemigas, seguramente por lucir su valor delante de aquel Jefe de Oriente, recibió un balazo en el pecho que le causó la muerte a los pocos minutos. ”  (15)
Este interés estrecho por la comarca llegó a crear un regionalismo respecto a las expediciones. Sobre esto escribió el Padre de la Patria: "Con la tendencia que hay a apoderarse cada uno de las expediciones, como si fue­ran propias, muchas dificultades había promovido éste al gobierno, no lle­gando dirigida a él, sino en particular a determinados jefes; pues éstos se habrían creído más autorizados por eso a disponer de todo a su antojo.” (16)
Incluso algunos jefes militares enviaron individuos al exterior para que organizaran expediciones para sus fuerzas.
El 30 de mayo de 1870 Julio Grave de Peralta le escribió al teniente coronel Manuel S Castro: Debera tratar por cuantos  medios esten á su alcanse de proporsionar un esquife suficientemente seguro para poder pasar al estranjero con el fin de traer una espedicion a esta division: (17)
Los casos mas tristes eran los lideres regionales que intentaban apropiarse para el uso exclusivo de sus tropas de los recursos enviados por la emigración y que tenían como destinatario la República. Hay varios ejemplos que reflejan este forma de actuar.  Donato Mármol le escribía a Francisco Javier Cisneros, el 30 de noviembre de 1869, sobre los recursos traídos en una expedición: “ Loño le explicara lo que hay que hacer para evitar que envíen todos los pertrechos al Centro y Las Villas.” (18) En Holguín algunos jefes regionales trataron de quedarse con buena parte de los equipos aportados por la expedición del Perrit. Por lo menos ese era el criterio de Thomas Jordan.
Tales miserias espirituales de sobredimensionar la región sobre el país  provocaron acontecimientos tristes como la referencia que hace el secretario de la guerra en su informe del 10 de abril de 1870 a la Cámara sobre la:  “... negativa de los médicos del Camagüey, a prestar sus auxilios a nuestros hermanos de Oriente y las Tunas” . (19)
Esta es una parte del regionalismo del 68 y que también ayudó a conformar una espiritualidad en estos hombres y mujeres que  sentían un orgullo desmedido de su región. Aunque tal tipo de pasión en no pocas ocasiones tuvo un resultado  nefasto para la unidad.   Es realmente una parte de la verdad, pero no toda la verdad. Hagamos una breve reflexión.
No podemos simplificar los conceptos  regionalistas de los revolucionarios  del 68 viéndolo desde  un esquematismo estrecho. Una buena parte de la elite política militar sabía que extender la guerra a otras comarcas les era favorable. Incluso se mostraron partidarios de invadir otras regiones. Algunos realizaron un esfuerzo considerable para apoyar a los revolucionarios de otros territorios. Tomemos por ejemplo al general Julio Grave de Peralta, muy vinculado a Holguín.  En el momento en que las fuerzas de Bayamo refugiadas en Tunas decidieron  regresar a su territorio, en febrero de 1870. Julio Grave de Peralta esta consiente que los españoles al producirse esta operación: “... acudiran alli y nos sacaran alguna fuerza de esta...” (2O)
El 31 de enero de 1870 Julio le  escribió a Modesto Díaz, jefe de los bayameses dislocados en Tunas que:  “... le agradecere me avise cuando vaya ha hacer su entrada en aquella      jurisdicción para ocupar con el mayor numero de  fuerzas que pueda el camino de Holguín a Bayamo pues creo seguro han de salir tropas de este para aquel punto á ausiliar aquella parte.” (21)
Incluso el general holguinero hace un interesante razonamiento en una carta fechada el 28 de enero de 1870.
    En este momento acabo de llegar de S Miguel punto donde se halla
    el convoy llegado en el Vapor “Anna” del cual solo podemos
    alcanzar parque las armas han sido destinadas a Bayamo y Las Villas,
    aunque nosotros no hemos alcanzado, no encuentro lo dispuesto
     mal, porque seguramente tan pronto como entre el Gral Modesto
     Diaz en la jurisdicion de  Bayamo tendran ellos que atender
     aquella parte, y no se nos vendrán arriba como van haciendolo  ya. (22) 

Este hombre que no ha dejado de ser un líder estrechamente vinculado a los intereses regionales de su tierra natal comprende también la importancia de estos tipos de movimientos estratégicos.
Existió una solidaridad entre las diferentes regiones. A principios de 1869 los camagueyanos enviaron a  Ignacio Mora a Oriente. Pese a las discrepancias  con el gobierno de Céspedes Mora “venia a ofrecer algunas armas de la expedición de Quesada" (23)   
El 8 de mayo de 1870, Julio Grave de Peralta, le escribió a los generales que mandaban tropas en  Oriente:
“V sabe como yo que el enemigo ha cargado fuerzas para el    Camagüey y creyendo un deber sagrado (ilegible) con la fuerza que nos sea posible en ayuda de aquella parte necesitada necesito comunico a V. por si abunda en las mismas ideas que en estos  momentos quedo preparando las fuerzas de que puedo disponer sin desatender las líneas que me corresponde para embiarlas al Estado del    Camagüey.” (24)
Su hermano, Francisco Grave de Peralta, se brinda para llevarle armas a  Camagüey. En mayo de 1870 Julio le escribe al Secretario de la Guerra, diciéndole que según Francisco habían  armas sobrantes en el cuerpo de artillería. Estas a propuesta de Julio se podían  enviar con su hermano a la referida región. (25)
El 17 de mayo de 1870 Grave de Peralta le decía  al  Secretario de la Guerra: “En mi poder la comunicación de Ud de fecha 1 de marzo relativa a los jovenes vueltabajeros que desean incorporarse a la expedicion que  marcha para occidente, en tal virtud queda ordenado lo conveniente para el mejor resultado de lo espresado” (26)
Hay otros ejemplos de solidaridad entre jurisdicciones. Ante la falta de ganado en la jurisdicción de Santiago de Cuba  y a una petición de Donato Mármol que se lo suministre, Grave de Peralta  le responde afirmativamente en  carta del 13 de mayo de 1870. (27)
Pese a tales criterios y ejemplos Grave de Peralta siempre operó estrechamente vinculado a su región natal. Incluso alcanzó cierta fama de ser un individuo de pensamiento bastante regionalista. No es nuestro objetivo  valorar el pensamiento y la acción de este holguinero. El asunto es que fuera o no regionalista en su criterio personal  este líder y la mayoría  debían de adaptarse a las condiciones de la guerra. Esta estaba estrechamente ligada a la comarca.
Hay un sorprendente testimonio de Calixto García sobre la invasión a Las Villas, que se preparaba en 1874. Dejemos que sea este  general  quien nos exponga sus ideas:
“En el mes de Octubre de 1873, tuve una conferencia con el Presidente Cisneros, en la que éste me comunicó el plan de invasión á las Villas que le remitía el Mor. Gómez.  A él y á mi nos parecía poco lo que pedía Gómez para llevar á cabo tan grande empresa y acordamos marchar á las Tunas con el mayor nro. de hombres que pudieran concentrarse de las fuerzas de Oriente, con objeto de proponer á Gómez un nuevo plan y cosa de que él lo aprobara, llevarlo á cabo inmediatamente.  El plan consistía en formar dos divisiones con las fuerzas de Oriente, Camagüey y Villas, y hacer la invasión á las Villas por el Norte y el Sur simultáneamente, dejando en Oriente y Camagüey pequeñas guerrillas al mando de jefes subalternos, pues todos teníamos el convencimiento de que invadidas las Villas eran casi inútiles las tropas de Oriente en los distritos que ocupaban.  Las dos divisiones invasoras debían ser mandada por Gómez y por mi.” (28)
Calixto envió incluso  una columna de refuerzo a Gómez, pero por toda una serie de circunstancias que salen del objetivo de este texto,  estas fuerzas fueron utilizadas en varios combates en Camagüey y al final  retornadas a Oriente. Pero nuestro interés es ver el pensamiento de Calixto que se muestra dispuesto a apoyar y participar en la invasión. Sin embargo Calixto tanto en el 68 como en el 95 realizo la mayoría de las operaciones de importancia en el marco de las jurisdicciones del Cauto. (29)Territorio donde nació se crió y residían sus parientes y amigos mas cercanos.  Existen otros ejemplos del pensamiento y la acción de no pocos líderes que tuvieron una connotación regional pero que actuaron en ocasiones fuera de los límites  de su comarca.  Eduardo Mármol un líder jiguanicero caerá en Las Villas, el manzanillero Manuel Calvar combatirá en ese territorio. Al igual que el bayamés Tamayo León que será uno de los jefes militares de Villa Clara. (30)     Incluso Vicente García, considerado  como un ejemplo antológico del pensamiento  regionalista, combatirá en Camagüey y Oriente.
Los mambises realizaron movimientos entre las jurisdicciones que eran verdaderas invasiones. Calixto García en una proclama a los holguineros el 6 de abril de 1872 les comenta sobre una de estas operaciones.  
“Compatriotas:
Hace unos dos meses que nombrado interinamente Jefe de Operaciones de este Distrito por el Gobierno de la República  vine con algunas de las aguerridas y gloriosas fuerzas de Cuba  y Jiguaní a  levantar otra vez nuestro espíritu ” (31)
En este sentido es necesario también analizar el regionalismo no tanto por el pensamiento o los criterios personales de estos lideres, sino por las circunstancias en que se desarrollaban las acciones de ellos y sus compromisos con los vecinos de determinadas comarcas. En especial por todo este enrejado de familias e intereses locales que lo rodeaban. La pregunta que está en el tintero es si realmente podía Calixto García dejar tan solo en “Oriente y Camagüey pequeñas guerrillas al mando de jefes subalternos” (32)  como afirma en este criterio ofrecido ya concluida la guerra. ¿Lo hubieran permitido los demás lideres orientales, los oficiales y los soldados.?
Casi siempre al analizar el ejército libertador tomamos los parámetros inculcados en el ciudadano común sobre las normas de un ejército regular. No se ha realizado un estudio hasta el presente sobre los mecanismos mentales de estos soldados de fila que los llevaban desde una obediencia ciega y en ocasiones a cumplir órdenes temerarias hasta inesperados motines donde destituían desde  presidentes hasta generales. Nos detenemos en la frontera de ese gran desconocido de la historia cubana: el soldado de fila mambí. Rodeados de un mundo de aplausos agradecidos esta multitud de hombres y mujeres parecen que permanecen en algún lugar del pasado guardando celosamente sus pasiones, sus virtudes y defectos. A estas alturas es probable que  no existan fuentes para comprenderlos, para entenderlos. Los historiadores siempre queremos argumentar una explicación sobre el pasado. Pero podríamos preguntarnos si siempre es posible encontrarla. Hay limites al conocimiento del pasado. De todas formas podríamos argumentar una respuesta nada científica ni historiográfica pero comprensible:  Fueron gente bastante sufrida para tener el derecho de guardar algunos de  sus secretos para siempre. ¿No cree usted?.
Los estudios sobre el regionalismo debían de comenzar desde ese análisis de las posibilidades reales de cada región a enviar hombres a otro lugar,   más que concentrarnos  en lo que pensaban o dejaban de pensar determinadas figuras de la guerra de 1868.
Cualquier movimiento de tropas, por un tiempo considerable fuera del territorio, era en extremo doloroso para las familias mambisas que residían en la zona de donde eran extraídas las fuerzas. No por un concepto abstracto de amor desmedido al terruño natal sino por las duras realidades de la guerra. Desde el inicio de la contienda  quedaba en evidencia lo complejo que significaba trasladar fuerzas  fuera de la región donde operaban.
Donato Mármol y Felix Figueredo en una carta, de 22 de marzo de 1869,  dicen que:
    “Jiguani hace pocos días ha sido teatro de algunas escenas terribles. Aprovechándose el enemigo de que nuestra columna se había alejado por tener que operar en otra parte, hizo varias salidas, en las cuales puso fuego a muchas casas, asesino a unos cuantos sitieros pacíficos...” (33)
Esta historia lamentable se repitió de nuevo en este mismo lugar cuando, en agosto de 1869, las tropas fueron enviadas a Holguín bajo el mando de Máximo Gómez:
 “... como después de la salida de Gómez á operar en Holguín quedara sin defensores la zona del Cautillo. Los Negros, Contramaestre  y el Mogote, se verificaron las terribles carnicerías  por las guerrillas capitaneadas por Lolo Benitez (...) en una de las excursiones por la Loma del Infierno entre Guisa y Cautillo, mataron a machetazos 26 mujeres, algunas embarazadas. (34)    
La invasión a Guantánamo realizada en 1871 por Máximo Gómez  fue una de las operaciones  mas exitosas pues según Céspedes:  “Gómez ha dejado a Guantananmo en buen estado: los enemigos quedan a la defensiva y destruido casi todo ese centro de producción.” (35)
Ignacio Mora hizo otro  análisis sobre la invasión a Guantánamo. En esa ocasión el general dominicano llevó consigo a la mayoría de las tropas de la División Cuba. (36) El territorio defendido por esas tropas quedó prácticamente indefenso:
  “ ... tiene distraidas nuestras pocas fuerzas en ese lugar, dando ocasión á que guerrillas   de 15 hombres recorran toda la prefectura de Palma Soriano, asesinen impunemente á los infelices que viven en sus ranchos, destruyen las labranzas y cometen cuanto excesos les inspira el odio, sin que nadie se oponga a sus tropelias, y no se oponen por falta de hombres, que los hay de sobra, sino por falta de armas.  La imprevision y mal calculo de Gomez con la invasion de Guantanamo, es la causa  de que el enemigo se ria de nuestros planes...” (37)           
Ignacio brinda diversos ejemplos de la impunidad con que actuaban las fuerzas enemigas en el referido territorio. Entre otros asesinaron  a la madre y hermanos del teniente coronel Camilo Sánchez : “ En fin han recorrido impunemente en toda esta parte de Rio Arriba. Ni un solo tiro han recibido: todas las fuerzas se hallan en Guantánamo ...”  (38)          
Mientras la correlación de fuerza fuera favorable a los enemigos de la revolución no era pensable dedicar  hombre y medios para llevar la guerra a otras comarcas de forma permanente o por largos periodos sin producir serios contratiempos en la región de donde se sacaran las fuerzas. Estas posibilidades de extraer tropas y defender al mismo tiempo la región esta muy vinculada a la demografía mambisa.
Un líder mambí al referirse a esta operación hacia un peculiar razonamiento:  Con poca gente como tenemos es una ilusión figurarse  que podemos tomar la mitad del ejercito para hacer una empresa de difícil ejecución”. (39)
Por lo que es necesario ver una empresa de ese tipo también desde el punto de vista de la capacidad del ejército libertador. Es interesante que  la ayuda oriental  a la  invasión que se preparaba en Camagüey en  1874 se realizó cuando la revolución se encontraba en pleno auge y las tropas hispanas habían sufrido grandes quebrantos. Estaban enfrascadas además en una guerra civil en su país. En esa ocasión se organizó el envió de un refuerzo de orientales a Máximo Gómez para que invadiera Las Villas. Asunto que no se pudo llevar a cabo en ese año.
Estas fuerzas se habían comprometido a pasar a Las Villas. La  estancia en Camagüey se prolongó además  se vieron enfrascados en grandes y sangrientos combates  El asunto se agravo luego de los asaltos a poblados. Cada uno de estos soldados capturó un botín. Pidieron permiso para llevárselo a sus parientes en Oriente. Al negársele este : “... se lo han tomado por sí” (40)
Un general insurrecto escribo en su diario:
           “En estos últimos días, ha desertado una parte considerable de tropa
           de la expedición de Oriente.” (41)
En los estudios que se han realizado sobre la invasión  casi nunca se han tomado en cuenta la posibilidad real de las tropas de Oriente y Camagüey  de apoyar ese esfuerzo. En la mayoría de esos análisis se da por descontado que esa posibilidad  existía. El asunto es que no se ha realizado un estudio desde el punto de vista de la evolución del Ejército Libertador. Análisis que vaya mucho más allá de narrar sus estructuras, principales figuras y combates. En especial tratar de comprender la cantidad de hombres y medios que lo integraban. Como estas cifras cambiaron en el desarrollo de la contienda.
Si observamos con cuidado la cantidad de hombres que en la documentación de los irregulares se refleja que tomaron parte en algunas de las principales concentraciones nos encontramos que fueron cifras relativamente modestas. Pese a que según los propios informes cubanos eran cantidades de hombres importantes para el conjunto del ejército libertador. Esto nos puede indicar que estamos ante un ejército poco numeroso. Asunto que no es alarmante pues la mayoría de las fuerzas guerrilleras a través de la historia han sido relativamente reducidas. El tema esencial es determinar si estas tropas eran capaces de mantener la protección a las familias y prefecturas y emprender una invasión fuera de su territorio.  
Pero al mismo tiempo en la medida en que la guerra tan solo se desarrollaba en determinadas regiones el enemigo podría concentrar  una mayor cantidad de medios contra ellas. Lo que podría tener un efecto similar a que los mambises extrajeran tropas de esas comarcas.  Pero lo más importantes para los colonialistas era que obtenían  recursos de las regiones donde se mantenía la producción para sostener su ejército.
Como afirma la historiadora Fe Iglesias  que entre 1868 a 1878:  “Cuba- con mayor propiedad el occidente de la isla- había costeado la guerra de exterminio llevada a cabo contra los patriotas cubanos...” (42)
Estamos ante una de las grandes contradicciones que debían enfrentar los mambises.
El regionalismo y el caudillismo se convirtieron durante  la guerra  más que el amor desmedido hacia una expresión geográfica,  lo era hacia un tejido esencialmente humano. Es decir un barrio, una ciudad. Pero no en el sentido abstracto sino en el muy concreto de las relaciones con parientes y amigos, con amante y esposa, con guateques y momentos de penuria. Pero en especial de tener un conocimiento y relaciones  que permitiera que el mambí y su familia lograran sobrevivir. Esto podía significar en esencia una red de apoyo. El regionalismo y el caudillismo  no eran en el 68   una filosofía ni un sentido de la vida sino una necesidad. Máximo Gómez al hacerse cargo de la división de Camagüey  expresaba que “tengo que ir haciendome enterar de todo, conociendo mis subalternos y el terreno, conocimiento que como comprenderás, son indispensables para nuestra clase de guerra” (43) La invasión a Las Villas en 1875   estuvo acompañada de una especie de “regionalización” de los recién llegados. Asunto impuesto por Máximo Gómez quien emprendió una serie de operaciones  que entre otros objetivos perseguían que los soldados adquieran la “ no menos importante ventaja del conocimiento practico del territorio donde nuevamente se ha venido a hacer la guerra”  (44)
Es indiscutible que Vicente García sentía un gran aprecio por su comarca. Podía recorrer durante horas la ruina de su ciudad natal,  visitar el cementerio abandonado y sumergirse en sus recuerdos. Pero en esencia contaba en aquel territorio con un conjunto de oficiales y soldados que le eran fieles, que conocían al detalle como lograr obtener ganado y viandas o información para organizar un ataque. Al mismo tiempo sus subordinados sabían que Vicente García había alcanzado una alta capacidad como jefe militar. Su peor enemigo el Conde de Valmaseda  no dudo en llamarlo: “... el mas osado de todos estos guerrilleros...” (45). Esta multitud de mambises anónimos sabía que su líder era capaz de organizar esas fuerzas regionales para obtener esplendorosas victorias. Hemos tomado un ejemplo pero esta situación se repetía en muchas comarcas insurrectas. Es en estas complejas relaciones líderes regional y subordinado  donde está la esencia del regionalismo en especial de las jurisdicciones del Cauto durante la guerra de 1868.
 El papel preponderante de los caudillos regionales que habían conformado una amplia red de apoyo y relaciones en cada comarca es uno de los soportes de esta acción regionalista. Esto tenía también una base  espiritual. Donde la admiración desmedida al líder local había tejido una relación muy estrecha entre el caudillos y sus subordinados.   Un cubano que se encontraba  residiendo en un poblado enemigo escribió una  poesía dedicada al caudillo holguinero Julio Grave de Peralta:
Al imbensible Peralta
por su socorro clamamos
pues entre españoles estamos
por que su amparo nos falta.
             II
Nobisimo jeneral
baleroso sin segundo
despues de dios en el mundo
es quien nos puede amparar
a quien goso puede dar
a nuestra alma que en tanto
desde que su amparo falta
triste lagrimas bertimos
y su amparo pedimos
al imbensible Peralta. (46)
Aparentemente estamos ante sentimientos ingenuos y simples, además de una muy mala literatura y peor ortografía. El propio general Grave de Peralta se sentía imbuido de ese espíritu místico, de especie de santo protector de todos. En los primeros días del alzamiento anotaba en su diario personas:    Mis buenos hermanos me esperaban anhelosos pues pensaban”
que con mi presencia cesaba ya el peligro..  (47)
Pero detrás de esa “ingenuidad” se mueven sentimientos e intereses de una fuerza volcánica. Un mundo que retó a un imperio a una guerra a muerte y convirtió a la isla en la tumba de decenas de miles de oficiales y soldados españoles. Esta confianza en el caudillo del que se espera que lo saque de las circunstancias tristes  conforma también una relación  muy estrecha que va creando indisolubles lazos de resistencia. Esos compromisos personales guardados con celos en los días de derrotas devenido en furia implacable en los combates, creaban un profundo sentido de responsabilidad para no claudicar.
Estar rodeado de personas amigas, conocidas desde hacia años era una garantía para evitar una traición o un atentado. Estos últimos parece que fueron bastante frecuentes.  Desde antes del estallido de la guerra por lo menos se organizó un atentado contra varios conspiradores. El capitán del partido del Cauto y algunos peninsulares conociendo que un grupo de vecinos de esa comarca se mostraban desafectos al régimen y con sospechas de que conspiraban, contrataron al mayoral de la hacienda Laguna Blanca para que los asesinara. La noticia no tardo en llegar a oídos de las futuras  víctimas. La complicidad del barrio le jugó una mala pasada a los represores. Una de las potenciales víctimas era  Luís Figueredo quien se adelanto a los asesinos. Luís  envió cuatro de sus seguidores a que ajusticiaran al mercenario.  En la acción resultó herido de gravedad uno de los revolucionarios. Al que Máximo Gómez consideró como “el primer herido de la Revolución” (48)  
Durante el desarrollo de la contienda se hicieron o se organizaron atentados   personales contra: Luis Marcano, Luis Figueredo, por segunda vez, Manuel de Quesada,  y Carlos Manuel de Céspedes entre otros patriotas. (49) En el caso del primero  “Seis hombres de la escolta de Marcano, pagados por los españoles, tratan de asesinarlo” (50) Aunque la acción fracasa pero el dominicano es herido. Un segundo intento tiene éxito y el valiente general es asesinado por unos traidores. El odio que despertaba en las filas españolas era tal que uno de sus compañeros de armas anoto “ Se dice que hubo fiestas en Manzanillo cuando se supo la noticia de haber sido muerto” (51) Se llegaron a organizar atentados contra figuras menos conocidas. Entre estos se encontraba “ Agustin Guarige, joven manzanillero de 20 años, asesinado mientras dormía por un mercenario enviado por los españoles” (52)                 Muchos de los oficiales y soldados de las tropas insurrectas procedían de la región donde operaban. No pocos de ellos tenían algún lazo con los  líderes regionales. Donato Mármol, el caudillo de Jiguaní, según uno de sus subordinados “... reunió sus amigos y se pronuncio en su finca...” (53). Tales descripciones se repiten en las narraciones de la guerra con frecuencia. Parientes, amigos, compadres, empleados, vecinos... son los que conforman estas fuerzas que dieron origen al ejercito libertador. Pese a los cambios impuestos por la guerra con la suma de bajas  siempre se encontrara esta cálida raicilla del vecindario, del conocido, de amigos, parientes, peones y personas vinculada de alguna forma al líder militar o político.  Un ejemplo de esto son les estrechos vínculos que tenía Calixto García con la región donde residía. Veamos la descripción que hace de su campamento y de sus soldados en una carta a su esposa:
“... a mi izquierda y derecha las tiendas de mis ayudantes y a mi espalda otra larga hilera de ranchos ocupados por mi escolta y el batallón Baire.  La tienda mas próxima a la mía es la de mi amigo Felix Figueredo que ha dejado la Secretaria de la Guerra y es hoy otra vez jefe de la Sanidad de Oriente.  En mi misma tienda tengo a Benjamín Ramírez, Jefe del Regimiento Baire que ha venido a verme atravesando diez y ocho leguas de loma entre ellas La Maestra, pues está destacado en la costa sur.  Al pie de mi tienda está dándose paseo un valiente hijo de Africa envuelto en una frazada y con su rifle al hombro.  Es el centinela.  En un banco está sentado el cabo de guarda que es un bonito pardito llamado Juan Joaquín Urbina hijo de Felicita Urbina la de Baire, a quien tu conoces.  En su tienda a seis pasos de la mía está sentado en su hamaca el capitán Esteban García que con su flema acostumbrada fuma un cigarro el es el oficial de servicio.
Detrás de mi tienda duerme mi asistente Pancho Ferrer, que hace cuatro años que esta a mi lado y que antes fue asistente del pobre Amado Manuit.  Junto a Pancho está Baudilio mi ahijada hijo de Nenque Pérez, único que ha quedado de la familia y a quien he recogido (...)
Esta noche a prima estuvo tocando la orquesta, bien que esto no es una novedad, pues lo hacen casi todas las noches.  Tanto hemos luchado hasta que hemos conseguido música.  El jefe de ella es Pedro Estrada el clarinete que residía en  Contramaestre.  Mas allá de los ranchos del Regimiento Yara y separado por una calle de 20 varas de ancho se encuentran  los del regimiento Bayamo y mas adelante y en el mismo orden de las del primer batallón Jiguaní.” . (54)
Esta es la típica descripción del campamento de un jefe regional. En la  carta  a la esposa,  relaciona los nombres de sus ayudantes,  escoltas,  oficiales mas cercanos, el director de la orquesta mambisa, etc  como si quisiera recordarle a Isabel que ella los conoce de antes de la guerra, que fueron vecinos y amigos.  Incluso su ayudante es Pancho Ferrer, que lo había sido  del tío político de Calixto, el general venezolano  Amadeo Manuit.
La mayoría de sus soldados y oficiales  son vecinos de Jiguaní, Baire y Contramaestre. Otros eran de Bayamo. En Jiguaní residió desde los 14 años. Baire era un barrio de esa jurisdicción. En Bayamo  se incorporó a la conspiración  como lo expresaba en una carta a  Tomas Estrada Palma. El primero de mayo de 1898   desde el  Bayamo ocupado por los libertadores le dice:  "Hoy pienso visitar la casa o las ruinas de la casa donde me inicié para conspirar y preparar la Revolución del 68". (55)
El general García Iñiguez le narraba a la esposa el fin trágico de un  subalterno vinculado desde hacia años a su familia:
“ ... la noche y la extenuación de mi pequeña fuerza, pusieron término al combate, que hubiera sido muy feliz para mi, á no haber muerto uno de mis ayudantes mas preciados, el Teniente Francisco Agüero y Mármol, que se lanzó como un loco sobre los españoles en el último avance que le dimos, y cayó atravesado de tres balazos.
¡Valiente niño que muriendo ya, me decía:  Mayor, yo tengo mucha vida y no muero de esta!.  Este joven era hijo de una hermana de Donato Mármol y hacia dos años que me acompañaba ¡Otra víctima mas!”  (56)
El aguerrido general estaba rodeado de un mundo de gente conocida que  se desplazaba por el territorio donde había vivido y crecido desde la adolescencia. Se levantó en armas bajo las órdenes de Donato Mármol, un vecino de relieve de la comarca. Recibió una herencia mucho más preciosa que las fincas de su madre, la incondicionalidad de jóvenes como el sobrino de Donato el bravo y olvidado Francisco Agüero y Mármol.
Este tipo de cartas personales  donde un líder mambí habla de sus hombres con gran familiaridad se repite a todo lo largo de la guerra. Por ejemplo hay una misiva de Felix Figueredo que narra el ataque a Jiguaní por las tropas de esa brigada en septiembre de 1871. La carta esta dirigida a su  esposa. El doctor Figueredo utiliza términos muy parecidos a Calixto. Relaciona los oficiales que tomaron parte en la acción como si fueran personas conocidas desde antes de la guerra por el y su consorte. (57)
El regionalismo conformaba un sentido de la resistencia. De la posibilidad de sobrevivir gracias a conocimientos y relaciones. A la conformación de valores espirituales.  Pero en el había una contradicción insalvable. Se perdía el sentido estratégico de la guerra. Este tipo de guerra regional  se podía extender por mucho tiempo pero era difícil desde un marco tan estrecho obtener la victoria.   
Pero el regionalismo tenía también un sentido muy práctico en la alimentación de estos guerrilleros. Si nos fijamos en las fuerzas libertadoras nos encontraremos que las formas más usuales de cómo obtenían la subsistencia eran los sembrados y talleres de las prefecturas, los ataques a poblados, el avituallamiento en la zona de cultivo enemiga, el ataque a los convoyes, el forrajear en el territorio donde se operaba, el apoyo de  los agentes cubanos en las filas contrarias, el comercio  ilegal con los poblados enemigos.  Todo ello estaba vinculado con una estrecha relación de la zona de residencia.
Como expresaba un líder mambí: “Somos fuertes en el  Camagüey, y en  Oriente, por  que estamos en localidades conocidas    En que cada soldado es un jefe, porque es practico y como la guerra que hacemos es de partidarios. En los momentos de  acción opera por su inspiración y por su instinto. ..” (58)
NOTAS
1--Pedro Figueredo “Excursión a la gran sabana de Yara” en la Piragua, La Habana, 1856.
Citado por Jorge Ibarra. Regionalismo y Esclavitud Patriarcal en los Departamentos Oriental y Central de Cuba En Revista Anales del Caribe. Centro de Estudios del Caribe. Casa de las Américas,  Número 6, 1986, p 30

2--Citado por Jorge Ibarra. Regionalismo y Esclavitud Patriarcal en los Departamentos Oriental y Central de Cuba En Revista Anales del Caribe. Centro de Estudios del Caribe. Casa de las Américas,  Número 6, 1986, p 22

3--  Ver  para el papel del regionalismo, el caudillismo y la familia en el alzamiento a Jose Abreu Cardet. Introducción a las Armas La guerra de 1868 en Cuba. Editorial de Ciencias Sociales,  La Habana, 2005
4--Enrique Collazo. Desde Yara hasta el Zanjón (Apuntaciones Históricas). Instituto del Libro. La Habana, 1967. P. 3

5--  Universidad Central de La Villas, Biblioteca,  Fondo Coronado,  T XV Datos para la historia Candelaria Figueredo de Portillo. 
6--Fernando Portuondo  y Hortensia Pichardo. Carlos  Manuel de Céspedes  Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1974,  T I,  p 105
7--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 230
8--Nydia Sarabia. Ana Betancourt Agramonte. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970,  p 151
9--Centro de Información de las Guerras de Independencia, Museo Casa Nata de Calixto García. Fotocopia  del Expediente seguido por los españoles al Mayor General Calixto García (1874-1896), el original se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid , España.

10--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García Leyenda y Realidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 251
11--Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 89 

12--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 69
13--Ibidem, p 125
14--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,    pp137 138
15--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero, Vicente García Leyenda y Realidad, Editorial de Ciencias Sociales La Habana, 1992, p 159
16--Fernando Portuondo  y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p 156
17--  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta Libro copiador,  Copia  numero 1432 de  30 de mayo de 1870
18--Mary Ruiz de Zárate, El general Candela: Biografía de una guerrilla.  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974,  p 146
19--Ibidem,  p 176
20--Museo Provincial   de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1171, del 27 de febrero de 1870
21--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro  copiador, Copia número 1035
22--Museo provincial Fondo Julio grave de Peralta. Libro copiador.  copia  número 1015,  28 de enero de 1870
23--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 69
24--Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,  Libro copiador, Copia Número 1378, de 8 de mayo de 1870  
25--Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,  Libro copiador, comunicado número  1397, de 16 de mayo de 1870
26--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, copia número  1399, del 16 de mayo de 1870
27--Museo provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  copia número 1390, de 13 de mayo de 1870
28--Notas de Calixto García al folleto de Máximo Gómez “El Convenio del Zanjón” de 1878, escritas como aclaración para el Dr. E. Rubio.
En:  Colección Coronado.  Universidad Central de la Villas, Tomo 18, documento 1.
29--Nos referimos a las jurisdicciones de Bayamo, Tunas Holguín, Jiguani y Manzanillo. El criterio es mas socioeconómico que geográfico pues hasta 1868 tenían un desarrollo similar. En el 68 Calixto llego a jefe de todo el oriente y en el 95 de Oriente y Camagüey. En ambos casos como la operación sobre Hierba de Guinea y Guaimaro en el 95  no salió de este territorio.
30--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2005, p 75
31--En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo  157, núm. 46-14
32--Notas de Calixto García al folleto de Máximo Gómez “El Convenio del Zanjón” de 1878, escritas como aclaración para el Dr. E. Rubio.
En:  Colección Coronado.  Universidad Central de la Villas, Tomo 18, documento 1.
33--Felix Figueredo Díaz. La Guerra de Cuba en 1878. La Protesta de Baragua. Publicaciones del Consejo Científico. Número 56, Ministerio de Salud Pública, La Habana, 1973,  p 111
34--  Antonio Pirala.  Anales de la Guerra de Cuba, Madrid F. González Rojas,  1895,  t I,  p 660
35--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1982, t III,   p 91
36--La división Cuba  comprendía el territorio de la antigua jurisdicción de Santiago de Cuba.
37--Nydia Sarabia. Ana Betancourt Agramonte. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970,  P 152
38--Ibidem,  p 143
39--Ibidem, p 207
40--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992,  p 160

41--Idem

42--Instituto de Historia de Cuba. Las Luchas por la independencia nacional y las transformaciones estructurales 1868 1898. Editora Política, La Habana, 1996, p 160

43--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 96
44--Ibidem, p 109
45--Fernando Portuondo.  Historia de Cuba. Editora del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1965,  p 463
46--Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Paquete 3. número 25
47--Constantino Pupo Aguilera. Patriotas Holguineros. Holguín, 1956, p 15
48--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 44
49--Francisco J  Ponte Domínguez. Historia de la Guerra de los Diez Años. Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1958  pp 90 ,91 y 92
50--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p p. 52 y 53
51--Ibidem, p 62
52--Ibidem, p 64
53--Ibidem, p 44
54-- Periódico la Independencia, Organo de los Pueblos Hispano – Americanos, N.Y, septiembre. 24- 1874 # 90 año II.

55--Museo Casa natal de Calixto García  Holguín, Centro de información de las guerras de independencia, Fondo Calixto García, Documentos sin clasificar
56--Periódico la Independencia, Organo de los Pueblos Hispano – Americanos, New .York, septiembre. 24- 1874 # 90 año II. 

57--Felix Figueredo, Díaz La Guerra de Cuba en 1878, La Protesta de Baragua, Cuadernos de Salud Pública, Número 56, Ministerio de Salud Pública, La Habana, 1973, pp 135 145
58--Nydia Sarabia, Ana Betancourt Agramonte, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970,  p 207