ABASTECERSE DEL ENEMIGO.
José Abreu Cardet
La vida material es asunto
esencial para la resistencia. Alimentarse, cobijarse y vestirse se dan por
descontado para sostener la existencia
misma. Pero en esta sociedad terrateniente campesina de gran parte del
oriente y el centro de la isla el
comer y la calidad de los alimentos alcanzaba singular relieve. Los alimentos tenían también un sentido espiritual. La mesa bien surtida era
símbolo de mucho prestigio.
El mambí Francisco de
Arredondo se hacia eco de esta forma de ser de los terratenientes y campesinos
devenidos en mambises: “El bueno
de Ignacio Mora nos obsequio con una buena comida , acompañada de buen vino y
dulces” (1)
Mientras Felix Figueredo en
carta a un cubano que se había unido a los enemigos le escribía: “Por aquí y en todas partes estamos
comiendo como criollos y dispuestos a tirar pocos tiros pero los que dejemos de
tirar serán duplicados por el garantizado...” (2)
Figueredo ponía como una
característica común de los
cubanos el gusto por el comer bien
y el valor de combatir con el machete al que el llama garantizado.
El líder que lograba llevar a su tropa a
un boniatal de buen rendimiento, a asaltar un poblado de almacenes rebosantes,
capturar un convoy de carretas generosamente surtidas alcanzaba el respeto entre sus soldados, quizás incluso con
mucho más razones que si hubiera liquidado una columna contraria. Existía una gran preocupación de los jefes y oficiales para buscarle
alimentos a su tropa.
Un general insurrecto le escribía,
en diciembre de 1869, a un prefecto una carta que reflejaba la esencia de la
importancia de la buena alimentación:
...que no habian animales
para matar: por cuya
razon me he visto en el caso de romper la escala mandando coger la
primera res que encuentran pues V debe conocer que no debe pasar la gente sin
comer.
Siento tener que decir á V. que este punto se encuentra en
el mayor abandono pues veo son
justas las innumerables quejas que tengo del mal servicio de la provedurias
tanto por ser muy muchos los dias que las familias emigradas y la de los
individuos que se hallan en el ejercito no pueden
desayunarse por falta de
carne como por el mal orden que hay en dicha proveduria (3)
Entre los campesinos y
estos hacendados estrechamente vinculados a la cultura local el alimento
alcanzaba una importancia capital. Tener carne para desayunar era en la zona
una costumbre la que no se podía olvidar en los días difíciles de la guerra.
Gran parte de Oriente y en especial Puerto Príncipe eran territorios ganaderos donde la carne de
res es todo un ritual. Los líderes militares hicieron un esfuerzo considerable
para buscar ganado para sus soldados y los familiares de estos.
Un general insurrecto contaba con regocijo casi infantil que
en su campamento:
“ por todos los
ranchos se ven varas de tasajos y montones de boniatos, mangos, cañas y hasta
zapotes y si algún curioso escarba algunos montones que sobresalen de la tierra
encontrara nísperos puestos a madurar con el calor del sol. Esto es en fin, un
campamento encantador, lo que no es de extrañar en nuestra bella Cuba.” (4)
El
3 de enero de 1874 escribe Céspedes en su diario: “Habiéndose inutilizado el mulo de una pata,
fue preciso matarlo. Se repartió la carne a la tropa y a las familias.” (5)
Esto creo una inesperada
situación: “El campamento esta alegre con la abundante comida que le he
proporcionado.” (6)
Se siente el orgullo del
buen padre de familia que sabe que su gente está bien alimentada. Mientras existieron las condiciones
los líderes regionales
cubanos alimentaron a sus
hombres con abundancia de viandas y carnes. Al principio no fue asunto difícil
obtener tales productos. Estos territorios donde operaban las fuerzas
libertadoras tenían una vieja tradición
agrícola y ganadera. Existían
reservas de alimentos de todo tipo. Grandes sembrados de yucas,
boniatos, ñames, plátanos y otras viandas se extendían en las áreas controladas por los mambises.
Haciendas y potreros de crianza con más reses que días de hambre.
Se puso en evidencia la
preocupación por recolectar estas cosechas. Un general mambí en enero de 1869
expedía una orden a los capitanes de su división: “... para que dispongan la recolección de los maises
cosechados en sus distritos, haciéndolo también referente a los demás frutos”. (7)
Muy pronto con el
desarrollo de la ofensiva española la situación varió. Las familias comenzaron
a abandonar sus estancias y fincas. Pero de todas formas la situación no
cambió bruscamente. Muchos de
estos sembrados como la yuca,
ñame, boniatos, maíz o plátanos,
podían sobrevivir incluso a la falta de atención humana. Cuando estas
plantas alcanzan cierto desarrollo pueden quedar a merced de la hierba y las
maniguas. Es cierto que disminuye su rendimiento pero siempre dará una
producción que puede ser
importante. Por lo tanto lo esencial era descubrir donde se encontraba un sembrado de boniatos o ñames
abandonado en las fincas y haciendas destruidas por la guerra.
La tradición oral dejada
por los mambises nos dice que en ocasiones estos cortaban los cangres o arbusto
de la yuca, cuando era
comestible, para que el tubérculo continuara bajo tierra cubierto por la hierba
que se desarrollaba en el abandonado campo. De esa forma las columnas hispanas
se encontrarían con un herbazal sin sospechar que bajo el se ocultaba un nutritivo universo de viandas. (8) En ocasiones se
hacían sorprendentes
descubrimientos. Un mambi anotaba: “...encontramos (...) una pequeña finca abandonada a
la margen de un arroyo.” (9) Esta finca
podía guardar en sus campos olvidados sembrados.
Algunas reses extraviadas
en los bosques y sabanas quedaron vagando a su suerte. El asunto era descubrir
el ganado. Pero el tiempo fue transcurriendo. Había más gente hambrienta que
campos de boniatos o yucas olvidados en un rincón de una sabana.
La respuesta insurrecta
inicial fueron los cultivos en las prefecturas. Los mambises sembraban en
ellas fundamentalmente los
cultivos que se daban debajo de la tierra para que al prenderles fuego los enemigos
a los potreros estos no se quemaban. También cuando sacaban boniatos o ñame
dejaban plantado el bejuco del boniato o el cabezón del ñame para que en el
propio lugar volviera a fructificar la planta.
La destrucción de los
productos agrícolas llegó a ser tan significativa en la mentalidad de los
colonialistas que en un texto elaborado por un oficial veterano de la contienda se explicaba en detalles
como destruir las viandas que se encontraban en los sembradíos enemigos. (10)
El objetivo del texto era que sirviera
para la instrucción en las academias militares por si estallaba una nueva
guerra. Las columnas españolas cuando no podían conducir el ganado lo sacrificaban para evitar
que los mambises lo utilizaran.
Un revolucionario narraba la acción de una tropa española
que ocupó una hacienda utilizada
para abastecer a los revolucionarios.
Mataron como treinta reses,
veinte o mas carneros y otros tantos puercos. De esta tres clases de carne tan solo aprovecharon la
quinta parte, pues todo yacía botado en los corrales y en los
cuartos. (11)
Los insurrectos acudieron a
sembrar en apartados rincones de Cuba Libre sus viandas y granos. Esto en parte
solucionó sus problemas. Un diarista mambí describía en estos términos una
prefectura:
Se ha desmontado un
gran espacio de terreno muy quebrado y vistoso, y se han construido mas de
veinte bohíos, de los cuales algunos están pintorescamente situados. Se cultiva
maíz, arroz, boniatos, frijoles, caña, ñame y además coles y otras verduras,
siendo la de mayor importancia la rica hoja del tabaco. (12)
Las prefecturas dependían
mucho de las posibilidades que tenían los mambises para ocultarlas del enemigo. Escoger los lugares más
recónditos, borrar sistemáticamente los rastros o tener varias vías de acceso para
evitar que las huellas crearan
veredas donde los
exploradores enemigos pudieran identificar su uso cotidiano. Crear todo un sistema de vigilancia para
descubrir las fuerzas contrarias con anticipación y defender la prefectura o
permitir la fuga de sus miembros. Conocer en detalle las posibles vías de
retirada. Esto era posible por una vinculación muy estrecha del soldado
insurrecto a su región. Pero los
españoles con la utilización de un hábil sistema de exploradores y las
tristemente célebres guerrillas lograban muchas veces descubrir y asolar las prefecturas.
También se puso en funcionamiento un mecanismo regional de abastecimiento.
Se generalizó un activo comercio con el territorio enemigo. Individuos que
residían en los poblados españoles recibían dinero de los mambises, adquirían
productos y se los hacían llegar a los revolucionarios. Muchas veces
actuaban de forma espontanea sin
recibir retribución. Otras obtenían alguna ganancia de ese comercio ilícito. Si
los españoles lo detenían era muy probable que los ejecutaran tanto a los
que actuaron por convencimiento o
por las ganancias. Por lo que este tipo de actividad generalmente se hacia a
través de personas conocidas. Tomemos a la ciudad de Camagüey que aunque no fue el único caso pero allí ese tipo
de comercio se realizaba con bastante intensidad. Vicente García que visitaba
con cierta regularidad a Camagüey se aprovechaba de este comercio.
El 23 de julio de 1874 Vicente
García, que se encontraba en Camagüey,
escribió en su diario de campaña: Mande el practico Betancourt que me
dio Sanguily, al punto donde deben sacarle unos efectos del pueblo á este
general, di una onza a Betancourt para que me la mandara cambiar y encargué
unos efectos con papel moneda español ... (13)
En este tipo de actividad entraba la alta dirección
militar y política de la revolución. Aunque se prohibió el comercio con el enemigo por parte de la República Cubana pero
en la práctica se hacia con bastante frecuencia. Vicente García el 11 de septiembre de 1874 nos dice que: “Escribí a Gómez y
Modesto pues mande a Coello al Camagüey en solicitud de los efectos que
encargue al Príncipe.” (14)
El 12 de octubre de 1875 el
tunero nos dice que el perfecto de Alcalá a conseguido 400 cápsulas: “ ... sacadas del enemigo
y me da noticias de estas corrientes y promete mucho la comunicación a su cargo...” (15)
El 23 de agosto de 1874 Francisco Varona escribe en
su diario: “Recibo algún parque
extraído de las Tunas...” (16)
Vicente García dejo una
interesante descripción de quienes realizaban este comercio:
... nos dirijimos a las
inmediaciones de la zona de cultivo de Camagüey. Esta se halla arruinada casi
por completo a virtud de las incursiones de los cubanos, al extremo que hoy solo
la habitan miserables estancieros, los cuales en su totalidad se comunican con
los cubanos y les sacan
cuanto necesitan del Camagüey donde van a vender carbón y viandas los
habitantes de la zona espresada han venido a ser considerados de hecho casi neutrales.. (17)
La alimentación no debía depender tan solo de la suerte que tuvieran los agricultores independentistas para
burlar la persecución contraria. Tampoco la habilidad para descubrir un
boniatal abandonado o algunas jutías podía ser toda la esperanza para saciar el
hambre de gente tan noble. Ni del ocasional comercio con el enemigo.
Entonces los mambises
comprendieron que además de las armas
buena parte de las vituallas estaban en terreno contrario y era
necesario arrebatársela a los “dueños del país”. Un general mambí le escribía a Miguel de Aldama:
“Necesitamos recursos, pero no crea
usted que sean muchos: no queremos ni armas ni medicinas, ni alimentos, ni
vestuarios, ni calzados; todo eso lo tiene el enemigo y nosotros sabemos arrebatárselo; necesitamos una
sola cosa- mucho parque.” (18)
La búsqueda de vituallas
influyó en las operaciones militares. En cierta forma se convirtió en un
sentido de la guerra. El abastecer a estos campesinos y vaqueros de carne de
res era una verdadera obsesión para sus líderes militares.
Un líder
revolucionario comentaba:“ Necesitado de ganado las fuerzas de que en este
distrito operan a mi mando, determiné ir a buscarlo al cuartón enemigo de
Samá.” (19)
El criterio del
guerrillero tiene cierto parecido al de un vecino
que se dispone a ir a una
carnicería a adquirir un poco de
carne para el almuerzo del día. La búsqueda de carne en territorio enemigo
alcanzó una alta intensidad. Si echamos un vistazo a lo que ocurría en el
campamento de Vicente García, en mayo de 1872, nos encontramos con un frenético
ritmo de captura de animales que
sirvan para la matanza. Todos ellos extraídos de territorio enemigo.
El 9 de mayo mataron 6 reses en el
campamento del comandante Fonseca. Uno de los subordinados de este jefe. El 10, Vicente García: “Mandó un piquete de 20 hombres a
hacer carne al “Barroso”. (20) El 12 regresaron unos
vaqueros que había enviado el Comandante Fonseca con 2 reses y un mulo
muerto. Mientras el 13 el capitán Torres de la tropa de Vicente “..con 30 hombres fue por carne al
“Barroso” nuevamente. (21) El 15: “Regresaron
los vaqueros del Comandante Fonseca con 5 reses.” . (22)El 16
fue: “El Alferez Almaguel a hacer carne y el Sargento Telesforo Avila a
viandas.” ”. (23) El 18: “Salió el Teniente Benigno Guede con 20
hombres por carne al Borroso. ”. (24)
Este ritmo frenético de
buscar carne y viandas se podía ver en cualquier campamento mambí. Ese ganado
se extraía del territorio contrario por lo que devenía en una peligrosa
operación. En ocasiones se hacían estas operaciones con la participación de grandes
concentraciones de fuerzas. Fernando Figueredo Socarrás escribió al respecto:
"Esta operación, que
no dejaba de ser peligrosa y delicada, se llevaba a cabo de día o de noche,
según el número de hombres que en ella habían de tomar parte, y consistía en
marchar a un puesto enemigo y a su vista proveerse de viandas, reses, aves,
etc. Los españoles por regla se contentaban con hacerles algunos disparos a
los intrusos como para llenar el expediente: algunas veces cuando tenían la
seguridad de que el número de hombres era reducido se aventuraban a salir de
sus trincheras y apoyados en ellas libraban una pequeña escaramuza. Por lo
regular, no se impedía nunca a los cubanos que se proveyeran de lo que
necesitaban".
(25)
El periodista James 0'Kelly dejó
una interesante descripción de una de estas operaciones:
"Como el campamento
de Agua no podía suministrar recursos suficientes para la guarnición se
organizaron expediciones contra los poblados españoles, a fin de conseguir
alimentos... Los voluntarios cubanos, que son los que, por lo regular, ocupan
dichos poblados, se encuentran saqueados a veces tanto por los mambises como
por los españoles. Cada vez que los cubanos verifican una de estas correrías,
las guarniciones de esos poblados se ven obligadas por lo insuficiente de su
número que no les permite hacer frente a sus contrarios en campo abierto, a
retirarse a las fortificaciones, abandonando, por consiguiente, las cosechas
que en su impotencia no pueden defender". (26)
Hay diversos ejemplos de estas
acciones. Veamos uno de ellos. El
30 de mayo de 1870 Grave de Peralta le escribió a el coronel Quintilio
Villareal: Disponga que las fuerzas de los CC
comanditase Belisario Grave de Peralta y Jose Ma de Peña esta tarde pasen al
platanal que se halla frente á las
trincheras de Camasan para se
tomen de allí los plátanos que tenga o que puedan traer si para ello se
necesita hostilizar al enemigo que sea enérgicamente .. (27)
Este tipo de actividad esta
estrechamente vinculada con la acción de las partidas que operan en una zona
determinada. Pues muchas veces no eran grandes grupos de insurrectos sino cifras muy reducidas que aprovechando
la noche se apropiaban de los productos del contrario. En las zonas de cultivo
de esos poblados regularmente los hispanos situaban emboscadas nocturnas. Para
eludir esa acción represiva era necesario tener conocimiento del lugar e incluso en ocasiones tener relación
con algún vecino del poblado.
En los ataques a convoyes era necesario
también un conocimiento de la región y sobre todo tener una red de informantes
que mantuviera al tanto a los liberadores de esas operaciones de abastecimiento
enemigos. Hay numerosos ejemplos
de este tipo de acciones que iban desde la captura entre Guantanamo y Tiguabos
de “ 2 carretas cargadas de provisiones y 4 000 capsulas” . (28) a mediados de mayo de 1872 hasta los esplendorosos ataques a
convoyes realizados por Vicente García.
Los asaltos a poblados,
ciudades y convoyes y la obtención de vianda y reses en territorio enemigos
devinieron en el caso de Oriente
en el objetivo esencial de las operaciones militares. La mayoría de las
operaciones y combates estaban vinculados de una u otra forma con estos
acontecimientos. Esto hizo que la
contienda adquiriera un carácter
cada vez más regional y de pequeños caudillos. Los tenientes y capitanes de
secciones y compañías que conocían al detalle el terreno donde operaban o tenían en sus fuerzas hombres que
tuvieran esa posibilidad
adquiriendo singular relevancia. Esto facilitó que las operaciones en territorio enemigo
fueran cada vez más significativa para el abastecimiento.
NOTAS
1--- Francisco de
Arredondo Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871)
Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La
Habana, 1963, p 25
2--Felix Figueredo La guerra de Cuba en 1878, La protesta
de Baragua, Publicación del Consejo científico del Ministerio de Salud Publica, La Habana, 1973, p 107
3--Museo Provincial de Holguín.
Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador. Número 820, de 13 de diciembre de 1869
4--Fragmento
de una carta de Calixto García a su esposa del 20 de junio de 1874.
En: Periódico la Independencia, Organo de los Pueblos Hispano –
Americanos, N.Y, septiembre. 24- 1874 # 90 año II. Los editores del periódico probablemente retiraron los
párrafos iniciales de la carta, tal vez más íntimos, dada la forma en que se
inicia el texto en el periódico.
5--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana. 1992. p 242
6--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 242
7--Museo Provincial de Holguín.
Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador. A los capitanes de partido 12 de enero de 1869
8---Testimonio al autor de Urbano
Sintes Martínez
9---Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos
Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t
III, p 99
10---Adolfo Jiménez Castellano.
Sistema para combatir la insurrección
en Cuba según lo que
aconseja la experiencia, Madrid,
1883
11--Juan J Pastrana. Ignacio
Agramonte Documentos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 246
12--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El diario perdido.
Publicimex S. A., 1992, p 268
13--Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyendas y
realidades. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 171
14--Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y
realidades. op cit p 174
15--Victor Manuel Marrero op cit p
213
16--Casa Natal de Calixto García. Centro de
documentación de las guerras de independencia. Documentos Históricos, 1868
1878, Tomo V, p 347
17--Víctor Manuel Marrero Vicente García op cit p 161
18--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón .Editorial Oriente. Santiago de Cuba ,,2005 p 120
19--Parte
oficial de Calixto García referido a acciones militares del 14 de julio de
1872.
En: Periódico la Revolución de
Cuba, N. Y.- 9 de noviembre de 1872. ANC. Donativos y Remisiones. Fuera de Caja
No. 2
20--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131
21--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131
22-- Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131
23--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131
24--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131
25--Femando Figueredo Socarras:
La revolucion de Yara Ob. cit.,
pp. 60, 61.
26--James 0'Kelly: La tierra del
mambí, Ob. cit. pp. 329, 330.
27--Museo Provincial de Historia. Fondo Julio Grave de
Peralta. Libro copiador. número 1425 del 30 de mayo de 1870
28--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez
tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 93
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