José Abreu Cardet
Máximo Gómez afirmó
que para obtener la victoria en la
guerra de 1868 eran necesarios:[1] “... algunos elementos de
guerra y un poco de constancia” ” . [2] Se ha escrito en algunos
textos como los mambises obtenían esos “ elementos de guerra” pero como
fundamentaron ese “ poco de constancia ” se conoce mucho menos. Es esta una pregunta que reclama una
respuesta. Nos hemos acostumbrado tanto a repetir la expresión “Guerra de los
10 años” que en cierta forma ha perdido su sentido de expresión de tiempo. Tampoco hemos intelectualizado lo que
pudo significar para una persona, en especial para alguien
de mediados del siglo XIX, donde la esperanza de vida no era tan prolongada.
Podía ser perfectamente un quinto,
un cuarto y quizás hasta más
del total de la existencia
de cualquiera de aquellos hombres y mujeres.
¿ Cómo
resistieron tanto tiempo?. Hay una respuesta elemental: la
intransigencia independentista. Era
la esencia de la “...vorágine de la guerra de los diez años.”[3] como la llamó Enrique Jose
Varona. Ese es el gran mecanismo
mental que conformó una espiritualidad del sacrificio.
Desde esa sólida base
debemos de iniciar la construcción de todo argumento para entender la
resistencia. Pero es de pensar que en la mísera vida cotidiana de esta gente
existían toda una serie de mecanismos, que sumados, harían más soportable cada
día, cada noche de humedad y hambre,
de calores y mosquitos, de fugas y combates. Detalles que, quizás, hoy
nos parezcan insignificantes pero que para ellos alejaron la soledad, la
desesperación, la incertidumbre
por el futuro. Eso es lo
que llamamos los mecanismos de la resistencia. Es asunto
difícil de determinar con ejemplos. Quizás cada mambí llevaba en su macuto un
cúmulo muy particular de motivos que explican su hazaña. De todas formas hay
aspectos comunes sobre los que podríamos hacer algunas generalizaciones.
Entramos en un campo inseguro para un historiador, más acostumbrado por el
oficio a moverse entre datos muy concretos, criterios argumentados con buena letra en papel o evidencias de diverso origen;
pero siempre perceptibles a los
ojos, al oído o al tacto. Ahora
comenzaremos a andar en un mundo
en extremo subjetivo. Lo dicho y afirmado aquí es producto de un análisis
basado en la consulta de una voluminosa documentación y bibliografía; pero
siempre en asuntos humanos hay campos intangibles. Similares al efecto de esas
aguas subterráneas que de humedad en humedad van avanzando hacia la superficie
hasta que un día producto de la búsqueda humana o las circunstancias geológicas
brotan para constituir un manantial en la montaña o el desierto. Los motivos de
la gran resistencia del 68 tienen fuerzas ocultas que no son mágicas ni
sobrenaturales. Fueron productos de las circunstancias o de las acciones de
aquellos hombres y mujeres. Intentaremos encontrar ese mundo espiritual y
material que consolidó el espíritu de la resistencia por 10 años. Quizás no
tengamos todas las razones. Es posible que existieran otros motivos que
consolidaron la gran y desesperada resistencia . Pero de todas formas
consideramos como válido el que:
la familia, la mujer, el
regionalismo, la democracia, la solidaridad cotidiana, entre otros estarían presentes en el argumento de la gran resistencia.
EL PRIVILEGIO DE PEDRO
Si
analizamos con cuidado la historia de la guerra de 1868 podríamos afirmar que
esta fue organizada, en buena medida,
por un grupo de parientes pertenecientes a antiguas familias criollas del oriente y el centro de
la isla. Diversos ejemplos demuestran que
la mayoría de los líderes regionales de octubre de 1868 surgieron de las
grandes familias de terratenientes del oriente y el centro de la isla. Es
posible que algunos ya no tuvieran el abolengo material de sus antepasados pero
tras ellos estaban los cimientos de una vieja y patriarcal familia criolla.
Los antepasados de Carlos
Manuel de Céspedes por la parte del padre residían en Bayamo desde la
primera mitad del siglo XVII.[4] De Francisco Vicente Aguilera anotó uno de sus biógrafos que
sus antepasados pertenecían a una
de: “... las mas distinguidas y acaudaladas
familias de aquella comarca” [5] Los padres de Ignacio Agramonte: “... descendían de antiguos pobladores” de Puerto Príncipe.[6] Eduardo Agramonte Piña,
futuro coronel mambí, tenía antepasados en la región que se remontaban al siglo
XVI.[7] La familia Betancourt que
daría destacados patriotas, entre ellos a Salvador Cisneros Betancourt, Ana
Betancourt y otros se había establecido en Cuba a mediados del siglo XVII[8] La familia Agüero que aportó algunos de los líderes de la
guerra en Puerto Príncipe hundía sus raíces en el siglo XVI. Estaban emparentados con Vasco Porcayo de Figueroa, personaje relevante en los primeros
años de la colonización.[9] Pedro Figueredo remontaba sus antepasados en Bayamo al siglo
XVII.[10]
Los orígenes de la familia
holguinera Grave de Peralta
alcanzaban el siglo XVII. De ella
procedían los hombres que dirigieron la guerra de 1868 en esa jurisdicción por lo menos en sus primeros años.[11] Otros líderes de menor
relieve también pertenecían a antiguas familias. Este fue el caso de Guillermo Cardet Weathom[12], Miguel Ramón y su
hermano Prisciliano Cardet Zayas. El primero de ellos, Guillermo, llegó a ser teniente coronel
en la guerra de 1868 y coronel en el
1895. Fue un personaje de indudable influencia en el mambisado. Al
extremo que Antonio Maceo lo expulsó de su zona de operaciones cuando se
convirtió en propagandista de uno de los movimientos regionalistas que estallaron en la guerra de 1868. La familia Cardet tiene sus raíces en
el siglo XVII holguinero y en el XVIII camagueyano.[13]
Mientras, en Santiago de Cuba, Agustín Portuondo Ramos fue
uno de los tempranos
conspiradores. Se sublevó y llegó a alcanzar el grado de teniente
coronel. Era miembro de una antigua familia santiaguera, cuyos orígenes se
encuentran en el siglo XVII. [14] Brígida Zaldívar Cisneros, la esposa de Vicente García,
procedía de una antigua familia criolla. El padre de esta patriota descendía de
una familia establecida en Puerto Príncipe desde el siglo XVII.[15]
También existan antiguos
vínculos de parentesco entre
familias. Por ejemplo una de las bisabuelas de Pedro Figueredo era hermana de
un bisabuelo de Carlos Manuel de Céspedes.[16] Vicente García González y Francisco de Varona González, dos
de los líderes tuneros eran primos.[17] Mientras Francisco Muñoz Rubalcava, que sería
general del 68 en esa comarca, era casado con Tomasa de Varona hermana del
futuro general Francisco de Varona y prima de familiar en la casa de Vicente García o de
Francisco Varona se Vicente García[18] En cierta forma el máximo
liderazgo tunero se conformó en torno algunas familias de la región. En un almuerzo podía decidir el inicio
de la contienda .
Escoger los lideres
militares de miembros de las grandes familias de terratenientes criollos es
comprensible. El 9 de octubre de 1868
no se ha creado un grupo de individuos que se destacaron por su participación en acciones combativas. No
existía una cultura bélica. No estamos ante el caso de Santo Domingo donde el
antecedente bélico tendrá una gran
importancia prácticamente desde el origen de la colonia con su enfrentamiento a
los franceses de Saint Domingue y luego del fin de la dominación española en la lucha contra los haitianos para continuar en la Guerra
de Restauración y las numerosas contiendas civiles.
La sociedad dominicana
cuando decidió sublevarse contra España en 1863 podía seleccionar a sus líderes
de esos caudillos militares. En cierta forma en cada barrio había un héroe de
la guerra contra los haitianos.
En esa situación un individuo que
no pertenece a la elite terrateniente pero de condiciones excepcionales como
militar podía alcanzar un papel social y político muy por encima de sus
orígenes. En Cuba la guerra contra los piratas y corsarios en los siglos XVI y
XVII está demasiado lejana en 1868.
Fuera de la intervención inglesa, en el siglo XVIII, con el desembarco en Guantánamo y la toma de La Habana no hubo un intento de ocupación del país que
conllevara una lucha en que toda la población se viera envuelta. Incluso los
mas recientes ataques de los llamados corsarios insurgentes era un tema también
muy lejano y que realmente, aunque afectó el comercio y se provocaron acciones en tierra, pero no en el sentido de marcar la historia
del país con una tradición militar.
Por lo que el cubano de octubre de 1868 no
tenía otra referencia para buscar sus líderes militares en los muchos y complejos lazos que habían
creado las familias criollas de terratenientes desde el inicio de los tiempos
de la isla. Estamos ante una fuerza mas bien movilizativo que propiamente militar.
Al
estallar la contienda y prolongarse
implacablemente el papel de la familia también alcanzó una gran
relevancia.
En los
momentos más dramáticos de la
guerra cuando: “...la
cobardía y la traición se habían desarrollado grandemente ... nadie estaba
seguro de nadie.[19]
El vinculo familiar podía
sellar una alianza difícil de romper por peligrosas que fueran las
circunstancias.
Un ejemplo
es la familia Feria en
Holguín. Gozaban estos de la confianza del líder local Julio Grave de Peralta. Hay un caso
bastante curioso sobre esta familia y que nos refleja la mentalidad de la
época. El 7 de marzo de 1870 el general
Julio Grave de Peralta nombra a Jesús de Feria jefe interino de su
Estado Mayor. [20] Cuando Julio selecciona
al jefe definitivo del mismo el 25
de mayo de ese año escoge a Luis
de Feria Garayalde que es primo de
Jesús de Feria . [21] De esa forma el estado
mayor se conformaba con una especie enroque y movimientos de integrantes de antiguos familias
holguineras. La mayoría de
los demás miembros del Estado
Mayor eran hermanos, primos o sobrinos de Grave de Peralta. Los dos Ferias no negaron la confianza que merecían.
Jesús de Feria acompañó a Julio al exterior en busca de una expedición. Retornó
con el a Cuba y murió en combate
pocos días después del desembarco. Luis de Feria llegó a general de división y
combatió en las tres guerra de independencia.
El asunto tenía viejas
raíces en la historia. Era tan inconcebible la traición al pariente que Dante, en su Divina Comedia,
sitúo a los que habían caído en
tal falta en el noveno círculo del
infierno. Sometidos a la cruel tortura de un frió invierno:
yacen las sombras en el
lago helado
Para un meridional este debía de ser el más
horrible de los castigos. Los cubanos
en cierta forma estaban emparentados con el florentino y su formación
latina, pero en especial con el
elevado concepto que tenía esa cultura de las relaciones familiares. Asunto que
pese a todos los cambios sobrevive todavía en la Cuba de inicios del siglo XXI
como cualquier vecino de barrio podrá comprobar sin mucho esfuerzo.
Al lado de esta condición de ser miembro de una antigua familia es necesario tener en cuenta lógicamente las condiciones personales del futuro líder que le creaban arraigo en sus comarcas.
Pero era difícil que una persona que no fuera miembro de una de estas familias
llegara a alcanzar relevancia a nivel de región en el momento del alzamiento.
El pariente daba un aporte significativo a la actividad
bélica. Conformaba compromisos que
eran sagrados. El hijo o el sobrino del convencido muchas veces sigue el sendero
insurrecto.Parientes sanguíneos o espirituales
o gente de alguna forma vinculada con un familiar causaban mayor confianza que
un desconocido.
La guerra no perdió ese
sentido de asunto de familia que había tenido desde el principio. En carta a su esposa el 18 de octubre de 1871 dice Céspedes: “
... reuniéndonos el 20 con Luis Figueredo en una finca de su familia llamada Toti . [23]
Se daba por descontado que
estos parientes de Figueredo que recibía a la comitiva presidencial en su finca
no lo traicionarían. Cuando ocurría la traición de algún miembro de una de esas
antiguas familias patriarcales se
excluía a estas del bochorno. Se consideraba que había sido un hecho
excepcional que los parientes rechazarían.
Ante la traición de dos
altos oficiales del ejercito libertador pertenecientes a antiguas familias
orientales Calixto da por sentado el rechazo de la parentela:
“ Un odioso
amor a la vida o un mal entendido amor a sus familiares respectivas los ha
arrastrado a la traición, a la
infamia. Un odioso amor a su vida, porque es odiosa la vida sin honor. Un mal entendido amor a sus familias, porque sus familias los
execrarán.”[24]
No podemos comparar el sentido que hoy se le da a las
relaciones familiares en la mayoría de las sociedades modernas e incluso desgraciadamente en la
nuestra con lo ocurrido en 1868. Relación hoy que está definida por una palabra
bochornosa; Nepotismo. “ Protección desmedida que dan algunos políticos y
funcionarios a sus parientes y amigos”[25] Es cierto que el pariente, casi por regla, tenía lugar
preferente en los estados mayores,
en los altos grados y cargos militares del Ejército Libertador. Asunto
que fue criticado por no pocos contemporáneos. Pero tal selección era también el tener el privilegio de ser
punta de vanguardia en las emboscadas más temerarias, integrar la avanzada en
las cargas de caballería y convertirse en figura muy codiciada por el fusil del
infante hispano. Era tener lugar preferente en el patíbulo, en el pelotón de
ejecución colonialista.
Nada más
elocuente para entender los complicados caminos que se tendían entre compromiso
y familia que una anotación que hizo Carlos Manuel de Céspedes al enterarse del
fusilamiento de su hermano Pedro: “En fin sea por Cuba! Nadie tiene mas derecho
á padecer por ella que mi
familia.” [26]
No existía otra posibilidad
para un Céspedes.
LA
FAMILIA EN LA RESISTENCIA.
Una
parte importante de las familias del territorio donde estalló la guerra de 1868
siguieron a sus hombres a los caminos de la guerra. La protección de esta familias era un asunto difícil que desvelaba a los oficiales y soldados. No se quería pensar que una contraguerrilla española
descubriera la ranchería donde residía la familia. Todavía podemos sentir el
pulso de la zozobra en Máximo Gómez
por la suerte de su esposa
y su hija en una carta a un amigo. Ha leído en la prensa enemiga la captura de una mujer y una
niña : “... escríbeme y háblame de Manana; sácame de una duda amarga” . [27] Manana y su hija están a salvo es la respuesta
que le llega. Pero ¿ hasta cuando?.
Incluso algunos padres
hicieron todo lo posible para conservar sus hijos junto a ellos.
En diciembre de 1869 un vecino que residía en Cuba
Libre le escribió al jefe de la división que había reclutado a su hijo
C. Gral.
En virtud á la humilde petición que le hice y que tuvo
V. á bien dignarse el atenderme,
concerniente al memorial por mi hijo Santiago pues demasia do bien sabe V. el estado de mi esposa
y la abanzada edad de ambos pues el
es nuestro unico sonten nuestro unico amparo para nuestra bejes V. sabe que mi esposa ni yo servimos para nada, pero si todo cuanto
tenemos esta dispuesto por la causa, pues nada tenemos reservado como V. sabe y
asi espero que se digne el
otorgarme esa gracia que quedara grabada en nuestro corazon; y si usted desea
el que mi hijo pase al servicio quedando nosotros solos, espero que sea en una
partida que lleve gusto y no en la que lo tienen apuntado pues el no desea ir á
esa partida que solo por temeridad lo desean algunas enemistades. t[28]
Desconocemos que hizo el general ante la dramática
petición. Quizás mejor no conocer de la duda atroz entre el deber y la piedad.
Pese a la distancia emotiva que
impone el tiempo por primera vez en mi profesión me alegre de no encontrar más
información sobre un acontecimiento. No tener oportunidad de saber lo que le escribió este general a los
desolados padres.
Era inútil organizar la
defensa de la familia manteniendo
a uno o varios de sus miembros armados en las rancherías donde mujeres, niños y
ancianos descansaban sus penurias. El enemigo, superior en hombres y armas, acababa imponiéndose y
liquidando a los defensores y apresando a los desvalidos.
Pese a todo esa fue una aspiración
constante de muchos mambises,
proteger a sus familias de forma individual. Céspedes reflejó esta situación en un caso particular, al anotar en una carta a su esposa, el 18 de octubre de 1871: “Estoy lleno de temores por la vida de
Javier y Ricardo; pues no quieren separarse de la familia y con eso hacen sus
presas fáciles los verdugos españoles, como ha sucedido con Miguel Figueredo y
otros”. [29]
Carlos
Tellez uno de los líderes de la insurrección en Holguín fue asesinado por los
españoles al ser sorprendido en una prefectura y tratar de proteger
su familia.[30] Igual suerte corrió el
teniente abanderado de la división de Holguín Prisciliano Cardet Rojas.
Sorprendido por una guerrilla fue macheteado delante de sus parientes.[31] El coronel Eduardo Cordón
se encontraba junto a su esposa e hijos cuando fue sorprendido por fuerzas
contrarias y asesinado.[32]
Esta situación se convirtió en una gran preocupación de
los jefes y oficiales. Se producían deserciones de hombres armados que concluía
en el rancho de la parentela. Era necesario constantemente buscar a esos
prófugos, andar tras carabinas y
fusiles que permanecían prácticamente inútiles en un bohío o un vara en tierra
de una prefectura cualquiera. Era frecuente el designar combatientes para
requisar esas armas. Existe una
abundante papelería insurrecta que a si lo acredita. Un general mambí en 1869
disponía que: “El C Ramírez Sargento 2do
tiene una Comisión para recoger todas las armas que halle en mano de hombre que
no este sin prestar servicio en las filas.[33]
El mismo general llagaba
al extremo de designar a un alto oficial con ese objetivo: “El portador, Gefe de mi Estado Mayor
pasa á su casa á recoger el
Remington que mantiene en su poder él C. que se halla enfermo en su
casa, si este C. se negare a entregar dicha arma le hará V. que inmediatamente
venga a á incorporarse a esta fuerza”.[34]
Los mambises hicieron un esfuerzo
considerable por amparar a
estos indefensos. En ocasiones
compañías y batallones se habían enfrascado en un desigual combate para
proteger a un puñado de niños y mujeres.
Uno de los oficiales de
Máximo Gómez durante la campaña del invierno de 1869 dejó testimonio de la
situación creada por las familias a las fuerzas libertadoras.
Los españoles
habían ido estrechando el cerco y se movían incesantemente; nos batíamos á
todas horas; abrumados, además, por el sin número de familias que buscaban al
amparo de nuestra fuerza para escapar la persecución del enemigo.[35]
En esa misma campaña
terrible, el 15 de febrero de 1870, el coronel Loreto Vasallo avanzaba desde
Aguada de la Piedra hacia San Antonio en las llanuras del Cauto:
..
...conduciendo varias familias que habían acudido á el pidiendole proteccion
para pasar aquel punto, y ya en camino trató tambien el enemigo emboscado de
dispersarle la gente; logro este jefe (...) hacer que a su vez que las nuestras
cayeran sobre la emboscada lo que se efectuo desalojando al enemigo de su
posicion (...) sin que pudieran quitarle ninguna familia que era todo su
interes.[36]
Este oficial
mambí describe el cuidado ofrecido a este puñado de desarrapadas mujeres, niños
y ancianos como un almirante de
la flota podía informar a sus superiores en otra época la
defensa de un galeón cargado con el oro o la plata de América. Mientras Máximo
Gómez jefe del departamento occidental, ante la presencia de una columna
hispana, no duda en escribirle con
el pulso de la urgencia al mayor general Julio Sanguily “... corra a avisar a
las familias para que no cojan a nadie descuidado” . [37]
En cierta forma
la esencia de la resistencia estaba en este grupo de mujeres, niños y hombres.
Eran el más preciado tesoro para
los insurrectos.
LA FAMILIA: LA
GRAN PROTAGONISTA OLVIDADA
Las familias de la burguesía
terrateniente hicieron un esfuerzo
extraordinario para adaptarse a la vida insurrecta. Llevaron sus costumbres,
sus enlaces e intereses espirituales a la gran tragedia que fue Cuba Libre.
El 23 de
junio de 1871 escribía
Céspedes: “Emilio Céspedes
hijo de mi compadre Ramón va a casarse con Candelaria Figueredo una de las
hijas de Perucho .[38]
Este comentario lo hubiera
podido hacer en el Manzanillo o el Bayamo antes del 10 de octubre. Arrullados
todos por la paz triste del colonialismo.
El mismo Céspedes inició y mantuvo su idilio amoroso con su esposa Ana de Quesada en
Cuba Libre. Mientras es muy conocido
el apasionado romance de Ignacio y Amalia. Todas ellas sufrieron los
horrores de la guerra. Ana de Quesada
perdió un hijo. Muchas de ellas fueron capturadas por las fuerzas
españolas como ocurrió con Amalia Simoni otras se presentaron, en algunos casos
bajo la presión de sus esposos, hermanos o padres. Otras fueron asesinadas
quizás muchas ultrajadas, vejadas.... Todas sufrieron como mínimo la burla
hiriente de un ejército enardecido y vengativo en el momento de caer
prisioneras o presentarse. Ana Cabrera, la suegra de Calixto García, fue capturada junto con su
familia. La anciana se encontraba
enferma lo que:
... obligó a
que la montaran en uno de los mulos de la artillería. El animal no hecho a ser
montado, siendo de tiro, con frecuencia corcobeaba, tirando al suelo a mi
abuela; provocando las risas y burlas de la soldadesca, hasta que el se negó a
seguir así prefiriendo caminar enferma y débil como estaba.[39]
Incluso la presentación de
estas mujeres no menguaba en nada su espíritu independentista. La mayoría
continuaron colaborando desde las poblaciones o desde el exterior con la causa independentista.
La tierra del mambí hizo
una cuidadosa selección de sus ciudadanos. Quienes no reunieran, además del
convencimiento patriótico, los
requisitos físicos y las habilidades para vivir en condiciones tan
adversas no podrían soportar la dura vida de la campaña. Una vida que llegaba a
los límites más bajos de la miseria y los horrores. Existen diversos testimonios
sobre los sufrimientos de los revolucionarios y sus parientes.
En Camagüey un mambí
describe una desgarradora escena que se encuentra, cuando extraviado en el bosque, llegó a un rancho:
“... solamente
hallamos en este a una pobre patriota sumamente extenuada, la que tenia en una
cama de cujes a un niño como de 3 o 4 años de edad; convertido en un esqueleto
con vida. Al preguntarle el general
Diaz de Villegas, ¿que tenia el niño? Le contesto : “se muere de
necesidad” , hace pocos días se me murió uno de año y medio... Al aconsejarle
que se presentara; colérica contesto: no jamas... ”[40]
Mientras el general
Federico Cavada afirmaba en carta a un conocido que las mujeres mambisas
vivían: “Escondidas en lo mas oscuro de los bosques, sufriendo hambre, desnudes
y enfermedades, expuesta a la cólera brutal de la soldadesca inhumana que las
persigue sin tregua (...) Con
alguna razón se ha dicho que esta es la guerra de las mujeres” [41]
El parir en la manigua
podía devenir en una verdadera tragedia.
El 13 de abril de 1869 Isabel
Velez Cabrera, la esposa de Calixto García, se encontraba junto a las demás
mujeres de su familia en las en las márgenes de la laguna de San Pedro de
Cacocum, en las llanuras del Cauto
cuando se inician los primeros dolores del parto. En la tradición familiar quedó reflejado aquel
hecho, descrito años después por Carlos, hijo de Calixto, en su diario
personal:
“Antonio
Mangual,. oficial libertador a su paso con sus fuerzas por la ranchería donde
estaban en el monte en San Pedro de Cacocum nuestra familia, mi abuela Lucia
desde lejos con un delantal como bandera de señales llamó a que viniera alguien
a construir una cama de cujes y de
colchón corona de plátanos para mi
madre Isabel Vélez que estaba con dolores de parto. Antonio Mangual y sus
hombres acudieron y realizaron el trabajo, teniendo también que tomar parte en
"cortarle el ombligo” al recién nacido. [42]
Las penurias de la vida
insurrecta detuvieron el flujo de leche materna y la subsistencia de Justo,
como nombraron aquel niño, se convirtió en una tragedia. Para empeorar la
situación la ofensiva española, y
el consumo de los mambises iba despoblando los campos de reses. Pese a todo
aquel puñado de mujeres hicieron que el niño sobreviviera. Fue un milagro
femenino. Asunto que no tiene cabida ni explicación alguna en las Ciencias
Sociales pero que en ocasiones puede ocurrir.
Los niños fueron los mas
sufridos y también los mas olvidados. Hay muy pocas referencias de
sus tragedias mucho mayores que sus años y sus cuerpos. Máximo Gómez en carta a
un amigo tiene un momento de abatimiento cuando se siente abordado por la
nostalgia de la ausencia de un hijo fallecido en la campaña:
.... ¡Mi pobre hijo!
Inocente criatura, quedó enterrado en aquellas incultas
Pese a todo, en la Tierra
del Mambí, continuaron residiendo
una gran cantidad de mujeres, niños e incluso ancianos que lograron sobrevivir
a la persecución española y al sinnúmero
de enfermedades que las diezmaban. ¿Quienes eran estas personas.? De ellos ha
quedado muy poca referencia. Se les menciona ocasionalmente en los diarios de
campaña y en la correspondencia de los líderes revolucionarios. Pero raramente
contamos con detalles sobre sus nombres, su número, su vida cotidiana.... Pero
pese a tales espacios vacíos en la información siempre estarán presentes como un escenario constante.
Las columnas españolas de operaciones en sus informes durante toda la guerra harán referencia a estas familias que son capturadas o
que se les ha visto en fuga por
los bosques, que han dejado sus
huellas en los campamentos,
rancherías o aislados
bohíos abandonados en pleno
bosque. Ropas de mujeres o niños, enseres de todo tipo y esa atmósfera
indeterminada, pero real que
permiten ver en el entramado de la vivienda la presencia de la mujer y la familia que avisada a tiempo de la incursión enemiga
escaparon.
En la documentación mambisa
también se le refleja, con alguna frecuencia. En ocasiones son citas
trágicas que desearíamos, pese al paso del tiempo, no escuchar ni leer.
Un general insurrecto informaba que:
“Al día (3-9-1872) siguiente ocupó (el enemigo) nuestro campamento que habíamos
abandonado dando muerte á una mujer y dos niños.”[44]
En enero de 1872, Carlos
Manuel de Céspedes le escribía a su esposa: “A los 4 días de marchas y
campamentos en que nada notable
ocurrió, llegamos a un sitio de la hacienda Tacajó en que estaba
acampado el general (Calixto)
García con parte de su división y cerca de 500 familias.” [45]
En el informe de los
libertadores sobre el fin trágico
de Céspedes, en febrero de 1874, también estará presente
la familia. Los españoles : “...sorprendieron
la Prefectura (...) hiriendo y matando al C. expresidente de la República
Carlos Manuel de Céspedes y dos libertos (...) y aprendiendo cuatro mujeres con unos niños.” [46]
Mientras una de las fuerzas, que depone las armas
en La Villas en febrero de 1878, tenía casi un centenar de mujeres y niños.[47]
Desde el primero hasta el
último día de la guerra estará presente la familia. Los mambises hicieron todo
lo posible por mantener en Cuba Libre a esas familias y mujeres.
Pese a que se
considera por algunos autores que
los insurrectos trataron que se
presentaran a las fuerzas españolas cuando la guerra se intensificó. Realmente
esto es una parte de la verdad. Al parecer esa fue una actuación más común de
la élite terrateniente, de los grupos de origen más acomodados. Hay algunos
ejemplos como el de Céspedes que envío a su esposa Ana de Quesada al extranjero
o Francisco Vicente Aguilera que hizo que sus hijas se presentaran.
Estas familias no se
adaptaron con facilidad a la vida miserable de Cuba Libre. Además tenían la
opción de emigrar. Al presentarse, la vida en los poblados enemigos era más
bien transitoria.
Aunque también tomaron
igual decisión otros libertadores de menor relevancia social. Luis Guerra, un
anónimo insurrecto, de la
división de Vicente García, el 4
de noviembre de 1871: “...presento a su familia y vino para la fuerza casi
baldado de reumatismo”[48]
Mientras Gómez en su marcha
desde la parte oriental de Holguín en febrero de 1870 “... se ve precisado a hacer presentar sus hermanas” . [49]
Para las familias más
humildes la emigración era un asunto más remoto. Vivir en esos poblados
enemigos era realmente duro, tanto por las condiciones morales como materiales.
Los cultivos efectuados en los alrededores eran constantemente saqueados por
los insurrectos e incluso los españoles por lo que se encontraban con un
abastecimiento muy pobre. Hay diversos ejemplos en la documentación mambisa
sobre la pobreza que prevalecía en las poblaciones del oriente ocupadas por el enemigo. [50] Lejos de ser la familia un
estorbo, constituía un medio de
resistencia. En ocasiones al leer un texto de historia sobre la guerra de 1868
nos parece que los mambises eran una
especie de semidioses que
se dedicaban todo el tiempo a combatir por la independencia. Realmente estos
eran seres humanos con necesidades materiales y espirituales tan elementales
como la puede tener cualquier hombre y mujer de esta tierra. Una de ellas es la
compañía, la familia, la relación de pareja. Ellos como nadie comprendieron el
papel insustituible de la familia. Antonio Maceo y María Cabrales continuaron
en los predios mambises el matrimonio formado antes de la contienda. Mientras
Máximo Gómez conforma una familia en la inseguridad de Cuba Libre. Ramón
Leocadio Bonachea se casó ante un prefecto mambí, en diciembre de 1875, con la
camagüeyana Victoria Sarduy y Pérez.[51] Son los casos más
conocidos pero esos matrimonios que se mantienen durante la guerra son bastante
comunes.
A las familias que
permanecieron en Cuba Libre se les trató de proteger y de alimentar. Un general mambí que se enfrentaba a la
gran ofensiva de Valmaseda de los primeros años de la guerra sacaba fuerza y
tiempo para atender a esta multitud de desdichados. Con la lógica de la
solidaridad le escribía a uno de
subalternos:
He tenido
noticia que V. por salvarlo del
enemigo ha sacado ganado de los Alfonsos ... medida que apruebo (...) pero como
en el ganado según tengo informes hay vacas paridas espero que estas si se
presentan sus dueños (siendo estos patriotas) á reclamarlas para utilizar la
leche se las entregue porque matando estas no solo se pierden dos reses sino
que también se priva á una familia del sustento que la leche le proporciona
diariamente.
También he tenido noticias que la viuda
del buen cubano C. Antonio Alvares se encuentra en el Junco muy escasa de
recursos, con gran preferencia deseo atienda V. en cuanto le sea posible á esta familia proporcionándole cuantos
Tampoco es extraño que un
general se ocupara de cómo era tratada la esposa de uno de sus soldados en una prefectura mambisa, en los momentos más
intensos de la ofensiva española.
Cuando las tropas habían agotado casi todo el parque y el enemigo las atacaba
en sus campamentos. De todas formas el general tuvo paciencia para atender a la esposa del mambí José Alarcón.
Escuchar sus quejas, tomar una de las muy escasas hojas de papel y escribirle
al funcionario desatento:
La C Juana Ba.. Nuñez esposa del soldado de la compañía
la Invensible José Alarcon hace
quince dias acude a la proveduria en vusca del sustento y lo que recibe
en lugar de él son malas expresiones muy justo es se atienda a esta C. y creo
que asi sucedera en lo sucesivo porque debe tomarse en cuenta el servicio que
está, prestando su marido y al mismo tiempo por ser una muger que no cuenta con
otro ausilio mas que este.[53]
En Holguín, en 1870,
se le llamaba emigrados a estas familias, pues la mayoría habían sido desplazados de sus lugares de
residencia. Estos “emigrados” estaban tan presentes en la vida militar, que el
jefe de la división debió de organizar
y regularizar su permanencia en los campamentos. El 6 de abril de 1870, el general
Julio Grave de Peralta le ordena a
los jefes de compañías que: “...toda la emigración debe quedar
separada de la fuerza tanto en este campamento como en la marcha debiendo
siempre ir a retaguardia sin consentirse á ninguna familia que se introduzca en
la fuerza”.[54]
La familia de los caídos en
la guerra tenía preferencia especial para la elite revolucionaria. Julio Grave de Peralta le escribía al subprefecto
de San Lorenzo, en Holguín, en abril de 1870:
La C. Maria Ortiz
viuda del venemerito Sargento Joaquin Savuri que murio como un valiente en
defensa de nuestra causa se ha presentado hoy pidiéndome ausilio por carecer de todos los medios de subsistencia
para ella y sus hijos y como nada mas justo que atender con gran preferencia a
esta desgraciada: espero que
tomando U en cuenta cuanto le dejo indicado se le provea de viandas y
carne y los demás ausilios. [55]
Las familias
tendían a crear límites muy precisos a la hora de argumentar un
reclutamiento. El jefe de una división le escribía en octubre de 1869 a uno de
sus subordinados:
“... espero que sin perdida de tiempo tenga la bondad de
hacer un reclutamiento hasta llenar el numero de cien desde este punto hasta
Chaparra (...) Deseo que para ello trate de sacar todos aquellos individuos que
se encuentren mas retraidos y separados del servicio y que no perjudiquen en nada en
primer lugar a las familias...”.[56]
Incluso hasta Máximo Gómez
casi obsesivo en lo referente al servicio militar no dudaba de poner límites al
reclutamiento cuando las necesidades de atender la familia lo requerían. Siendo
jefe de Las Villas se le unen un
grupo numeroso de familias. No duda en responder la consulta realizada por uno
de sus generales: “ Apruebo la determinacion que Usted ha tomado de no incorporar a las filas las cabezas de familia de tanta
gente presentada...” . [57]
Proteger esta
multitud de desgraciados crea
serias dificultades; pero nunca se eludió esa responsabilidad. Las familias
tenían importantes funciones tanto materiales como espirituales. En el
sentido material era una especie de retaguardia, sistema de logística y
atención a los libertadores. Pueden hacer
funciones tan delicadas como custodiar el parque de una unidad de combate
mambisa como ocurrió en Holguín.
Se guardó el traído en la expedición del Anna y asignado a esa división en la
casa de la familia de Felix Camejo [58]
A falta de médico
construyeron hospitales en sus hogares. Un general mambí en 1870 le ordenaba a uno de sus
oficiales: “... se trasladara los
enfermos cuidando de buscar una familia que cuide los enfermos que los asista
poniendo al mismo tiempo uno o mas
hombres que busquen los alimentos para los espresados...”[59]
El coronel Francisco
Estrada, gravemente enfermo, encuentra
el cuidado que necesitaba en
una familia en Gua. Mejora de salud gracias: “ a los eficaces cuidado y la asistencia que en la casa en
que estoy me dan... En mi enfermedad no me ha faltado absolutamente nada. Todo
lo mas exquicito, lo mejor es para mi.”[60]
Nos dice Céspedes, el 14
de noviembre de 1873, sobre Francisco Maceo Osorio que se encontraba seriamente
enfermo: “Se han llevado a Maceo a un rancho de familia.” [61]
La expresión tiene la misma
fuerza y esperanza con que hoy afirmamos: “se llevaron al vecino enfermo a un hospital”.
Encontrarse una familia puede ser la salvación para un mambí hambriento y extraviado
en un bosque. Así nos lo hace saber el insurrecto Francisco Arredondo:
“... los exploradores
descubrieron un rastro que entraba en el monte , informado de esto nos
dirigimos por el, encontrándonos
con un buen rancho habitado por
una familia de apellido Sifonte; la que informada de no haber comido desde el
dia anterior, nos hicieron un cocido de maiz y calabaza. ”[62]
Apenas se creaban
condiciones mínimas para protegerlas los mambises intentaban atraer a las familias que residían en los poblados dominados
por los españoles. Esto fue bastante frecuente especialmente a partir de la
recuperación de la revolución que ocurrió desde 1873 a 1875. Algunas de las familias capturadas o presentadas retornaron a la manigua insurrecta. En los asaltos
cubanos a estos centros
urbanos se intentaba convencerlas para que los acompañaran.
Incluso en momentos tan
críticos como el año 1870, podemos leer en el informe de un general mambí que
en el ataque al poblado de Lázaro López en Santi Espíritu, el 18 de junio de 1870, fueron “las familias trasladadas al campo” [63] El 1 de septiembre de 1873 Máximo Gómez le escribía a Felix
Figueredo que en Camagüey en los últimos días se unieron a sus fuerzas “ 20 hombres utiles para las armas,
y que se yo cuantas familias” . [64]
En ocasiones se utilizaron
formas no muy santas para atraerlas. El 8 de diciembre de 1873, Céspedes escribió en su diario: “Según he oido contar, las
familias de Bueicito fueron sacadas a la fuerza y obligadas a venir con los
insurrectos ....” [65]
Aunque también hay evidencia de buen trato y
compresión por parte de los revolucionarios. En el ataque a Puerto Padre,
dirigido por el general Francisco
Varona, se les dio la opción a las familias que abandonaran la plaza el seguir
con los mambises o regresar con el enemigo.
Algunas mujeres abandonan
la relativa seguridad de los
poblados españoles y se unen a la insurrección. En el año terrible de 1871 un
mambí camagueyano nos dice que encontró en un rancho: “ ... a la patriota Candita Recio... que había salido de la
ciudad hacia poco.” [66]
En el ataque a Yara el 29 de
septiembre de 1871: “muchas
mujeres se acogieron a nosotros y algunos hombres..” [67]
Calixto García
informaba, en agosto de 1872, que:
“Por esos mismos días se presentaron al referido Teniente Coronel, siete
voluntarios armados y tres desarmados todos con sus familias, procedentes del
poblado de “Guisa”.[68]
Estas familias también dieron un aporte
espiritual muy significativo. Con
la presencia de mujeres y niños en los campos de Cuba libre se justificaba en
un sentido sicológico la resistencia. El poder conformar un hogar era un factor
de resistencia. Asunto etéreo, difícil de definir y quizás mucho más de
explicar. Esta parentela jugó su
papel en reconstruir caminos que no conducían a la presentación, a la deserción
o la traición. Si el mambí vivía
rodeado de peligros también construía cada día con un sin número de
detalles que podía conformar
pequeños placeres. Este clamoreo de barrio que se extendía más allá de las
avanzadas del campamento en los rústicos bohíos de las familias con sus niños y
mujeres enzarzados en conversaciones banales, en comentarios maliciosos, en breves atenciones al
insurrecto de paso escamoteadas a
la miseria era una oferta de un quehacer que podía sacar de un tirón un asunto
tan poco confiable para tomarlo
como una definición en un texto de historia: un rato de
felicidad. Expresión que no
tiene basamento científico, pero
que todo mortal comprende.
Carlos Manuel de Céspedes
fue un observador genial. Fue capaz de pulsar este sentido de la vida cotidiana
de los mambises. Si tomamos algunos fragmentos de su diario y correspondencia personal podríamos entender en
parte este universo vibrante de las rancherías mambisas.
En una
tarde bochornosa de agosto de 1872 el presidente de la República de Cuba llega
hasta la ribera del río
Contramaestre, en pleno oriente cubano. Allí lo espera grata sorpresa.
Emocionado lo narra en carta a su esposa que se encuentra en el exilio:
"...encontramos la familia de Vega y hubo una escena
conmovedora. Estaban
reunidos todos los miembros de la familia sanos y salvos, al cabo de 4
años de guerra
y en presencia de su Gobierno. Esta honrada gente es toda de Canarias
que vino a esta Isla a buscar fortuna y abrazó nuestra causa con
decisión y entusiasmo. Nos
obsequiaron con mangos y cocos..."[70]
El
presidente responde con un cumplido a sus atentos anfitriones: "Llega el
asistente Juan con todos los efectos. Hice de ellos un regalito a la familia de
Pancho Vega... ..."[71]
No hay
descanso para la amabilidad. Al tercer día de su estancia entre estos vecinos
el presidente nos dice que:
"Estas familias tratan de cuidarme: unas me mandan bocaditos y
otras me arreglan la ropa. !Dios se lo pague!"[72]
El 30 de
agosto no queriendo abusar de la generosidad de los vecinos
la comitiva presidencial se traslada hasta las márgenes del río Contramaestre
donde se han construido amplios y rústicos ranchos.
Es
amabilidad implacable la de estas
familias. Persiguen al presidente hasta su nuevo campamento. No es adulación
por el poderoso sino amabilidad y devoción por el perseguido. No lo visitan en
regio palacio rodeado de criados, sino en un rancho cualquiera, en pleno
bosque. Conocen muy bien que puede
aparecer de pronto la contraguerrilla asesina con su propuesta de muerte y
violencia. Los pies rudos de estos campesinos abren trillos entre sus vegas y la mísera residencia
presidencial. Cargan obsequios sencillos y rústicos; naranjas, cocos,
raspadura, un pájaro de poca carne... Son regalos arrebatados a la necesidad
cotidiana que impone aquella guerra implacable. aportado con la sencillez de
quienes lo han dado todo por la
patria.[73]
Este mundo de pequeñas atenciones se repite en otros lugares a
donde se traslada la desarrapada comitiva presidencial. Céspedes nos va dejando
tirones de esa bondad desinteresada en su papelería: “Amaneci sin fiebre aunque todavía mal de la cabeza. Ursula
la mujer de S. Medina me trajo un ponche con huevo. Esa familia es cariñosa con
todos, especialmente con los enfermos.[74]
En otra ocasión afirma
: “Me lavan la ropa unas
morenas vecinas, madre e hija, llamadas Eduvijis y Carolina; en agradecimiento les doy todo lo que tengo. ..” [75]
Aunque tragedias
desgarradoras conforman también este mundo familiar: “Vino á verme una pobre mujer á quien los españoles le
mataron el marido y 4 hijos, llevándosela para Jiguaní, de donde se les escapo:
me regalo una vela de cera”. [76]
Al día siguiente nos dice:
“Hoy vino a verme una mujer con 5 hijos
pequeños que tiene á su marido en las filas: dice que los españoles le llevaron
dos niñitas. [77]
El racismo, asunto
antológico en este país de esclavos y plantaciones paulatinamente pierde espacio en la Cuba mambisa. Los
negros y mulatos van constituyendo una mayoría entre los mambises. Los cubanos
de piel mas oscura aparecen con
frecuencia en la papelería de Céspedes, el 6 de enero de 1874, nos dice: “Estuvieron a verme varias
morenas vecinas y me trajeron plátanos.” [78]
El 11 de diciembre de 1873
afirma que: “Gilberto un negrito que manifiesta querernos mucho, nos trajo
Toronjas y yo le di suspiros,
regalándole a Jesús la jabita en que vinieron. [79]
Otro día nos anota, como
si todavía residiera en su casona de La Demajagua donde recibe la visita de los
vecinos: “Vino a verme Pancho Vega
que llego con sus hijos...” [80]
No tardará en hacer referencia a un personaje
bastante peculiar: “Todos los dias viene Doña Ines la lavandera y siempre le
damos alguna cosa. ” [81]
En los días angustiosos y humillantes posteriores a su destitución nos encontramos con un cúmulo de detalles
que son importantes para analizar el papel de la familia. El ex presidente
simpatizó con la familia integrada por Pablo Beola, su esposa Manuela y los
niños de ambos. Estos residían no muy lejos de su bohío.
El 27 de diciembre de 1873 se refiere a que: “Regale un corte de vestido al niño de
Manuelita..” [84]
Al día siguiente va de visita a casa de Pablo Beola y Manuelita, como un simple viajero:
“ ...llegando con felicidad, apeándonos en el rancho de
Beola. Alli estaba el Comadnante M Torres, el Capitan Servanda y otros. Tantos
estos como Beola y Manuelita nos recibieron con muchas muestras de amabilidad.
Ella me presento al niñito a quien ha puesto por nombre, Pablo Augusto, y se lo bendije deseando que fuera un
buen cubano.
Nos obsequiaron con café y chocolate. ... [85]
Hay indiscutible ternura cuando nos dice: “En
nombre de su niñito me regalo Manuelita una raspadura.” [86]
Este sentido de barrio, de las relaciones de
vecinos se hacen presentes en otras anotaciones de Céspedes: “ ...una mujer me
trajo una hermosa biajaca y di dos naranjas de china a su hija”. [87]
Mientras en otra ocasión
escribe: “Llegamos al campamento de la Somanta, donde encontramos á Beola y las
Cancino. que nos obsequiaron con agua de jenjibre”. [88]
Ese mismo día anota: “Regale a las Cancinos agujas, hilo, botones y jabón: me
correspondieron con sal y dulce. También me han mandado café varias veces.” [89]
Otros diaristas
reseñan ese sentido del barrio en la resistencia. Vicente García, también está
rodeado de la presencia del barrio. En las postrimerías de la guerra, el 12 de
agosto de 1877, escribe: “Por la tarde salí al vecindario
y no encontrando gente por la mucha lluvia que cayó, hice noche en la estancia
de Amador Pajé.” [90]
Al día siguiente
continúa su narración sobre este ambiente
cálido y solidario:
“Encontré ranchos de vecinos donde permanecí todo el día y la noche.”[91]
Pequeño mundillo de visitas y regalos de escaso valor material, de
oír las desgracias ajenas como buen vecino de barrio. Todo este murmullo de
vecinos va conformando una
esperanza de que el próximo amanecer continúe al doblar de la vereda el
bohío de Pablo y Manuelita, que aparezca de nuevo la buena de Eduvijes a lavar
la ropa estropeada por la suciedad. Esto conforma un tipo de resistencia
cotidiana. Se defiende un
país que es algo más que una suma de ideas, de mártires y combates.
Notas
1-- Se ha
respetado la ortografía original
en las citas textuales
2--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 92
3--Enrique José Varona a Ventura García Calderón. En Letras, cultura en Cuba. Número
6, Editorial Pueblo y Educación ,
La Habana, 1989, p 3
4--Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Editora de Ciencias Sociales, La
Habana, 1974, t I, p 11.
5--Eladio Aguilera Rojas.
Francisco Vicente Aguilera y la Revolución Cubana, La Habana, La
Moderna Poesía, 1908, p 1.
6--Gustavo Sed Nieves.
Ignacio Agramonte. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1978, p 1.
7--Emilio Godinez Sosa.
Eduardo Agramonte. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975, P
45
8--Nydia Sarabia. Ana
Betancourt. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 27
9--Jose Ignacio Castro y
Gustavo Sed Nieves. Biografías. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1977, p 78
10--Olga Portuondo. Cartas Familiares Francisco de Estrada
y Céspedes. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
11--Jose Abreu Cardet. La
Furia de los Nietos Guerra y familia en Cuba. Editorial el Mar y la Montaña,
Guantánamo, 2003
12--Guillermo Cardet
Weathom murió con el grado de coronel el
23 de septiembre de 1897 de enfermedad en las filas de la revolución.
13--Jose García
Castañeda. Familias holguineros.
Inédito y Pedro Montalvan. El
origen de la familia Cardet comunicación personal al autor de esta obra
14--Yamila
Vilorio Foubelo. Los Portuondos evolución histórica de una familia santiaguera.
Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2004, pp. 10, 34, 35
15--Margarita Garcia Laguna. Brigida Zaldívar
decisión y estirpe. Editorial
Sanlope, Las Tunas, 2001, p 7
16--Olga Portuondo Zuñiga.
En Cartas Familiares Francisco de Estrada y Céspedes, Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 1989, p 116
17--Victor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas.
Editorial Sanlope, Las Tunas. 1996.
p 14
18--Víctor
Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas. Editorial Sanlope, Las
Tunas, 1996, p 24
19--Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.
20--Museo Provincial de
Historia. Fondo Julio Grave de
Peralta. Libro Copiador de
Borradores. 1276. de 7 de marzo a
Jesús de Feria
21--Museo Provincial de
Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador, comunicado número 1411, de 25 de mayo
de 1870
22--Dante Alighieri.
Dvina Comedia Infierno. Editorial
Pueblo y Educación, La Habana, 1972, p 192
23--Fernando Portuondo y
Hortensia Picahrdo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1982, t III,
p 86
24--En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo 543, núm. 85
25--Larrousse Ilustrado, p 719
26--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes. El Diario Perdido.
Publicimex S.A., Ciudad de La
Habana, 1992, p 178
27--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 97
28--Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Número 12
29--Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1982, t III,
p 84
30--Testimonio al autor de
Jesús Tellez Caracedo
31--Testimonio al autor por
Margarita Méndez Carvallo
32--Juan Albanés. Eduardo
Cordón. Inédito. Archivo personal de Juan Albanés Martínez
33--Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, Copia 850
34--Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, copia
852
35--Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.
36--Museo provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, copia 1146 , de 22 de febrero de 1870
37--Yoel Cordoví Nuñe.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 111
38--Fernando Portuondo y
Hortensia. Picahrdo Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales. La Habana, 1982, t III,
p 61
39--A. N. C. Donativos y Remisiones, sin caja \23-B.
40--Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871), Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 111
41--Mary Ruiz de Zarate. El general Candela: Biografía de
una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 220.
42--A. N.
C. Fondo Donativos y Remisiones, Fuera de Caja, no. 123 - A.
43--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 104
44--Periódico
La Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala
Cubana. Fondo: Periódicos.
45--Fernando Portuondo
y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, p 109.
46--Parte del Mayor
General Calixto García Iñiguez a la secretaria de la Guerra dando cuenta
oficial de la caída en combate de Carlos Manuel de Céspedes, 6 de abril de
1874. En: Gerardo Castellanos,
“Tierras y Glorias de Oriente”.
Calixto García Iñiguez”. P. 83-85.
47--Hector Izquierdo Acuña. La Guerra de los diez Años en la
provincia Ciego de Avila, Centro de Investigación y Desarrollo de la cultura
cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, p 333
48--Víctor Manuel Marrero.
Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 115
49--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 53
50--Vicente García en su diario personal nos ofrece
dramáticas descripciones sobre la miseria en que vivía la población residente
en la ciudad d de Tunas. Mientras James Okelly en su Tierra del mambí nos dice
sobre la miserable situación de los vecinos de los poblados situados en los
alrededores de Manzanillo,. Carlos Manuel de Céspedes en sus diarios y en las
cartas a Ana de Quesada nos da interesantes descripciones de esa situación..
51--Juan J. E
Casasus. Ramón Leocadio Bonachea El jefe de la Vanguardia. Editorial Librería Martí, La Habana,
1955, p 81 .
52--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, Carta de Julio Grave de Peralta al coronel Loreto
Vasallo
53---Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, número 820
54--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, número
1313, de 6 de abril de 1870
55--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,
Libro copiador, número 911
56--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, número 655, 21 de octubre de 1869
57--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 113
58--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, número
1126, 17 de febrero de 1870
59--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de
Peralta, Libro copiador, número
1392, 13 de mayo de 1870
60--Francisco Estrada Céspedes. Cartas Familiares, Universidad de Oriente, Serie
conmemorativa del centenario, Santiago de Cuba, 1969, p 6
61--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 177
62--Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 94
63--Mary Ruiz de Zarate. El general Candela. Biografía de
una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 203
64--Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 96
65--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimezx S.A., Ciudad de La Habana, 1992, p 216
66--Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba
(Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 104
67--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel
de Céspedes. Escritos. Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III, p 90
68--En: Colección Coronado. Documento 34, tomo XVI, Biblioteca Universidad Central de
Las Villas.
69--Fragmento
del Boletín de la Guerra del 28 de abril de 1874, resumiendo un parte de guerra
de Calixto con acciones entre el 5 de febrero y el 27 de marzo de 1874.
En: Periódico
La Independencia, Organo de los Pueblos Hispano Americanos, Nueva York julio
23, 1874. Año II No. 81. Publicado
además en el Boletín de la guerra
del 28 de abril de 1874, Año II, número 13.
70--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de
Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III,
P.153
71--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de
Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III,
P.153
72--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de
Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I, p. 352
73---Sobre la estancia de Céspedes, en el verano de 1872, en la
zona de Contramaestre y las muchas atenciones de los vecinos del lugar se puede
consultar: Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes.
Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I p p . 351 a 371
y Idem edición 1982 T III pp 153 a
158
74--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel
de Céspedes Escritos. Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 354
75--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 91
76--Ibidem, P 111
77--Ibidem, P 112
78--Ibidem, P P 244 y 245
79--Ibidem, P 219
80--Ibidem, P P 221 y 222
81--Ibidem, P 184
82--Ibidem, P 234
83--Ibidem, P 235
84--Ibidem, P 236
85--Ibidem, P 237
86--Ibidem, P 244
87--Ibidem, P 250
88--Ibidem, P 121
89--Ibidem, P 122
90--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero
Vicente García: leyenda y Realidades, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1992, p 273
91--Idem
[1] Se ha respetado la ortografía
original en las citas textuales
[2] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 92
[3] Enrique José Varona a
Ventura García Calderón. En
Letras, cultura en Cuba. Número 6,
Editorial Pueblo y Educación , La Habana, 1989, p 3
[4] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes.
Editora de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 11.
[5] Eladio Aguilera Rojas.
Francisco Vicente Aguilera y la Revolución Cubana, La Habana, La
Moderna Poesía, 1908, p 1.
[6] Gustavo Sed Nieves. Ignacio Agramonte. Editorial Oriente, Santiago de
Cuba, 1978, p 1.
[7] Emilio Godinez
Sosa. Eduardo Agramonte. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975, P
45
[8] Nydia Sarabia. Ana Betancourt. Editorial Ciencias Sociales, La Habana,
1970, p 27
[9] Jose Ignacio Castro y Gustavo Sed Nieves. Biografías. Editorial
Arte y Literatura, La Habana,
1977, p 78
[10] Olga Portuondo. Cartas
Familiares Francisco de Estrada y Céspedes. Editorial Oriente, Santiago de
Cuba, 1989, p 116
[11] Jose Abreu Cardet. La Furia de los Nietos Guerra y familia en Cuba.
Editorial el Mar y la Montaña, Guantánamo, 2003
[12] Guillermo Cardet Weathom
murió con el grado de coronel el
23 de septiembre de 1897 de enfermedad en las filas de la revolución.
[13] Jose García Castañeda.
Familias holguineros. Inédito y
Pedro Montalvan. El origen de la familia Cardet comunicación personal al
autor de esta obra
[14] Yamila Vilorio Foubelo. Los Portuondos evolución
histórica de una familia santiaguera. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba,
2004, pp. 10, 34, 35
[15] Margarita Garcia Laguna. Brigida Zaldívar
decisión y estirpe. Editorial
Sanlope, Las Tunas, 2001, p 7
[16] Olga Portuondo Zuñiga. En Cartas Familiares Francisco de Estrada y
Céspedes, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
[17] Victor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus
estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas. 1996. p 14
[18] Víctor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus
estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas, 1996, p 24
[19] Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.
[20] Museo Provincial de Historia.
Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador de Borradores.
1276. de 7 de marzo a Jesús de Feria
[21] Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro
Copiador, comunicado número 1411,
de 25 de mayo de 1870
[22] Dante Alighieri.
Dvina Comedia Infierno. Editorial
Pueblo y Educación, La Habana, 1972, p 192
[23] Fernando Portuondo y
Hortensia Picahrdo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1982, t III,
p 86
[25]
Larrousse Ilustrado, p 719
[26] Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes. El
Diario Perdido. Publicimez S.A.,
Ciudad de La Habana, 1992, p
178
[27] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 97
[28] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Número 12
[29] Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1982, t III,
p 84
[30] Testimonio al autor de
Jesús Tellez Caracedo
[31] Testimonio al autor por
Margarita Méndez Carvallo
[32] Juan Albanés. Eduardo
Cordón. Inédito. Archivo personal de Juan Albanés Martínez
[33] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, Copia 850
[34] Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, copia
852
[35] Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.
[36] Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, copia 1146 , de 22 de febrero de 1870
[37] Yoel Cordoví Nuñe. Máximo
Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p
111
[38] Fernando Portuondo y
Hortensia. Picahrdo Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales. La Habana, 1982, t III,
p 61
[39] A. N. C. Donativos y Remisiones, sin caja \23-B.
[40] Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871), Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 111
[41] Mary Ruiz de Zarate. El general Candela: Biografía de una guerrilla.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 220.
[42] A. N. C. Fondo Donativos y Remisiones, Fuera de Caja, no. 123 - A.
[43] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 104
[44] Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala
Cubana. Fondo: Periódicos.
[45] Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, p 109.
[46] Parte del Mayor General Calixto García Iñiguez a la secretaria
de la Guerra dando cuenta oficial de la caída en combate de Carlos Manuel de
Céspedes, 6 de abril de 1874. En: Gerardo Castellanos, “Tierras y Glorias de Oriente”. Calixto García Iñiguez”. P. 83-85.
[47] Hector Izquierdo
Acuña. La Guerra de los diez Años en la provincia Ciego de Avila, Centro de
Investigación y Desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana,
2003, p 333
[48] Víctor Manuel Marrero.
Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 115
[49] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 53
[50] Vicente García en su
diario personal nos ofrece dramáticas descripciones sobre la miseria en que
vivía la población residente en la ciudad d de Tunas. Mientras James Okelly en
su Tierra del mambí nos dice sobre la miserable situación de los vecinos de los
poblados situados en los alrededores de Manzanillo,. Carlos Manuel de Céspedes
en sus diarios y en las cartas a Ana de Quesada nos da interesantes
descripciones de esa situación..
[51] Juan J. E Casasus. Ramón Leocadio Bonachea El
jefe de la Vanguardia. Editorial
Librería Martí, La Habana, 1955, p
81 .
[52] Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, Carta de Julio Grave de
Peralta al coronel Loreto Vasallo
[53] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, número 820
[54] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, número 1313, de 6 de
abril de 1870
[55] Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 911
[56] Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,
Libro copiador, número 655, 21 de octubre de 1869
[57] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 113
[58] Museo Provincial de
Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 1126, 17 de febrero de 1870
[59] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro
copiador, número 1392, 13 de mayo de 1870
[60] Francisco Estrada
Céspedes. Cartas Familiares,
Universidad de Oriente, Serie conmemorativa del centenario, Santiago de
Cuba, 1969, p 6
[61] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 177
[62] Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 94
[63] Mary Ruiz de Zarate. El
general Candela. Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1974, p 203
[64] Yoel Cordoví Nuñez.
Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
2005, p 96
[65] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, p 216
[66] Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de
Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia.
Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 104
[67] Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982,
t III, p 90
[68] En: Colección Coronado. Documento 34, tomo XVI, Biblioteca Universidad Central de
Las Villas.
[69] Fragmento del Boletín de la Guerra del 28 de abril de
1874, resumiendo un parte de guerra de Calixto con acciones entre el 5 de
febrero y el 27 de marzo de 1874.
En: Periódico
La Independencia, Organo de los Pueblos Hispano Americanos, Nueva York julio
23, 1874. Año II No. 81. Publicado
además en el Boletín de la guerra
del 28 de abril de 1874, Año II, número 13.
[70] Fernando
Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153
[71] Fernando
Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153
[72] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de
Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I,
p. 352
[73] Sobre la estancia de Céspedes, en el verano de 1872, en la
zona de Contramaestre y las muchas atenciones de los vecinos del lugar se puede
consultar: Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes.
Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I p p . 351 a 371
y Idem edición 1982 T III pp 153 a
158
[74] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de
Céspedes Escritos. Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 354
[75] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 91
[76] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 111
[77] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 112
[78] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 244 y 245
[79] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 219
[80] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 221 y 222
[81] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 184
[82] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 234
[83] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 235
[84] Eusebio Leal Spengler.,
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 236
[85] Eusebio Leal Spengler, Carlos
Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 237
[86] Eusebio Leal Spengler,
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez S.A., Ciudad de La Habana, 1992, P 244
[87] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 250
[88] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 121
[89] Eusebio Leal Spengler.
Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez S.A. Ciudad de La Habana, 1992, P 122
[90] Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García:
leyenda y Realidades, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 273
[91] Idem
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