Por: José Abreu Cardet
Se ha repetido y
ejemplificado hasta la saciedad el predominio de un regionalismo a ultranza en
las fuerzas libertadoras. Hay una larga referencia a sediciones regionalistas,
de negativas de fuerzas de una localidad a aceptar la jefatura de un extraño.
Todo esto es cierto y deben de existir más ejemplos sepultados en la
documentación dispersa en los muchos archivos cubanos y extranjeros que
acaparan tales materiales. No pocos sentían un orgullo genuino de haber nacido
en un lugar determinado.
Uno de los líderes del movimiento revolucionario en este territorio,
Pedro Figueredo, dejaba constancia de este criterio estrecho sobre la patria en
una carta, a un amigo en 1856 expresaba:
“...ofrecí escribirle
algo sobre las costumbres de los campesinos de este país que usted desea tanto
conocer, y cuando digo este país no crea que hablo de nuestra isla de Cuba en
general, no: yo trato de la comarca que ocupa la gran faja de tierra entre los
rios Yara y
Jibacoa”. (1)
Mientras Carlos Manuel de Céspedes hacia un razonamiento
similar del orgullo de
pertenecer al oriente de la isla: “..yo tengo a mucho honor haberme criado en los campos
menos esclavos de Cuba” (2)
El regionalismo, en el
alzamiento y los inicios victoriosos de la guerra, hay que verlo en su sentido
social, en los valores que lleva implícito de unir a los cubanos en torno a las
ideas independentistas. Tanto el regionalismo, el caudillismo como el papel
preponderante de las grandes familias
de terratenientes criollos se encuentran entre los factores más
importantes que hicieron posible que las contradicciones entre la colonia y la
metrópoli se convirtieran en un factor de unidad en torno a las ideas
independentistas en el
levantamiento de 1868. (3) Pero la guerra produjo cambios en la sociedad cubana
del oriente y el centro del país. Veamos como evolucionó el regionalismo.
Todo este cálido mundo
regionalista, caudillista y de preponderancia de las grandes familias criollas
no pretendió en los días de la conspiración centrar su acción en la invasión a otros lugares.
Tales asuntos no se discutieron en las muchas reuniones previas al alzamiento. Hasta el 9 de octubre se pensaba en una
victoria rápida. Uno de aquellos
mambises resumió el sentir de una parte importante de quienes se alzaron en octubre:
“Dado el modo de ser del
pueblo cubano y las aptitudes de los iniciadores, el movimiento en su principio
tuvo mucho de una algarada de
gente alegre que se lanzaba inconsciente a un peligro desconocido, con la
esperanza de su poca duración
creyendo celebrar alegremente la primera noche buena entre gritos de
alegría y libertad.” (4)
Otro testimonio refleja ese
entusiasmo colectivo que prevalecía. Candelaria Figueredo, la mística
abanderada en la toma de Bayamo,
describe en estos términos el avance hacia esa ciudad. Dice la valiente y bella
muchacha que por donde quiera: “... que pasabamos se nos iban agregando todos
los hombres y hasta los niños que
encontrabamos al paso. Cuando llegamos al río Bayamo, que esta en la falda de
la ciudad , Bayamo entera nos esperaba y apenas nos divisaron, fuimos saludados
con vivas entusiastas y atronadores. (5)
Los bayameses festejaban
por anticipado una victoria que consideraban segura. Por lo tanto no había que pensar en enviar
tropas fuera de la comarca. “ El
poder de España esta caduco y carcomido”(6) Afirmaba uno de los conspiradores.
Por lo que se desplomaría al
primer impulso y cada uno podía retornar a sus villorrios a celebrar con buen
aguardiente la victoria, a jugar
gallos y recoger el maíz de la cosecha de invierno.
Pero esta realidad cambió
bruscamente con la obstinación del estado español en sostener su colonia. Los
cubanos se encontraron ante dos
caminos o se rendían o resistían. Una parte considerable escogió el primero.
La situación se llego a convertir en desesperada por
la falta de parque y equipos
bélicos en general. En diciembre de 1873 anotaba un mambí “ ...las fuerza que nos custodia,
no trae sino un tiro por hombre.” (7) A falta de parque y armas había que recurrir a todos
los medios para sobrevivir. Uno de ellos fue el regionalismo y el caudillismo.
Los viejos “amigos” que los
acompañaron en el impulso inicial.
La dirección del gobierno
cubano había comprendido que la guerra se decidiría por medio de una especie de
cruel carrera de resistencia. El contendiente que tuviera más resistencia
ganaría. Ignacio Mora describiría acertadamente esta situación: “... no tengo otra esperanza para
vencer sino son los gastos que tiene que hacer España en Cuba, sin embargo de
que ella sabe hacer la guerra, y sabe sostenerse á costa de grandes
sacrificios..” (8)
Los propios españoles
acabaron reconociendo que la guerra no se decidía por medio de las armas. En
ocasión de la captura de Calixto
García, en septiembre de
1874, el capitán general le escribía al Ministro de Ultramar sobre lo conveniente
de no ejecutar a Calixto: “Como he dicho
a Ud, repetidas veces, esta guerra no ha de acabarse por el esterminio de los
insurrectos: se le podrá batir y
reducirlos en número, pero esterminarlos, es muy difícil, sino imposible.” (9)
En este reto a la resistencia el papel de conocer y
ser conocido en una región determinada era de un incuestionable valor práctico
para el grupo más débil.
El regionalismo en el
desarrollo de la guerra del 68 no
fue solo el gusto o preferencia por una región en específico por el simple
hecho de haber nacido o ser vecino de ella. Si no se convirtió en una urgente
necesidad o mecanismo de sobrevivir. Es cierto que existe una añoranza por la
Comarca natal. Vicente García
rememora con nostalgia una visita a las ruinas de su ciudad natal en febrero de
1877:
“Estando tan
cerca de Las Tunas y no acabándose nunca mi deseo de visitar a este pueblo
querido; que me vió nacer, pasé a él esta tarde. Estuve primero en el
cementerio, donde no había estado desde antes de estallar la Revolución, y
después, con el mismo gusto que lo hacía en tiempo de paz, pero con mi alma llena
de amargura, me puse a pasear algunas calles del pueblo y visitar muchas casas.
Este es uno de
esos momentos de la vida que por amargos que sean se complace el hombre en
proporcionárselos. .” (10)
Ese regionalismo estará
latente en las relaciones entre las diferentes comarcas. Ese sentido de la
región también se encuentra en el trasfondo de las contradicciones entre algunos líderes.
En ocasión de recibir el
oficial mambí camagueyano
Francisco Arredondo órdenes de Céspedes de localizar a Antonio Luaces y
Melchor Agüero para que pasaran a
Bayamo Ignacio Agramonte aconsejó
al coterráneo: “... diga que no los ha encontrado por que ellos no irán
a ser víctimas del capricho del
presidente Céspedes y de los jefes bayameses” (11) Mientras en Holguín al ser destituido del mando de la
división y detenido Julio Grave de Peralta , el líder local por Thomas Jordan
se producen deserciones. Un testigo afirma que “ Decían los hombres que no
peleaban sino con Julio Peralta” (12)
Según Maximo Gomez “...los
villareños son ingobernables por jefes que no sean de Las Villas” (13)
Algunos pretendían hacer cambios en las estructuras
de la república siguiendo los intereses regionales. El 18 de octubre de 1873 Céspedes anoto sobre uno de estos
peculiares casos: Parece que algunos
camagueyanos opinan que en cada Departamento debe haber una organización especial...! Siempre
provicialistas! (14)
Ese orgullo por la comarca
y su gente está presente en muchos de los vecinos de Cuba Libre. Incluso puede
devenir en una emulación entre las regiones. Un ejemplo de esto se dio en el
ataque a Cascorro donde combatían tropas camagueyanos y el refuerzo de
orientales enviados a participar en la invasión a Las Villas. Mientras se
efectuaba el asalto a Cascorro :
“El coronel Martín Castillo, con ochenta jinetes fue mandado desplegar
en tiradores delante del inmediato campamento enemigo de Sibanicú, y haciendo
algunos disparos para llamar la atención e incorporarse después, lo que hizo
con varias familias que había protegido. Este jefe, valiente y entendido,
después de evacuar su cometido se reunió al Tte. Coronel Flor Crombet y por la
puerilidad de enseñar a éste el pueblo que acababa de tirotear volvió a
Sibanicú y avanzando sobre las trincheras enemigas, seguramente por lucir su
valor delante de aquel Jefe de Oriente, recibió un balazo en el pecho que le
causó la muerte a los pocos minutos. ”
(15)
Este interés estrecho por
la comarca llegó a crear un regionalismo respecto a las expediciones. Sobre esto escribió el Padre de la Patria:
"Con la tendencia que hay a apoderarse cada uno de las expediciones, como
si fueran propias, muchas dificultades había promovido éste al gobierno, no
llegando dirigida a él, sino en particular a determinados jefes; pues éstos se
habrían creído más autorizados por eso a disponer de todo a su antojo.” (16)
Incluso algunos jefes militares enviaron individuos al exterior para que organizaran expediciones
para sus fuerzas.
El 30 de mayo de 1870
Julio Grave de Peralta le escribió al teniente coronel Manuel S Castro: Debera tratar por cuantos medios esten á su alcanse de
proporsionar un esquife suficientemente seguro para poder
pasar al estranjero con el fin de traer una espedicion a esta division: (17)
Los casos mas tristes eran los lideres regionales
que intentaban apropiarse para el uso exclusivo de sus tropas de los recursos
enviados por la emigración y que tenían como destinatario la República. Hay varios ejemplos que
reflejan este forma de actuar.
Donato Mármol le escribía a Francisco Javier Cisneros, el 30 de
noviembre de 1869, sobre los recursos traídos en una expedición: “ Loño le
explicara lo que hay que hacer para evitar que envíen todos los pertrechos al
Centro y Las Villas.” (18) En Holguín algunos jefes regionales trataron de
quedarse con buena parte de los equipos aportados por la expedición del Perrit.
Por lo menos ese era el criterio de Thomas Jordan.
Tales miserias espirituales
de sobredimensionar la región sobre el país provocaron acontecimientos tristes como la referencia que
hace el secretario de la guerra en su informe del 10 de abril de 1870 a la
Cámara sobre la: “... negativa de
los médicos del Camagüey, a prestar sus auxilios a nuestros hermanos de Oriente
y las Tunas” . (19)
Esta es una parte del regionalismo
del 68 y que también ayudó a conformar una espiritualidad en estos hombres y
mujeres que sentían un orgullo
desmedido de su región. Aunque tal tipo de pasión en no pocas ocasiones tuvo un
resultado nefasto para la
unidad. Es realmente una
parte de la verdad, pero no toda la verdad. Hagamos una breve reflexión.
No podemos simplificar los
conceptos regionalistas de los
revolucionarios del 68 viéndolo
desde un esquematismo estrecho.
Una buena parte de la elite política militar sabía que extender la guerra a
otras comarcas les era favorable. Incluso se mostraron partidarios de invadir
otras regiones. Algunos realizaron un esfuerzo considerable para apoyar a los
revolucionarios de otros territorios. Tomemos por ejemplo al general Julio
Grave de Peralta, muy vinculado a Holguín. En el momento en que las fuerzas de Bayamo refugiadas en
Tunas decidieron regresar a su
territorio, en febrero de 1870. Julio Grave de Peralta esta consiente que los
españoles al producirse esta operación: “... acudiran alli y nos sacaran alguna fuerza de esta...” (2O)
El 31 de enero de 1870
Julio le escribió a Modesto Díaz,
jefe de los bayameses dislocados en Tunas que: “... le agradecere me avise cuando vaya ha hacer su entrada en
aquella
jurisdicción para ocupar con el mayor numero de fuerzas que pueda el camino de Holguín
a Bayamo pues creo seguro han de salir tropas de este para aquel punto á
ausiliar aquella parte.” (21)
Incluso el general
holguinero hace un interesante razonamiento en una carta fechada el 28 de enero
de 1870.
En este momento acabo de llegar de S Miguel
punto donde se halla
el convoy llegado en el Vapor “Anna” del cual
solo podemos
alcanzar parque las armas han sido destinadas a
Bayamo y Las Villas,
aunque nosotros no hemos alcanzado, no encuentro
lo dispuesto
mal, porque seguramente tan pronto como
entre el Gral Modesto
Diaz en la jurisdicion de Bayamo tendran ellos que atender
aquella parte, y no se nos vendrán arriba
como van haciendolo ya. (22)
Este hombre que no ha
dejado de ser un líder estrechamente vinculado a los intereses regionales de su
tierra natal comprende también la importancia de estos tipos de movimientos
estratégicos.
Existió una solidaridad
entre las diferentes regiones. A principios de 1869 los camagueyanos enviaron
a Ignacio Mora a Oriente. Pese a
las discrepancias con el gobierno
de Céspedes Mora “venia a ofrecer algunas armas de la expedición de
Quesada" (23)
El 8 de mayo de 1870,
Julio Grave de Peralta, le escribió a los generales que mandaban tropas en Oriente:
“V sabe como
yo que el enemigo ha cargado fuerzas para el Camagüey y creyendo un deber sagrado (ilegible)
con la fuerza que nos sea posible en ayuda de aquella parte necesitada necesito
comunico a V. por si abunda en las mismas ideas que en estos momentos quedo preparando las fuerzas
de que puedo disponer sin desatender las líneas que me corresponde para
embiarlas al Estado del
Camagüey.” (24)
Su hermano, Francisco
Grave de Peralta, se brinda para llevarle armas a Camagüey. En mayo de 1870 Julio le escribe al Secretario de
la Guerra, diciéndole que según Francisco habían armas sobrantes en el cuerpo de artillería. Estas a propuesta
de Julio se podían enviar con su
hermano a la referida región. (25)
El 17 de mayo de 1870
Grave de Peralta le decía al Secretario de la Guerra: “En mi poder
la comunicación de Ud de fecha 1 de marzo relativa a los jovenes vueltabajeros
que desean incorporarse a la expedicion que marcha para occidente, en tal virtud queda ordenado lo
conveniente para el mejor resultado de lo espresado” (26)
Hay otros ejemplos de
solidaridad entre jurisdicciones. Ante la falta de ganado en la jurisdicción de
Santiago de Cuba y a una petición
de Donato Mármol que se lo suministre, Grave de Peralta le responde afirmativamente en carta del 13 de mayo de 1870. (27)
Pese a tales criterios y
ejemplos Grave de Peralta siempre operó estrechamente vinculado a su región
natal. Incluso alcanzó cierta fama de ser un individuo de pensamiento bastante
regionalista. No es nuestro objetivo
valorar el pensamiento y la acción de este holguinero. El asunto es que
fuera o no regionalista en su criterio personal este líder y la mayoría debían de adaptarse a las condiciones de la guerra. Esta
estaba estrechamente ligada a la comarca.
Hay un sorprendente
testimonio de Calixto García sobre la invasión a Las Villas, que se preparaba
en 1874. Dejemos que sea este
general quien nos exponga
sus ideas:
“En el mes de
Octubre de 1873, tuve una conferencia con el Presidente Cisneros, en la que
éste me comunicó el plan de invasión á las Villas que le remitía el Mor.
Gómez. A él y á mi nos parecía
poco lo que pedía Gómez para llevar á cabo tan grande empresa y acordamos
marchar á las Tunas con el mayor nro. de hombres que pudieran concentrarse de
las fuerzas de Oriente, con objeto de proponer á Gómez un nuevo plan y cosa de
que él lo aprobara, llevarlo á cabo inmediatamente. El plan consistía en formar dos divisiones con las fuerzas
de Oriente, Camagüey y Villas, y hacer la invasión á las Villas por el Norte y
el Sur simultáneamente, dejando en Oriente y Camagüey pequeñas guerrillas al
mando de jefes subalternos, pues todos teníamos el convencimiento de que
invadidas las Villas eran casi inútiles las tropas de Oriente en los distritos
que ocupaban. Las dos divisiones
invasoras debían ser mandada por Gómez y por mi.” (28)
Calixto envió incluso una columna de refuerzo a Gómez, pero
por toda una serie de circunstancias que salen del objetivo de este texto, estas fuerzas fueron utilizadas en
varios combates en Camagüey y al final
retornadas a Oriente. Pero nuestro interés es ver el pensamiento de
Calixto que se muestra dispuesto a apoyar y participar en la invasión. Sin
embargo Calixto tanto en el 68 como en el 95 realizo la mayoría de las
operaciones de importancia en el marco de las jurisdicciones del Cauto. (29)Territorio donde nació se
crió y residían sus parientes y amigos mas cercanos. Existen otros ejemplos del pensamiento y la acción de no
pocos líderes que tuvieron una connotación regional pero que actuaron en
ocasiones fuera de los límites de
su comarca. Eduardo Mármol un
líder jiguanicero caerá en Las Villas, el manzanillero Manuel Calvar combatirá
en ese territorio. Al igual que el bayamés Tamayo León que será uno de los
jefes militares de Villa Clara. (30)
Incluso Vicente García, considerado como un ejemplo antológico del pensamiento regionalista, combatirá en Camagüey y
Oriente.
Los mambises realizaron
movimientos entre las jurisdicciones que eran verdaderas invasiones. Calixto
García en una proclama a los holguineros el 6 de abril de 1872 les comenta
sobre una de estas operaciones.
“Compatriotas:
Hace unos dos
meses que nombrado interinamente Jefe de Operaciones de este Distrito por el
Gobierno de la República vine con
algunas de las aguerridas y gloriosas fuerzas de Cuba y Jiguaní a
levantar otra vez nuestro espíritu ” (31)
En este sentido es
necesario también analizar el regionalismo no tanto por el pensamiento o los
criterios personales de estos lideres, sino por las circunstancias en que se
desarrollaban las acciones de ellos y sus compromisos con los vecinos de
determinadas comarcas. En especial por todo este enrejado de familias e
intereses locales que lo rodeaban. La pregunta que está en el tintero es si
realmente podía Calixto García dejar tan solo en “Oriente y Camagüey pequeñas
guerrillas al mando de jefes subalternos” (32) como afirma
en este criterio ofrecido ya concluida la guerra. ¿Lo hubieran permitido los
demás lideres orientales, los oficiales y los soldados.?
Casi siempre al analizar
el ejército libertador tomamos los parámetros inculcados en el ciudadano común
sobre las normas de un ejército regular. No se ha realizado un estudio hasta el
presente sobre los mecanismos mentales de estos soldados de fila que los
llevaban desde una obediencia ciega y en ocasiones a cumplir órdenes temerarias
hasta inesperados motines donde destituían desde presidentes hasta generales. Nos detenemos en la frontera de
ese gran desconocido de la historia cubana: el soldado de fila mambí. Rodeados
de un mundo de aplausos agradecidos esta multitud de hombres y mujeres parecen
que permanecen en algún lugar del pasado guardando celosamente sus pasiones,
sus virtudes y defectos. A estas alturas es probable que no existan fuentes para comprenderlos,
para entenderlos. Los historiadores siempre queremos argumentar una explicación
sobre el pasado. Pero podríamos preguntarnos si siempre es posible encontrarla.
Hay limites al conocimiento del pasado. De todas formas podríamos argumentar
una respuesta nada científica ni historiográfica pero comprensible: Fueron gente bastante sufrida para
tener el derecho de guardar algunos de
sus secretos para siempre. ¿No cree usted?.
Los estudios sobre el
regionalismo debían de comenzar desde ese análisis de las posibilidades reales
de cada región a enviar hombres a otro lugar, más que concentrarnos en lo que pensaban o dejaban de pensar determinadas figuras
de la guerra de 1868.
Cualquier movimiento de
tropas, por un tiempo considerable fuera del territorio, era en extremo
doloroso para las familias mambisas que residían en la zona de donde eran
extraídas las fuerzas. No por un concepto abstracto de amor desmedido al
terruño natal sino por las duras realidades de la guerra. Desde el inicio de la
contienda quedaba en evidencia lo
complejo que significaba trasladar fuerzas fuera de la región donde operaban.
Donato Mármol y Felix
Figueredo en una carta, de 22 de marzo de 1869, dicen que:
“Jiguani hace pocos días ha
sido teatro de algunas escenas terribles. Aprovechándose el enemigo de que
nuestra columna se había alejado por tener que operar en otra parte, hizo
varias salidas, en las cuales puso fuego a muchas casas, asesino a unos cuantos
sitieros pacíficos...” (33)
Esta historia lamentable se
repitió de nuevo en este mismo lugar cuando, en agosto de 1869, las tropas
fueron enviadas a Holguín bajo el mando de Máximo Gómez:
“... como después de la salida de Gómez
á operar en Holguín quedara sin defensores la zona del Cautillo. Los Negros,
Contramaestre y el Mogote, se
verificaron las terribles carnicerías
por las guerrillas capitaneadas por Lolo Benitez (...) en una de las
excursiones por la Loma del Infierno entre Guisa y Cautillo, mataron a
machetazos 26 mujeres, algunas embarazadas. (34)
La invasión a Guantánamo
realizada en 1871 por Máximo Gómez
fue una de las operaciones
mas exitosas pues según Céspedes:
“Gómez ha dejado a Guantananmo en
buen estado: los enemigos quedan a la defensiva y destruido casi todo ese centro
de producción.” (35)
Ignacio Mora hizo otro análisis sobre la invasión a
Guantánamo. En esa ocasión el general dominicano llevó consigo a la mayoría de
las tropas de la División Cuba. (36) El territorio defendido por esas tropas
quedó prácticamente indefenso:
“ ... tiene distraidas nuestras pocas
fuerzas en ese lugar, dando ocasión á que guerrillas de 15 hombres recorran toda la prefectura de Palma
Soriano, asesinen impunemente á los infelices que viven en sus ranchos,
destruyen las labranzas y cometen cuanto excesos les inspira el odio, sin que
nadie se oponga a sus tropelias, y no se oponen por falta de hombres, que los
hay de sobra, sino por falta de armas.
La imprevision y mal calculo de Gomez con la invasion de Guantanamo, es
la causa de que el enemigo se ria
de nuestros planes...” (37)
Ignacio brinda diversos
ejemplos de la impunidad con que actuaban las fuerzas enemigas en el referido
territorio. Entre otros asesinaron
a la madre y hermanos del teniente coronel Camilo Sánchez : “ En fin han
recorrido impunemente en toda esta parte de Rio Arriba. Ni un solo tiro han
recibido: todas las fuerzas se hallan en Guantánamo ...” (38)
Mientras la correlación de
fuerza fuera favorable a los enemigos de la revolución no era pensable
dedicar hombre y medios para
llevar la guerra a otras comarcas de forma permanente o por largos periodos sin
producir serios contratiempos en la región de donde se sacaran las fuerzas.
Estas posibilidades de extraer tropas y defender al mismo tiempo la región esta
muy vinculada a la demografía mambisa.
Un líder mambí al referirse
a esta operación hacia un peculiar razonamiento: “Con poca gente
como tenemos es una ilusión figurarse
que podemos tomar la mitad del ejercito para hacer una empresa de difícil
ejecución”. (39)
Por lo que es necesario ver
una empresa de ese tipo también desde el punto de vista de la capacidad del
ejército libertador. Es interesante que
la ayuda oriental a la invasión que se preparaba en Camagüey
en 1874 se realizó cuando la
revolución se encontraba en pleno auge y las tropas hispanas habían sufrido
grandes quebrantos. Estaban enfrascadas además en una guerra civil en su país.
En esa ocasión se organizó el envió de un refuerzo de orientales a Máximo Gómez
para que invadiera Las Villas. Asunto que no se pudo llevar a cabo en ese año.
Estas fuerzas se habían
comprometido a pasar a Las Villas. La
estancia en Camagüey se prolongó además se vieron enfrascados en grandes y sangrientos combates El asunto se agravo luego de los
asaltos a poblados. Cada uno de estos soldados capturó un botín. Pidieron
permiso para llevárselo a sus parientes en Oriente. Al negársele este : “... se
lo han tomado por sí” ” (40)
Un general insurrecto escribo en su diario:
“En
estos últimos días, ha desertado una parte considerable de tropa
de la
expedición de Oriente.” (41)”
En los estudios que se han
realizado sobre la invasión casi
nunca se han tomado en cuenta la posibilidad real de las tropas de Oriente y
Camagüey de apoyar ese esfuerzo.
En la mayoría de esos análisis se da por descontado que esa posibilidad existía. El asunto es que no se ha
realizado un estudio desde el punto de vista de la evolución del Ejército
Libertador. Análisis que vaya mucho más allá de narrar sus estructuras,
principales figuras y combates. En especial tratar de comprender la cantidad de
hombres y medios que lo integraban. Como estas cifras cambiaron en el
desarrollo de la contienda.
Si observamos con cuidado
la cantidad de hombres que en la documentación de los irregulares se refleja
que tomaron parte en algunas de las principales concentraciones nos encontramos
que fueron cifras relativamente modestas. Pese a que según los propios informes
cubanos eran cantidades de hombres importantes para el conjunto del ejército
libertador. Esto nos puede indicar que estamos ante un ejército poco numeroso.
Asunto que no es alarmante pues la mayoría de las fuerzas guerrilleras a través
de la historia han sido relativamente reducidas. El tema esencial es determinar
si estas tropas eran capaces de mantener la protección a las familias y
prefecturas y emprender una invasión fuera de su territorio.
Pero al mismo tiempo en la
medida en que la guerra tan solo se desarrollaba en determinadas regiones el
enemigo podría concentrar una
mayor cantidad de medios contra ellas. Lo que podría tener un efecto similar a
que los mambises extrajeran tropas de esas comarcas. Pero lo más importantes para los colonialistas era que
obtenían recursos de las regiones
donde se mantenía la producción para sostener su ejército.
Como afirma la
historiadora Fe Iglesias que entre
1868 a 1878: “Cuba- con mayor propiedad el
occidente de la isla- había costeado la guerra de exterminio llevada a cabo
contra los patriotas cubanos...” (42)
Estamos ante una de las
grandes contradicciones que debían enfrentar los mambises.
El
regionalismo y el caudillismo se convirtieron durante la guerra más
que el amor desmedido hacia una expresión geográfica, lo era hacia un tejido esencialmente humano. Es decir un
barrio, una ciudad. Pero no en el sentido abstracto sino en el muy concreto de
las relaciones con parientes y amigos, con amante y esposa, con guateques y
momentos de penuria. Pero en especial de tener un conocimiento y relaciones que permitiera que el mambí y su
familia lograran sobrevivir. Esto podía significar en esencia una red de apoyo.
El regionalismo y el caudillismo
no eran en el 68 una
filosofía ni un sentido de la vida sino una necesidad. Máximo Gómez al hacerse
cargo de la división de Camagüey
expresaba que “tengo que ir haciendome enterar de todo, conociendo mis
subalternos y el terreno, conocimiento que como comprenderás, son
indispensables para nuestra clase de guerra” (43) La invasión a Las Villas en 1875 estuvo acompañada de una especie
de “regionalización” de los recién llegados. Asunto impuesto por Máximo Gómez
quien emprendió una serie de operaciones
que entre otros objetivos perseguían que los soldados adquieran la “ no
menos importante ventaja del conocimiento practico del territorio donde
nuevamente se ha venido a hacer la guerra” (44)
Es
indiscutible que Vicente García sentía un gran aprecio por su comarca. Podía
recorrer durante horas la ruina de su ciudad natal, visitar el cementerio abandonado y sumergirse en sus recuerdos.
Pero en esencia contaba en aquel territorio con un conjunto de oficiales y
soldados que le eran fieles, que conocían al detalle como lograr obtener ganado
y viandas o información para organizar un ataque. Al mismo tiempo sus
subordinados sabían que Vicente García había alcanzado una alta capacidad como
jefe militar. Su peor enemigo el Conde de Valmaseda no
dudo en llamarlo: “... el mas osado de todos estos guerrilleros...” (45). Esta multitud de mambises anónimos sabía que su
líder era capaz de organizar esas fuerzas regionales para obtener esplendorosas
victorias. Hemos tomado un ejemplo pero esta situación se repetía en muchas
comarcas insurrectas. Es en estas complejas relaciones líderes regional y
subordinado donde está la esencia
del regionalismo en especial de las jurisdicciones del Cauto durante la guerra
de 1868.
El papel preponderante de los caudillos regionales que habían
conformado una amplia red de apoyo y relaciones en cada comarca es uno de los
soportes de esta acción regionalista. Esto tenía también una base espiritual. Donde la admiración
desmedida al líder local había tejido una relación muy estrecha entre el
caudillos y sus subordinados.
Un cubano que se encontraba
residiendo en un poblado enemigo escribió una poesía dedicada al caudillo holguinero Julio Grave de
Peralta:
Al imbensible Peralta
por su socorro
clamamos
pues entre españoles
estamos
por que su amparo nos
falta.
II
Nobisimo jeneral
baleroso sin segundo
despues de dios en el
mundo
es quien nos puede
amparar
a quien goso puede
dar
a nuestra alma que en
tanto
desde que su amparo
falta
triste lagrimas
bertimos
y su amparo pedimos
al imbensible
Peralta. (46)
Aparentemente estamos ante
sentimientos ingenuos y simples, además de una muy mala literatura y peor
ortografía. El propio general Grave de Peralta se sentía imbuido de ese
espíritu místico, de especie de santo protector de todos. En los primeros días
del alzamiento anotaba en su diario personas: “Mis buenos hermanos me esperaban anhelosos pues
pensaban”
que con mi presencia cesaba ya el peligro.. (47)
Pero detrás de esa
“ingenuidad” se mueven sentimientos e intereses de una fuerza volcánica. Un
mundo que retó a un imperio a una guerra a muerte y convirtió a la isla en la
tumba de decenas de miles de oficiales y soldados españoles. Esta confianza en
el caudillo del que se espera que lo saque de las circunstancias tristes conforma también una relación muy estrecha que va creando
indisolubles lazos de resistencia. Esos compromisos personales guardados con
celos en los días de derrotas devenido en furia implacable en los combates,
creaban un profundo sentido de responsabilidad para no claudicar.
Estar rodeado de personas
amigas, conocidas desde hacia años era una garantía para evitar una traición o
un atentado. Estos últimos parece que fueron bastante frecuentes. Desde antes del estallido de la guerra
por lo menos se organizó un atentado contra varios conspiradores. El capitán
del partido del Cauto y algunos peninsulares conociendo que un grupo de vecinos
de esa comarca se mostraban desafectos al régimen y con sospechas de que
conspiraban, contrataron al mayoral de la hacienda Laguna Blanca para que los
asesinara. La noticia no tardo en llegar a oídos de las futuras víctimas. La complicidad del barrio le
jugó una mala pasada a los represores. Una de las potenciales víctimas era Luís Figueredo quien se adelanto a los
asesinos. Luís envió cuatro de sus
seguidores a que ajusticiaran al mercenario. En la acción resultó herido de gravedad uno de los
revolucionarios. Al que Máximo Gómez consideró como “el primer herido de la
Revolución” (48)
Durante el desarrollo de
la contienda se hicieron o se organizaron atentados personales contra: Luis Marcano, Luis Figueredo, por
segunda vez, Manuel de Quesada, y
Carlos Manuel de Céspedes entre otros patriotas. (49) En el caso del primero “Seis hombres de la escolta de Marcano, pagados por los
españoles, tratan de asesinarlo” (50) Aunque la acción fracasa pero el dominicano es herido. Un
segundo intento tiene éxito y el valiente general es asesinado por unos
traidores. El odio que despertaba en las filas españolas era tal que uno de sus
compañeros de armas anoto “ Se dice que hubo fiestas en Manzanillo cuando se
supo la noticia de haber sido muerto” (51) Se llegaron a organizar atentados contra figuras menos
conocidas. Entre estos se encontraba “ Agustin Guarige, joven manzanillero de
20 años, asesinado mientras dormía por un mercenario enviado por los españoles” (52)
Muchos de los oficiales y soldados de las tropas insurrectas procedían
de la región donde operaban. No pocos de ellos tenían algún lazo con los líderes regionales. Donato Mármol, el
caudillo de Jiguaní, según uno de sus subordinados “... reunió sus amigos y se
pronuncio en su finca...” (53). Tales descripciones se repiten en las narraciones de la
guerra con frecuencia. Parientes, amigos, compadres, empleados, vecinos... son
los que conforman estas fuerzas que dieron origen al ejercito libertador. Pese
a los cambios impuestos por la guerra con la suma de bajas siempre se encontrara esta cálida
raicilla del vecindario, del conocido, de amigos, parientes, peones y personas
vinculada de alguna forma al líder militar o político. Un ejemplo de esto son les estrechos
vínculos que tenía Calixto García con la región donde residía. Veamos la
descripción que hace de su campamento y de sus soldados en una carta a su
esposa:
“... a mi
izquierda y derecha las tiendas de mis ayudantes y a mi espalda otra larga
hilera de ranchos ocupados por mi escolta y el batallón Baire. La tienda mas próxima a la mía es la de
mi amigo Felix Figueredo que ha dejado la Secretaria de la Guerra y es hoy otra
vez jefe de la Sanidad de Oriente.
En mi misma tienda tengo a Benjamín Ramírez, Jefe del Regimiento Baire
que ha venido a verme atravesando diez y ocho leguas de loma entre ellas La
Maestra, pues está destacado en la costa sur. Al pie de mi tienda está dándose paseo un valiente hijo de
Africa envuelto en una frazada y con su rifle al hombro. Es el centinela. En un banco está sentado el cabo de
guarda que es un bonito pardito llamado Juan Joaquín Urbina hijo de Felicita
Urbina la de Baire, a quien tu conoces.
En su tienda a seis pasos de la mía está sentado en su hamaca el capitán
Esteban García que con su flema acostumbrada fuma un cigarro el es el oficial
de servicio.
Detrás de mi
tienda duerme mi asistente Pancho Ferrer, que hace cuatro años que esta a mi
lado y que antes fue asistente del pobre Amado Manuit. Junto a Pancho está Baudilio mi ahijada
hijo de Nenque Pérez, único que ha quedado de la familia y a quien he recogido
(...)
Esta noche a
prima estuvo tocando la orquesta, bien que esto no es una novedad, pues lo
hacen casi todas las noches. Tanto
hemos luchado hasta que hemos conseguido música. El jefe de ella es Pedro Estrada el clarinete que residía
en Contramaestre. Mas allá de los ranchos del Regimiento
Yara y separado por una calle de 20 varas de ancho se encuentran los del regimiento Bayamo y mas
adelante y en el mismo orden de las del primer batallón Jiguaní.” . (54)
Esta es la típica
descripción del campamento de un jefe regional. En la carta a la
esposa, relaciona los nombres de
sus ayudantes, escoltas, oficiales mas cercanos, el director de
la orquesta mambisa, etc como si
quisiera recordarle a Isabel que ella los conoce de antes de la guerra, que
fueron vecinos y amigos. Incluso
su ayudante es Pancho Ferrer, que lo había sido del tío político de Calixto, el general venezolano Amadeo Manuit.
La mayoría de sus soldados
y oficiales son vecinos de
Jiguaní, Baire y Contramaestre. Otros eran de Bayamo. En Jiguaní residió desde
los 14 años. Baire era un barrio de esa jurisdicción. En Bayamo se incorporó a la conspiración como lo expresaba en una carta a Tomas Estrada Palma. El primero de mayo
de 1898 desde el Bayamo ocupado por los libertadores le
dice: "Hoy pienso visitar la
casa o las ruinas de la casa donde me inicié para conspirar y preparar la
Revolución del 68". (55)
El general García Iñiguez
le narraba a la esposa el fin trágico de un subalterno vinculado desde hacia años a su familia:
“ ... la noche
y la extenuación de mi pequeña fuerza, pusieron término al combate, que hubiera
sido muy feliz para mi, á no haber muerto uno de mis ayudantes mas preciados,
el Teniente Francisco Agüero y Mármol, que se lanzó como un loco sobre los
españoles en el último avance que le dimos, y cayó atravesado de tres balazos.
¡Valiente niño
que muriendo ya, me decía: Mayor,
yo tengo mucha vida y no muero de esta!.
Este joven era hijo de una hermana de Donato Mármol y hacia dos años que
me acompañaba ¡Otra víctima mas!” (56)
El aguerrido general
estaba rodeado de un mundo de gente conocida que se desplazaba por el territorio donde había vivido y crecido
desde la adolescencia. Se levantó en armas bajo las órdenes de Donato Mármol,
un vecino de relieve de la comarca. Recibió una herencia mucho más preciosa que
las fincas de su madre, la incondicionalidad de jóvenes como el sobrino de
Donato el bravo y olvidado Francisco Agüero y Mármol.
Este tipo de cartas
personales donde un líder mambí
habla de sus hombres con gran familiaridad se repite a todo lo largo de la
guerra. Por ejemplo hay una misiva de Felix Figueredo que narra el ataque a
Jiguaní por las tropas de esa brigada en septiembre de 1871. La carta esta
dirigida a su esposa. El doctor
Figueredo utiliza términos muy parecidos a Calixto. Relaciona los oficiales que
tomaron parte en la acción como si fueran personas conocidas desde antes de la
guerra por el y su consorte. (57)
El regionalismo conformaba
un sentido de la resistencia. De la posibilidad de sobrevivir gracias a
conocimientos y relaciones. A la conformación de valores espirituales. Pero en el había una contradicción
insalvable. Se perdía el sentido estratégico de la guerra. Este tipo de guerra
regional se podía extender por
mucho tiempo pero era difícil desde un marco tan estrecho obtener la
victoria.
Pero el regionalismo tenía
también un sentido muy práctico en la alimentación de estos guerrilleros. Si
nos fijamos en las fuerzas libertadoras nos encontraremos que las formas más
usuales de cómo obtenían la subsistencia eran los sembrados y talleres de las
prefecturas, los ataques a poblados, el avituallamiento en la zona de cultivo
enemiga, el ataque a los convoyes, el forrajear en el territorio donde se
operaba, el apoyo de los agentes
cubanos en las filas contrarias, el comercio ilegal con los poblados enemigos. Todo ello estaba vinculado con una estrecha relación de la
zona de residencia.
Como expresaba un líder
mambí: “Somos fuertes en el
Camagüey, y en Oriente,
por que estamos en localidades
conocidas En que cada
soldado es un jefe, porque es practico y como la guerra que hacemos es de
partidarios. En los momentos de
acción opera por su inspiración y por su instinto. ..” (58)
NOTAS
1--Pedro
Figueredo “Excursión a la gran sabana de Yara” en la Piragua, La Habana, 1856.
Citado por Jorge Ibarra.
Regionalismo y Esclavitud Patriarcal en los Departamentos Oriental y Central de
Cuba En Revista Anales del Caribe. Centro de Estudios del Caribe. Casa de las
Américas, Número 6, 1986, p 30
2--Citado por
Jorge Ibarra. Regionalismo y Esclavitud Patriarcal en los Departamentos
Oriental y Central de Cuba En Revista Anales del Caribe. Centro de Estudios del
Caribe. Casa de las Américas,
Número 6, 1986, p 22
3-- Ver para el papel del regionalismo, el
caudillismo y la familia en el alzamiento a Jose Abreu Cardet. Introducción a
las Armas La guerra de 1868 en Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005
4--Enrique Collazo. Desde Yara hasta el Zanjón (Apuntaciones
Históricas). Instituto del Libro. La Habana, 1967. P. 3
5-- Universidad
Central de La Villas, Biblioteca,
Fondo Coronado, T XV Datos
para la historia Candelaria Figueredo de Portillo.
6--Fernando Portuondo
y Hortensia Pichardo. Carlos
Manuel de Céspedes
Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, T I, p 105
7--Eusebio Leal
Spengler. Carlos Manuel de
Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992, p 230
8--Nydia Sarabia. Ana Betancourt Agramonte. Editorial
Ciencias Sociales, La Habana, 1970,
p 151
9--Centro de Información de las Guerras de Independencia,
Museo Casa Nata de Calixto García. Fotocopia del Expediente seguido por los españoles al Mayor General
Calixto García (1874-1896), el original se encuentra en el Archivo Histórico
Nacional de Madrid , España.
10--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero
Vicente García Leyenda y Realidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1992, p 251
11--Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 89
12--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 69
13--Ibidem, p 125
14--Eusebio Leal
Spengler. Carlos Manuel de
Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992, pp137 138
15--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero,
Vicente García Leyenda y Realidad, Editorial de Ciencias Sociales La Habana,
1992, p 159
16--Fernando Portuondo
y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p 156
17-- Museo Provincial de Holguín, Fondo
Julio Grave de Peralta Libro copiador,
Copia numero 1432 de 30 de mayo de 1870
18--Mary Ruiz de Zárate, El general Candela: Biografía de una
guerrilla. Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1974, p 146
19--Ibidem, p 176
20--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, número 1171, del 27 de
febrero de 1870
21--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, Copia
número 1035
22--Museo provincial Fondo
Julio grave de Peralta. Libro copiador.
copia número 1015, 28 de enero de 1870
23-- Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras
las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 69
24--Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, Copia
Número 1378, de 8 de mayo de 1870
25--Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador,
comunicado número 1397, de 16 de
mayo de 1870
26--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, copia número
1399, del 16 de mayo de 1870
27--Museo provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, copia
número 1390, de 13 de mayo de 1870
28--Notas de
Calixto García al folleto de Máximo Gómez “El Convenio del Zanjón” de 1878,
escritas como aclaración para el Dr. E. Rubio.
En: Colección
Coronado. Universidad Central de
la Villas, Tomo 18, documento 1.
29--Nos referimos a las
jurisdicciones de Bayamo, Tunas Holguín, Jiguani y Manzanillo. El criterio es
mas socioeconómico que geográfico pues hasta 1868 tenían un desarrollo similar.
En el 68 Calixto llego a jefe de todo el oriente y en el 95 de Oriente y
Camagüey. En ambos casos como la operación sobre Hierba de Guinea y Guaimaro en
el 95 no salió de este territorio.
30-- Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras
las huellas del Zanjón. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2005, p 75
31--En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo 157, núm. 46-14
32--Notas de
Calixto García al folleto de Máximo Gómez “El Convenio del Zanjón” de 1878,
escritas como aclaración para el Dr. E. Rubio.
En: Colección
Coronado. Universidad Central de
la Villas, Tomo 18, documento 1.
33--Felix Figueredo Díaz. La Guerra de Cuba en 1878. La
Protesta de Baragua. Publicaciones del Consejo Científico. Número 56,
Ministerio de Salud Pública, La Habana, 1973, p 111
34-- Antonio
Pirala. Anales de la Guerra de
Cuba, Madrid F. González Rojas,
1895, t I, p 660
35--Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales. La Habana, 1982, t III,
p 91
36--La división Cuba comprendía el territorio de la antigua
jurisdicción de Santiago de Cuba.
37--Nydia Sarabia. Ana Betancourt Agramonte. Editorial
Ciencias Sociales, La Habana, 1970,
P 152
38--Ibidem, p 143
39--Ibidem, p 207
40--Diario
de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 160
41--Idem
42--Instituto
de Historia de Cuba. Las Luchas por la independencia nacional y las
transformaciones estructurales 1868 1898. Editora Política, La Habana, 1996, p
160
43--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 96
44--Ibidem, p 109
45--Fernando Portuondo. Historia de Cuba. Editora del Consejo Nacional de
Universidades, La Habana, 1965, p
463
46--Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de
Peralta. Paquete 3. número 25
47--Constantino Pupo
Aguilera. Patriotas Holguineros. Holguín, 1956, p 15
48--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 44
49--Francisco J
Ponte Domínguez. Historia de la Guerra de los Diez Años. Academia de la
Historia de Cuba, La Habana, 1958
pp 90 ,91 y 92
50--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p p. 52 y 53
51--Ibidem, p 62
52--Ibidem, p 64
53--Ibidem, p 44
54-- Periódico
la Independencia, Organo de los Pueblos Hispano – Americanos, N.Y, septiembre.
24- 1874 # 90 año II.
55--Museo Casa natal de Calixto García Holguín, Centro de información de las
guerras de independencia, Fondo Calixto García, Documentos sin clasificar
56--Periódico la Independencia, Organo de los Pueblos
Hispano – Americanos, New .York, septiembre. 24- 1874 # 90 año II.
57--Felix Figueredo, Díaz La Guerra de Cuba en 1878, La
Protesta de Baragua, Cuadernos de Salud Pública, Número 56, Ministerio de Salud
Pública, La Habana, 1973, pp 135 145
58--Nydia Sarabia, Ana Betancourt Agramonte, Editorial
Ciencias Sociales, La Habana, 1970,
p 207