miércoles, 8 de abril de 2015

ABASTECERSE DEL ENEMIGO

ABASTECERSE DEL ENEMIGO.
José  Abreu Cardet
La vida material es asunto esencial para la resistencia. Alimentarse, cobijarse y vestirse se dan por descontado para sostener la existencia  misma. Pero en esta sociedad terrateniente campesina de gran parte del oriente y el centro de la isla  el comer y la calidad de los alimentos alcanzaba  singular relieve. Los alimentos tenían también un sentido  espiritual. La mesa bien surtida era símbolo de mucho prestigio.
El mambí Francisco de Arredondo se hacia eco de esta forma de ser de los terratenientes y campesinos devenidos en  mambises: “El bueno de Ignacio Mora nos obsequio con una buena comida , acompañada de buen vino y dulces”  (1)
Mientras Felix Figueredo en carta a un cubano que se había unido a los enemigos le escribía:  “Por aquí y en todas partes estamos comiendo como criollos y dispuestos a tirar pocos tiros pero los que dejemos de tirar serán duplicados por el garantizado...”  (2)
Figueredo ponía como una característica  común de los cubanos el gusto por el comer bien  y el valor de combatir con el machete al que el llama garantizado.
El  líder que lograba llevar a su tropa a un boniatal de buen rendimiento, a asaltar un poblado de almacenes rebosantes, capturar un convoy de carretas generosamente surtidas  alcanzaba el respeto entre sus soldados, quizás incluso con mucho más razones que si hubiera liquidado una columna contraria.  Existía  una gran preocupación de los jefes y oficiales para buscarle alimentos a su tropa.
Un general insurrecto le escribía, en diciembre de 1869, a un prefecto una carta que reflejaba la esencia de la importancia de la buena alimentación:
...que no habian animales para matar:  por cuya             razon me he visto en el caso de romper la escala mandando coger la primera res que encuentran pues V debe conocer que no debe pasar la gente sin comer.
  Siento tener que decir á V. que este punto se encuentra en el mayor  abandono pues veo son justas las innumerables quejas que tengo del mal servicio de la provedurias tanto por ser muy muchos los dias que las familias emigradas y la de los individuos que se hallan en el ejercito no pueden          desayunarse  por falta de carne como por el mal orden que hay en dicha   proveduria (3)     
Entre los campesinos y estos hacendados estrechamente vinculados a la cultura local el alimento alcanzaba una importancia capital. Tener carne para desayunar era en la zona una costumbre la que no se podía olvidar en los días difíciles de la guerra. Gran parte de Oriente y en especial Puerto Príncipe eran  territorios ganaderos donde la carne de res es todo un ritual. Los líderes militares hicieron un esfuerzo considerable para buscar ganado para sus soldados y los familiares de estos.
Un general insurrecto  contaba con regocijo casi infantil que en su campamento:  
   por todos los ranchos se ven varas de tasajos y montones de boniatos, mangos, cañas y hasta zapotes y si algún curioso escarba algunos montones que sobresalen de la tierra encontrara nísperos puestos a madurar con el calor del sol. Esto es en fin, un campamento encantador, lo que no es de extrañar en nuestra bella Cuba.” (4)
El   3 de enero de 1874 escribe Céspedes  en su diario: “Habiéndose inutilizado el mulo de una pata, fue preciso matarlo. Se repartió la carne a la tropa y a las familias.”  (5)
Esto creo una inesperada situación: “El campamento esta alegre con la abundante comida que le he proporcionado.”  (6)
Se siente el orgullo del buen padre de familia que sabe que su gente  está bien alimentada. Mientras existieron las condiciones los líderes regionales  cubanos  alimentaron a sus hombres con abundancia de viandas y carnes. Al principio no fue asunto difícil obtener tales productos. Estos territorios donde operaban las fuerzas libertadoras tenían una vieja tradición  agrícola y ganadera. Existían  reservas de alimentos de todo tipo. Grandes sembrados de yucas, boniatos, ñames, plátanos y otras viandas se   extendían en las áreas controladas por los mambises. Haciendas y potreros de crianza con más reses que días de hambre.
Se puso en evidencia la preocupación por recolectar estas cosechas. Un general mambí en enero de 1869 expedía una orden a los capitanes de su división: “... para que  dispongan la recolección de los maises cosechados en sus distritos, haciéndolo   también referente a los demás frutos”. (7)
Muy pronto con el desarrollo de la ofensiva española la situación varió. Las familias comenzaron a abandonar sus estancias y fincas. Pero de todas formas la situación no cambió  bruscamente. Muchos de estos  sembrados como la yuca, ñame, boniatos, maíz o plátanos,  podían sobrevivir incluso a la falta de atención humana. Cuando estas plantas alcanzan cierto desarrollo pueden quedar a merced de la hierba y las maniguas. Es cierto que disminuye su rendimiento pero siempre dará una producción que  puede ser importante. Por lo tanto lo esencial era descubrir donde se encontraba  un sembrado de boniatos o ñames abandonado en las fincas y haciendas destruidas  por la guerra.
La tradición oral dejada por los mambises nos dice que en ocasiones estos cortaban los cangres o arbusto de la yuca, cuando   era comestible, para que el tubérculo continuara bajo tierra cubierto por la hierba que se desarrollaba en el abandonado campo. De esa forma las columnas hispanas se encontrarían con un herbazal sin sospechar que bajo el se   ocultaba  un  nutritivo universo de viandas. (8) En ocasiones se hacían  sorprendentes descubrimientos. Un mambi anotaba: “...encontramos (...) una pequeña finca abandonada a la margen   de un arroyo.” (9) Esta finca  podía guardar en sus campos olvidados  sembrados.
Algunas reses extraviadas en los bosques y sabanas quedaron vagando a su suerte. El asunto era descubrir el ganado. Pero el tiempo fue transcurriendo. Había más gente hambrienta que campos de boniatos o yucas olvidados en un rincón de una sabana.
La respuesta insurrecta inicial fueron los cultivos en las prefecturas. Los mambises sembraban en ellas   fundamentalmente los cultivos que se daban debajo de la tierra para que al prenderles fuego los enemigos a los potreros estos no se quemaban. También cuando sacaban boniatos o ñame dejaban plantado el bejuco del boniato o el cabezón del ñame para que en el propio lugar volviera a fructificar la planta.
La destrucción de los productos agrícolas llegó a ser tan significativa en la mentalidad de los colonialistas que en un texto elaborado por un oficial veterano de  la contienda se explicaba en detalles como destruir las viandas que se encontraban en los sembradíos enemigos. (10) El objetivo del texto era  que sirviera para la instrucción en las academias militares por si estallaba una nueva guerra. Las columnas españolas cuando no podían conducir  el ganado lo sacrificaban para evitar que los mambises lo utilizaran. 
Un revolucionario  narraba la acción de una tropa española que ocupó una hacienda  utilizada para abastecer a los revolucionarios.
       Mataron como treinta reses, veinte o mas carneros y otros tantos puercos. De esta tres clases de   carne tan solo aprovecharon la quinta parte, pues todo yacía botado en los corrales  y en los  cuartos. (11)
Los insurrectos acudieron a sembrar en apartados rincones de Cuba Libre sus viandas y granos. Esto en parte solucionó sus problemas. Un diarista mambí describía en estos términos una prefectura:
     Se ha desmontado un gran espacio de terreno muy quebrado y vistoso, y se han construido mas de veinte bohíos, de los cuales algunos están pintorescamente situados. Se cultiva maíz, arroz, boniatos, frijoles, caña, ñame y además coles y otras verduras, siendo la de mayor importancia la rica hoja del tabaco. (12)
Las prefecturas dependían mucho de las posibilidades que tenían los mambises para ocultarlas  del enemigo. Escoger los lugares más recónditos, borrar sistemáticamente los rastros o tener varias vías de acceso para evitar que las huellas  crearan veredas   donde los exploradores enemigos pudieran identificar  su uso cotidiano. Crear todo un sistema de vigilancia para descubrir las fuerzas contrarias con anticipación y defender la prefectura o permitir la fuga de sus miembros. Conocer en detalle las posibles vías de retirada. Esto era posible por una vinculación muy estrecha del soldado insurrecto a su región.  Pero los españoles con la utilización de un hábil sistema de exploradores y las tristemente célebres guerrillas lograban muchas veces descubrir y asolar  las prefecturas. 
También  se puso en funcionamiento un  mecanismo regional de abastecimiento. Se generalizó un activo comercio con el territorio enemigo. Individuos que residían en los poblados españoles recibían dinero de los mambises, adquirían productos y se los hacían llegar a los revolucionarios. Muchas veces actuaban  de forma espontanea sin recibir retribución. Otras obtenían alguna ganancia de ese comercio ilícito. Si los españoles lo detenían era muy probable que los ejecutaran tanto a los que  actuaron por convencimiento o por las ganancias. Por lo que este tipo de actividad generalmente se hacia a través de personas conocidas. Tomemos a la ciudad de  Camagüey que aunque no fue el único caso pero allí ese tipo de comercio se realizaba con bastante intensidad. Vicente García que visitaba con cierta regularidad a Camagüey se aprovechaba de este comercio.
El 23 de julio de 1874 Vicente García, que se encontraba en Camagüey,  escribió en su diario de campaña: Mande el practico Betancourt que me dio Sanguily, al punto donde deben sacarle unos efectos del pueblo á este general, di una onza a Betancourt para que me la mandara cambiar y encargué unos efectos con papel moneda español ... (13) 
En este tipo de actividad entraba la alta dirección militar y política de la revolución. Aunque se  prohibió el comercio con el enemigo  por parte de la República Cubana pero en la práctica se hacia con bastante frecuencia.    Vicente García  el 11 de septiembre de 1874 nos dice que: “Escribí a Gómez y Modesto pues mande a Coello al Camagüey en solicitud de los efectos que encargue al Príncipe.” (14)
El 12 de octubre  de 1875  el tunero  nos dice  que el perfecto de Alcalá a conseguido  400 cápsulas: “ ... sacadas del enemigo y me da noticias de estas corrientes y promete  mucho la comunicación a su cargo...” (15)
El 23 de agosto de 1874 Francisco Varona escribe en su diario:  “Recibo algún parque extraído de las Tunas...” (16)
Vicente García dejo una interesante descripción de quienes realizaban este comercio:
       ... nos dirijimos a las inmediaciones de la zona de cultivo de Camagüey. Esta se halla arruinada casi por completo a virtud de las incursiones de los cubanos, al extremo que hoy solo la habitan miserables estancieros, los cuales en su totalidad se comunican con los cubanos y les sacan   cuanto necesitan del Camagüey donde van a vender carbón y viandas los habitantes de la zona espresada han venido a ser considerados de  hecho casi neutrales..  (17)
La alimentación  no  debía depender tan solo de la suerte que tuvieran  los agricultores independentistas para burlar la persecución contraria. Tampoco la habilidad para descubrir un boniatal abandonado o algunas jutías podía ser toda la esperanza para saciar el hambre de gente tan noble. Ni del ocasional comercio con el enemigo.
Entonces los mambises comprendieron que además de las armas  buena parte de las vituallas estaban en terreno contrario y era necesario arrebatársela a los “dueños del país”.  Un general mambí le escribía a Miguel de Aldama:
 “Necesitamos recursos, pero no crea usted que sean muchos: no queremos ni armas ni medicinas, ni alimentos, ni vestuarios, ni calzados; todo eso lo tiene el enemigo y nosotros  sabemos arrebatárselo; necesitamos una sola cosa- mucho parque.” (18)   
La búsqueda de vituallas influyó en las operaciones militares. En cierta forma se convirtió en un sentido de la guerra. El abastecer a estos campesinos y vaqueros de carne de res era una verdadera obsesión para sus líderes militares.
Un líder revolucionario comentaba:“ Necesitado de ganado las fuerzas de que en este distrito operan a mi mando, determiné ir a buscarlo al cuartón enemigo de Samá.” (19)
El criterio del guerrillero tiene cierto parecido  al  de un vecino que  se dispone a ir a una carnicería  a adquirir un poco de carne para el almuerzo del día. La búsqueda de carne en territorio enemigo alcanzó una alta intensidad. Si echamos un vistazo a lo que ocurría en el campamento de Vicente García, en mayo de 1872, nos encontramos con un frenético ritmo de captura  de animales que sirvan para la matanza. Todos ellos extraídos de territorio enemigo.
El 9  de mayo mataron 6 reses en el campamento del comandante Fonseca. Uno de los subordinados de este jefe.  El 10,   Vicente García: “Mandó un piquete de 20 hombres a hacer carne al “Barroso”. (20) El  12 regresaron unos  vaqueros que había enviado el Comandante Fonseca con 2 reses y un mulo muerto. Mientras el 13 el capitán Torres de la tropa de Vicente  “..con 30 hombres fue por carne al “Barroso” nuevamente. (21) El 15:   “Regresaron los vaqueros del Comandante Fonseca con 5 reses.” . (22)El 16 fue: “El Alferez Almaguel a hacer carne y el Sargento Telesforo Avila a viandas.” ”. (23) El 18: “Salió el Teniente Benigno Guede con 20 hombres por carne al Borroso. ”. (24)
Este ritmo frenético de buscar carne y viandas se podía ver en cualquier campamento mambí. Ese ganado se extraía del territorio contrario por lo que devenía en una peligrosa operación.  En ocasiones se hacían estas operaciones  con la participación de grandes concentraciones de fuerzas. Fernando Figueredo Socarrás escribió al respecto:
"Esta operación, que no dejaba de ser peligrosa y delicada, se llevaba a cabo de día o de noche, según el número de hombres que en ella habían de tomar parte, y consistía en marchar a un puesto enemigo y a su vista proveerse de viandas, reses, aves, etc. Los españoles por regla se contentaban con hacerles algunos dis­paros a los intrusos como para llenar el expediente: algunas veces cuando tenían la seguridad de que el número de hombres era reducido se aventura­ban a salir de sus trincheras y apoyados en ellas libraban una pequeña escara­muza. Por lo regular, no se impedía nunca a los cubanos que se proveyeran de lo que necesitaban". (25)
El periodista James 0'Kelly dejó una interesante descripción de una de estas operaciones:
"Como el campamento de Agua no podía suministrar re­cursos suficientes para la guarnición se organizaron expediciones contra los poblados españoles, a fin de conseguir alimentos... Los voluntarios cubanos, que son los que, por lo regular, ocupan dichos poblados, se encuentran sa­queados a veces tanto por los mambises como por los españoles. Cada vez que los cubanos verifican una de estas correrías, las guarniciones de esos poblados se ven obligadas por lo insuficiente de su número que no les per­mite hacer frente a sus contrarios en campo abierto, a retirarse a las fortifi­caciones, abandonando, por consiguiente, las cosechas que en su impotencia no pueden defender". (26)
Hay diversos ejemplos de estas acciones. Veamos uno de ellos.  El 30 de mayo de 1870 Grave de Peralta le escribió a el coronel Quintilio Villareal: Disponga que las fuerzas de los CC comanditase Belisario Grave de Peralta y Jose Ma de Peña esta tarde pasen al platanal que se halla  frente á las trincheras de Camasan para  se tomen de allí los plátanos que tenga o que puedan traer si para ello se necesita hostilizar al enemigo que sea enérgicamente .. (27)
Este tipo de actividad esta estrechamente vinculada con la acción de las partidas que operan en una zona determinada. Pues muchas veces no eran grandes  grupos de insurrectos sino cifras muy reducidas que aprovechando la noche se apropiaban de los productos del contrario. En las zonas de cultivo de esos poblados regularmente los hispanos situaban emboscadas nocturnas. Para eludir esa acción represiva era necesario tener conocimiento del lugar  e incluso en ocasiones tener relación con algún  vecino del poblado.
En los  ataques a convoyes era necesario también un conocimiento de la región y sobre todo tener una red de informantes que mantuviera al tanto a los liberadores de esas operaciones de abastecimiento enemigos.  Hay numerosos ejemplos de este tipo de acciones que iban desde la captura entre Guantanamo y Tiguabos de “ 2 carretas cargadas de provisiones y 4 000 capsulas” . (28) a mediados de mayo de 1872 hasta los esplendorosos ataques a convoyes realizados por Vicente García.    
Los asaltos a poblados, ciudades y convoyes y la obtención de vianda y reses en territorio enemigos devinieron en el caso de Oriente  en el objetivo esencial de las operaciones militares. La mayoría de las operaciones y combates estaban vinculados de una u otra forma con estos acontecimientos.  Esto hizo que la contienda adquiriera  un carácter cada vez más regional y de pequeños caudillos. Los tenientes y capitanes de secciones y compañías que conocían al detalle el terreno donde operaban  o tenían en sus fuerzas hombres que tuvieran esa posibilidad  adquiriendo singular relevancia. Esto facilitó que  las operaciones en territorio enemigo fueran cada vez más significativa para el abastecimiento.
NOTAS
1--- Francisco de Arredondo Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 25 
2--Felix Figueredo  La guerra de Cuba en 1878, La protesta de Baragua, Publicación del Consejo científico del Ministerio de Salud Publica, La Habana, 1973, p 107
3--Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador.   Número 820, de 13 de diciembre de 1869
4--Fragmento de una carta de Calixto García a su esposa del 20 de junio de 1874.
En:  Periódico la Independencia, Organo de los Pueblos Hispano – Americanos, N.Y, septiembre. 24- 1874 # 90 año II.  Los editores del periódico probablemente retiraron los párrafos iniciales de la carta, tal vez más íntimos, dada la forma en que se inicia el texto en el periódico.
5--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana. 1992.   p 242
6--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 242
7--Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador.  A los capitanes de partido 12 de enero de 1869
8---Testimonio al autor de Urbano Sintes Martínez
9---Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 99
10---Adolfo Jiménez Castellano. Sistema para combatir la insurrección  en Cuba  según lo que aconseja la experiencia,  Madrid, 1883
11--Juan J Pastrana. Ignacio Agramonte Documentos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1974,  p 246
12--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El diario perdido. Publicimex S. A., 1992,  p 268
13--Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyendas y realidades. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 171
14--Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidades. op cit  p 174
15--Victor Manuel Marrero  op cit   p 213
16--Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación de las guerras de independencia. Documentos Históricos, 1868 1878,  Tomo V, p 347
17--Víctor Manuel Marrero Vicente García  op cit p 161
18--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón .Editorial Oriente. Santiago de Cuba ,,2005 p 120
19--Parte oficial de Calixto García referido a acciones militares del 14 de julio de 1872.
En: Periódico la Revolución de Cuba, N. Y.- 9 de noviembre de 1872. ANC. Donativos y Remisiones. Fuera de Caja No. 2
20--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131 
21--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131 
22-- Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131 
23--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131 
24--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 130 131 
25--Femando Figueredo Socarras: La revolucion de Yara  Ob. cit., pp. 60, 61.
26--James 0'Kelly: La tierra del mambí, Ob. cit. pp. 329, 330.
27--Museo Provincial de Historia. Fondo Julio Grave de Peralta.  Libro copiador.  número 1425 del 30 de mayo de 1870

28--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 93

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