miércoles, 15 de abril de 2015

FAMILIA Y GUERRILLAS (Cuba 1868 1878)


José Abreu Cardet

Máximo Gómez afirmó que  para obtener la victoria en la guerra de 1868  eran necesarios:[1] “... algunos elementos de guerra y un poco de constancia” ” . [2] Se ha escrito en algunos textos como los mambises obtenían esos “ elementos de guerra” pero como fundamentaron ese “ poco de constancia ” se conoce mucho menos.  Es esta una pregunta que reclama una respuesta. Nos hemos acostumbrado tanto a repetir la expresión “Guerra de los 10 años” que en cierta forma ha perdido su sentido de  expresión de tiempo. Tampoco hemos intelectualizado lo que pudo significar  para  una persona, en especial para alguien de mediados del siglo XIX, donde la esperanza de vida no era tan prolongada. Podía ser perfectamente un quinto,  un cuarto y quizás hasta más   del total de la existencia  de cualquiera de aquellos hombres y mujeres.
 ¿ Cómo  resistieron tanto tiempo?. Hay una respuesta elemental: la intransigencia independentista. Era  la esencia de la “...vorágine de la guerra de los diez años.”[3] como la llamó Enrique Jose Varona.  Ese es el gran mecanismo mental que conformó una espiritualidad del sacrificio.
Desde esa sólida base debemos de iniciar la construcción de todo argumento para entender la resistencia. Pero es de pensar que en la mísera vida cotidiana de esta gente existían toda una serie de mecanismos, que sumados, harían más soportable cada día, cada noche de humedad y hambre,  de calores y mosquitos, de fugas y combates. Detalles que, quizás, hoy nos parezcan insignificantes pero que para ellos alejaron la soledad, la desesperación, la incertidumbre  por el futuro. Eso es lo  que  llamamos los  mecanismos de la resistencia. Es asunto difícil de determinar con ejemplos. Quizás cada mambí llevaba en su macuto un cúmulo muy particular de motivos que explican su hazaña. De todas formas hay aspectos comunes sobre los que podríamos hacer algunas generalizaciones. Entramos en un campo inseguro para un historiador, más acostumbrado por el oficio a moverse entre datos muy concretos, criterios argumentados  con  buena letra en papel o evidencias de diverso origen; pero  siempre perceptibles a los ojos, al oído o  al tacto. Ahora comenzaremos  a andar en un mundo en extremo subjetivo. Lo dicho y afirmado aquí es producto de un análisis basado en la consulta de una voluminosa documentación y bibliografía; pero siempre en asuntos humanos hay campos intangibles. Similares al efecto de esas aguas subterráneas que de humedad en humedad van avanzando hacia la superficie hasta que un día producto de la búsqueda humana o las circunstancias geológicas brotan para constituir un manantial en la montaña o el desierto. Los motivos de la gran resistencia del 68 tienen fuerzas ocultas que no son mágicas ni sobrenaturales. Fueron productos de las circunstancias o de las acciones de aquellos hombres y mujeres. Intentaremos encontrar ese mundo espiritual y material que consolidó el espíritu de la resistencia por 10 años. Quizás no tengamos todas las razones. Es posible que existieran otros motivos que consolidaron la gran y desesperada resistencia . Pero de todas formas consideramos como válido el que:  la familia, la mujer,  el regionalismo, la democracia, la solidaridad cotidiana,  entre otros  estarían presentes en el argumento de la gran resistencia.

EL PRIVILEGIO DE PEDRO

Si analizamos con cuidado la historia de la guerra de 1868 podríamos afirmar que esta fue organizada, en buena medida,  por un grupo de parientes pertenecientes a   antiguas familias criollas del oriente y el centro de la isla. Diversos ejemplos demuestran que la mayoría de los líderes regionales de octubre de 1868 surgieron de las grandes familias de terratenientes del oriente y el centro de la isla. Es posible que algunos ya no tuvieran el abolengo material de sus antepasados pero tras ellos estaban los cimientos de una vieja y patriarcal familia criolla.
Los antepasados de Carlos Manuel de Céspedes por la parte del padre residían en Bayamo desde la primera  mitad del siglo XVII.[4]  De Francisco Vicente Aguilera anotó uno de sus biógrafos que sus  antepasados pertenecían a una de:   “...  las mas distinguidas y acaudaladas familias de aquella comarca” [5]  Los padres de Ignacio Agramonte:  “... descendían de antiguos pobladores”  de Puerto Príncipe.[6] Eduardo Agramonte Piña, futuro coronel mambí, tenía antepasados en la región que se remontaban al siglo XVI.[7] La familia Betancourt que daría destacados patriotas, entre ellos a Salvador Cisneros Betancourt, Ana Betancourt y otros se había establecido en Cuba a mediados del siglo XVII[8]  La familia Agüero que aportó algunos de los líderes de la guerra en Puerto Príncipe hundía sus raíces en el  siglo XVI. Estaban emparentados con Vasco Porcayo de Figueroa,  personaje relevante en los primeros años de la colonización.[9]  Pedro Figueredo remontaba sus antepasados en Bayamo al siglo XVII.[10]
Los orígenes de la familia holguinera  Grave de Peralta alcanzaban el  siglo XVII. De ella procedían los hombres que dirigieron la guerra de 1868 en esa jurisdicción  por lo menos en sus primeros años.[11] Otros líderes de menor relieve también pertenecían a antiguas familias. Este fue el caso de   Guillermo Cardet Weathom[12], Miguel Ramón y su hermano Prisciliano Cardet Zayas. El primero de ellos,  Guillermo, llegó a ser teniente coronel en la guerra de 1868 y coronel en el  1895. Fue un personaje de indudable influencia en el mambisado. Al extremo que Antonio Maceo lo expulsó de su zona de operaciones cuando se convirtió en propagandista de uno de los movimientos regionalistas que  estallaron  en la guerra de 1868. La familia Cardet  tiene  sus raíces  en el siglo XVII holguinero y en el XVIII camagueyano.[13]
 Mientras, en Santiago de Cuba, Agustín Portuondo Ramos fue uno de los tempranos  conspiradores. Se sublevó y llegó a alcanzar el grado de teniente coronel. Era miembro de una antigua familia santiaguera, cuyos orígenes se encuentran en el siglo XVII. [14] Brígida Zaldívar  Cisneros, la esposa de Vicente García, procedía de una antigua familia criolla. El padre de esta patriota descendía de una familia establecida en Puerto Príncipe desde el siglo XVII.[15]
También existan antiguos vínculos de  parentesco entre familias. Por ejemplo una de las bisabuelas de Pedro Figueredo era hermana de un bisabuelo de Carlos Manuel de Céspedes.[16]  Vicente García González y Francisco de Varona González, dos de los líderes tuneros eran primos.[17] Mientras  Francisco Muñoz Rubalcava, que sería general del 68 en esa comarca, era casado con Tomasa de Varona hermana del futuro general Francisco de Varona y prima de familiar  en la casa de Vicente García o de Francisco Varona  se Vicente García[18] En cierta forma el máximo liderazgo tunero se conformó en torno algunas familias de la región. En un   almuerzo podía decidir el inicio de la contienda .  
Escoger los lideres militares de miembros de las grandes familias de terratenientes criollos es comprensible. El 9 de octubre de 1868  no se ha creado un grupo de individuos que se  destacaron por su participación en acciones combativas. No existía una cultura bélica. No estamos ante el caso de Santo Domingo donde el antecedente bélico  tendrá una gran importancia prácticamente desde el origen de la colonia con su enfrentamiento a los franceses de Saint Domingue y luego del fin de la dominación  española  en la lucha contra los haitianos para continuar en la Guerra de Restauración y las numerosas contiendas civiles.
La sociedad dominicana cuando decidió sublevarse contra España en 1863 podía seleccionar a sus líderes de esos caudillos militares. En cierta forma en cada barrio había un héroe de la guerra contra los haitianos.
En esa situación un individuo que no pertenece a la elite terrateniente pero de condiciones excepcionales como militar podía alcanzar un papel social y político muy por encima de sus orígenes. En Cuba la guerra contra los piratas y corsarios en los siglos XVI y XVII está demasiado lejana en 1868.  Fuera de la intervención inglesa, en el siglo XVIII, con  el desembarco en Guantánamo y  la toma  de La Habana no hubo un intento de ocupación del país que conllevara una lucha en que toda la población se viera envuelta. Incluso los mas recientes ataques de los llamados corsarios insurgentes era un tema también muy lejano y que realmente, aunque afectó el comercio y se provocaron  acciones en tierra, pero  no en el sentido de marcar la historia del país con una tradición militar.

Por lo que el cubano de octubre de 1868 no tenía otra referencia para buscar sus líderes militares en  los muchos y complejos lazos que habían creado las familias criollas de terratenientes desde el inicio de los tiempos de la isla. Estamos ante una fuerza mas bien movilizativo  que propiamente militar.

Al estallar la contienda y prolongarse  implacablemente el papel de la familia también alcanzó una gran relevancia.
En los momentos más dramáticos  de la guerra cuando: “...la cobardía y la traición se habían desarrollado grandemente ... nadie estaba seguro de nadie.[19]
El vinculo familiar podía sellar una alianza difícil de romper por peligrosas que fueran las circunstancias.
Un ejemplo  es la familia  Feria en Holguín. Gozaban estos de la confianza del líder local  Julio Grave de Peralta. Hay un caso bastante curioso sobre esta familia y que nos refleja la mentalidad de la época. El 7 de marzo de 1870 el general  Julio Grave de Peralta nombra a Jesús de Feria jefe interino de su Estado Mayor. [20] Cuando Julio selecciona al jefe definitivo del mismo  el 25 de mayo de ese año  escoge a Luis de Feria Garayalde que es  primo de Jesús de Feria . [21] De esa forma el estado mayor se conformaba con una especie enroque y movimientos de  integrantes de antiguos familias holguineras. La mayoría  de los  demás miembros del Estado Mayor eran hermanos, primos o sobrinos de Grave de Peralta. Los dos Ferias  no negaron la confianza que merecían. Jesús de Feria acompañó a Julio al exterior en busca de una expedición. Retornó con el  a Cuba y murió en combate pocos días después del desembarco. Luis de Feria llegó a general de división y combatió en las tres guerra de independencia. 
El asunto tenía viejas raíces en la historia. Era tan inconcebible la traición al pariente que   Dante, en su Divina Comedia, sitúo a los que habían caído  en tal falta en  el noveno círculo del infierno. Sometidos a la cruel tortura de un  frió invierno:
        yacen las sombras en el lago helado
          batiendo el diente a modo de cigüeña[22]
Para un meridional este debía de ser el más horrible de los castigos. Los cubanos  en cierta forma estaban emparentados con el florentino y su formación latina,  pero en especial con el elevado concepto que tenía esa cultura de las relaciones familiares. Asunto que pese a todos los cambios sobrevive todavía en la Cuba de inicios del siglo XXI como cualquier vecino de barrio podrá comprobar sin mucho esfuerzo.
Al lado de esta condición  de ser miembro de una antigua  familia es necesario tener en cuenta  lógicamente las  condiciones personales del futuro líder  que le creaban arraigo en sus comarcas. Pero era difícil que una persona que no fuera miembro de una de estas familias llegara a alcanzar relevancia a nivel de región  en el momento del alzamiento.
El pariente daba un  aporte significativo a la actividad bélica. Conformaba  compromisos que eran sagrados. El hijo o el sobrino del convencido muchas veces sigue el sendero insurrecto.Parientes sanguíneos o espirituales o gente de alguna forma vinculada con un familiar causaban mayor confianza que un desconocido.
La guerra no perdió ese sentido de asunto de familia que había tenido desde el principio. En carta a su esposa  el 18 de octubre de 1871 dice Céspedes:    ... reuniéndonos el 20 con Luis Figueredo en una finca de su  familia llamada Toti . [23]
Se daba por descontado que estos parientes de Figueredo que recibía a la comitiva presidencial en su finca no lo traicionarían. Cuando ocurría la traición de algún miembro de una de esas antiguas  familias patriarcales se excluía a estas del bochorno. Se consideraba que había sido un hecho excepcional que los parientes rechazarían.  
Ante la traición de dos altos oficiales del ejercito libertador pertenecientes a antiguas familias orientales Calixto da por sentado el rechazo de la   parentela:
“ Un odioso amor a la vida o un mal entendido amor a sus familiares respectivas los ha arrastrado a  la traición, a la infamia. Un odioso amor a su vida, porque es odiosa la vida sin  honor. Un mal  entendido amor a sus familias, porque sus familias los execrarán.”[24]
No podemos comparar  el sentido que hoy se le da a las relaciones familiares en la mayoría de las sociedades modernas  e incluso desgraciadamente en la nuestra con lo ocurrido en 1868. Relación hoy que está definida por una palabra bochornosa; Nepotismo. “ Protección desmedida que dan algunos políticos y funcionarios a sus parientes y amigos”[25]  Es cierto que el pariente, casi por regla, tenía lugar preferente en los estados mayores,  en los altos grados y cargos militares del Ejército Libertador. Asunto que fue criticado por no pocos contemporáneos.  Pero tal selección era también el tener el privilegio de ser punta de vanguardia en las emboscadas más temerarias, integrar la avanzada en las cargas de caballería y convertirse en figura muy codiciada por el fusil del infante hispano. Era tener lugar preferente en el patíbulo, en el pelotón de ejecución colonialista.
Nada más elocuente para entender los complicados caminos que se tendían entre compromiso y familia que una anotación que hizo Carlos Manuel de Céspedes al enterarse del fusilamiento de su hermano Pedro: “En fin sea por Cuba! Nadie tiene mas derecho á padecer  por ella que mi familia.”  [26]

No existía otra posibilidad para un Céspedes.

LA FAMILIA EN LA RESISTENCIA.

Una parte importante de las familias del territorio donde estalló la guerra de 1868 siguieron a sus hombres a los caminos de la guerra. La protección de esta  familias  era un asunto difícil que  desvelaba a los oficiales y soldados. No se quería  pensar que una contraguerrilla española descubriera la ranchería donde residía la familia. Todavía podemos sentir el pulso de la zozobra en Máximo Gómez  por la suerte de su  esposa y su hija en una carta a un amigo. Ha leído en la prensa  enemiga la captura de una mujer y una niña : “... escríbeme y háblame de Manana; sácame de una duda amarga” . [27] Manana y su hija están a salvo es la respuesta que  le llega. Pero ¿  hasta cuando?. 
Incluso algunos padres hicieron todo lo posible para conservar sus hijos junto a ellos.
En diciembre de 1869 un vecino que residía en Cuba Libre le escribió al jefe de la división que había reclutado a su hijo
C. Gral.
   En virtud á la humilde petición que le hice y que tuvo V. á  bien dignarse el atenderme, concerniente al memorial por mi hijo Santiago pues demasia  do bien sabe V. el estado de mi esposa y la abanzada edad de ambos pues el  es nuestro unico sonten nuestro unico amparo para nuestra bejes  V. sabe  que mi esposa ni yo servimos para nada, pero si todo cuanto tenemos esta dispuesto por la causa, pues nada tenemos reservado como V. sabe y asi  espero que se digne el otorgarme esa gracia que quedara grabada en nuestro corazon; y si usted desea el que mi hijo pase al servicio quedando nosotros solos, espero que sea en una partida que lleve gusto y no en la que lo tienen apuntado pues el no desea ir á esa partida que solo por temeridad lo desean algunas enemistades. t[28]
Desconocemos  que hizo el general ante la dramática petición. Quizás mejor no conocer de la duda atroz entre el deber y la piedad. Pese a la distancia emotiva   que impone el tiempo por primera vez en mi profesión me alegre de no encontrar más información sobre un acontecimiento. No tener oportunidad de saber  lo que le escribió este general a los desolados padres.
Era inútil organizar la defensa  de la familia manteniendo a uno o varios de sus miembros armados en las rancherías donde mujeres, niños y ancianos descansaban sus penurias. El enemigo, superior en hombres  y armas, acababa imponiéndose y liquidando a los defensores y apresando a los desvalidos.
Pese a todo esa fue una aspiración constante de muchos mambises,  proteger a sus familias de forma individual. Céspedes reflejó esta situación en un caso particular, al anotar  en  una carta a su esposa, el 18 de octubre de 1871:  “Estoy lleno de temores por la vida de Javier y Ricardo; pues no quieren separarse de la familia y con eso hacen sus presas fáciles los verdugos españoles, como ha sucedido con Miguel Figueredo y otros”.  [29]
Carlos Tellez uno de los líderes de la insurrección en Holguín fue asesinado por los españoles al ser sorprendido en una prefectura  y tratar de proteger  su familia.[30] Igual suerte corrió el teniente abanderado de la división de Holguín Prisciliano Cardet Rojas. Sorprendido por una guerrilla fue macheteado delante de sus parientes.[31]  El coronel Eduardo Cordón se encontraba junto a su esposa e hijos cuando fue sorprendido por fuerzas contrarias y asesinado.[32]
Esta situación se  convirtió en una gran preocupación de los jefes y oficiales. Se producían deserciones de hombres armados que concluía en el rancho de la parentela. Era necesario constantemente buscar a esos prófugos,  andar tras carabinas y fusiles que permanecían prácticamente inútiles en un bohío o un vara en tierra de una prefectura cualquiera. Era frecuente el designar combatientes para requisar  esas armas. Existe una abundante papelería insurrecta que a si lo acredita. Un general mambí en 1869 disponía que: “El C Ramírez Sargento 2do tiene una Comisión para recoger todas las armas que halle en mano de hombre que no este sin prestar servicio en las filas.[33]
El mismo general llagaba al extremo de designar a un alto oficial con ese objetivo:  “El portador, Gefe de mi Estado Mayor pasa á su casa á recoger el   Remington que mantiene en su poder él C. que se halla enfermo en su casa, si este C. se negare a entregar dicha arma le hará V. que inmediatamente venga a á incorporarse a esta fuerza”.[34]   
Los  mambises hicieron un esfuerzo considerable  por amparar a estos  indefensos. En ocasiones compañías y batallones se habían enfrascado en un desigual combate para proteger a un puñado de niños y mujeres.
Uno de los oficiales de Máximo Gómez durante la campaña del invierno de 1869 dejó testimonio de la situación creada por las familias a las fuerzas libertadoras.

Los españoles habían ido estrechando el cerco y se movían incesantemente; nos batíamos á todas horas; abrumados, además, por el sin número de familias que buscaban al amparo de nuestra fuerza para escapar la persecución del enemigo.[35]
En esa misma campaña terrible, el 15 de febrero de 1870, el coronel Loreto Vasallo avanzaba desde Aguada de la Piedra hacia San Antonio en las llanuras del Cauto: 
.. ...conduciendo varias familias que habían acudido á el pidiendole proteccion para pasar aquel punto, y ya en camino trató tambien el enemigo emboscado de dispersarle la gente; logro este jefe (...) hacer que a su vez que las nuestras cayeran sobre la emboscada lo que se efectuo desalojando al enemigo de su posicion (...) sin que pudieran quitarle ninguna familia que era todo su interes.[36]
Este oficial mambí describe el cuidado ofrecido a este puñado de desarrapadas mujeres, niños y ancianos como un almirante  de la  flota podía informar  a sus superiores en otra época la defensa de un galeón cargado con el oro o la plata de América. Mientras Máximo Gómez jefe del departamento occidental, ante la presencia de una columna hispana,  no duda en escribirle con el pulso de la urgencia al mayor general Julio Sanguily “... corra a avisar a las familias para que no cojan a nadie descuidado” . [37]
En cierta forma la esencia de la resistencia estaba en este grupo de mujeres, niños y hombres. Eran el más preciado  tesoro para los insurrectos.

LA FAMILIA: LA GRAN PROTAGONISTA OLVIDADA

Las  familias de la burguesía terrateniente  hicieron un esfuerzo extraordinario para adaptarse a la vida insurrecta. Llevaron sus costumbres, sus enlaces e intereses espirituales a la gran tragedia que fue Cuba Libre.
El 23 de junio  de 1871 escribía Céspedes:   “Emilio Céspedes hijo de mi compadre Ramón va a casarse con Candelaria Figueredo una de las hijas de Perucho .[38]
Este comentario lo hubiera podido hacer en el Manzanillo o el Bayamo antes del 10 de octubre. Arrullados todos por la paz triste del colonialismo.
El mismo Céspedes  inició y  mantuvo su idilio amoroso con su esposa Ana de Quesada en Cuba Libre. Mientras es muy conocido  el apasionado romance de Ignacio y Amalia. Todas ellas sufrieron los horrores de la guerra. Ana de Quesada  perdió un hijo. Muchas de ellas fueron capturadas por las fuerzas españolas como ocurrió con Amalia Simoni otras se presentaron, en algunos casos bajo la presión de sus esposos, hermanos o padres. Otras fueron asesinadas quizás muchas ultrajadas, vejadas.... Todas sufrieron como mínimo la burla hiriente de un ejército enardecido y vengativo en el momento de caer prisioneras o presentarse. Ana Cabrera, la suegra de Calixto García,  fue capturada junto con su familia.  La anciana se encontraba enferma lo que:

... obligó a que la montaran en uno de los mulos de la artillería. El animal no hecho a ser montado, siendo de tiro, con frecuencia corcobeaba, tirando al suelo a mi abuela; provocando las risas y burlas de la soldadesca, hasta que el se negó a seguir así prefiriendo caminar enferma y débil como estaba.[39]

Incluso la presentación de estas mujeres no menguaba en nada su espíritu independentista. La mayoría continuaron colaborando desde las poblaciones o desde  el exterior con la causa independentista.
La tierra del mambí hizo una cuidadosa selección de sus ciudadanos. Quienes no reunieran, además del convencimiento patriótico, los  requisitos físicos y las habilidades para vivir en condiciones tan adversas no podrían soportar la dura vida de la campaña. Una vida que llegaba a los límites más bajos de la miseria y los horrores. Existen diversos testimonios sobre los sufrimientos de los revolucionarios y sus parientes. 
En Camagüey un mambí describe una desgarradora escena que se encuentra,  cuando extraviado en el bosque, llegó a  un rancho:
“... solamente hallamos en este a una pobre patriota sumamente extenuada, la que tenia en una cama de cujes a un niño como de 3 o 4 años de edad; convertido en un esqueleto con vida. Al preguntarle el general  Diaz de Villegas, ¿que tenia el niño? Le contesto : “se muere de necesidad” , hace pocos días se me murió uno de año y medio... Al aconsejarle que se presentara; colérica contesto: no jamas... ”[40]
Mientras el general Federico Cavada afirmaba en carta a un conocido que las mujeres mambisas vivían: “Escondidas en lo mas oscuro de los bosques, sufriendo hambre, desnudes y enfermedades, expuesta a la cólera brutal de la soldadesca inhumana que las persigue sin tregua (...)  Con alguna razón se ha dicho que esta es la guerra de las mujeres” [41]
El parir en la manigua podía devenir en una verdadera tragedia.  El 13 de abril de 1869 Isabel Velez Cabrera, la esposa de Calixto García, se encontraba junto a las demás mujeres de su familia en las en las márgenes de la laguna de San Pedro de Cacocum, en las llanuras del Cauto  cuando se inician los primeros dolores del parto. En la tradición   familiar quedó reflejado aquel hecho, descrito años después por Carlos, hijo de Calixto, en su diario personal:

“Antonio Mangual,. oficial libertador a su paso con sus fuerzas por la ranchería donde estaban en el monte en San Pedro de Cacocum nuestra familia, mi abuela Lucia desde lejos con un delantal como bandera de señales llamó a que viniera alguien a construir una cama de cujes  y de colchón corona de plátanos para  mi madre Isabel Vélez que estaba con dolores de parto. Antonio Mangual y sus hombres acudieron y realizaron el trabajo, teniendo también que tomar parte en "cortarle el ombligo” al recién nacido. [42] 

Las penurias de la vida insurrecta detuvieron el flujo de leche materna y la subsistencia de Justo, como nombraron aquel niño, se convirtió en una tragedia. Para empeorar la situación la ofensiva española,  y el consumo de los mambises iba despoblando los campos de reses. Pese a todo aquel puñado de mujeres hicieron que el niño sobreviviera. Fue un milagro femenino. Asunto que no tiene cabida ni explicación alguna en las Ciencias Sociales pero que en ocasiones puede ocurrir.
Los niños fueron los mas sufridos y también los mas olvidados. Hay muy pocas  referencias  de sus tragedias mucho mayores que sus años y sus cuerpos. Máximo Gómez en carta a un amigo tiene un momento de abatimiento cuando se siente abordado por la nostalgia de la ausencia de un hijo fallecido en la campaña:
            .... ¡Mi pobre hijo!  Inocente criatura, quedó enterrado en aquellas incultas  
                 montañas. No parece sino  que   vino a la tierra para irse y dejarme. . [43]
Pese a todo, en la Tierra del Mambí, continuaron  residiendo una gran cantidad de mujeres, niños e incluso ancianos que lograron sobrevivir a la persecución española y al  sinnúmero de enfermedades que las diezmaban. ¿Quienes eran estas personas.? De ellos ha quedado muy poca referencia. Se les menciona ocasionalmente en los diarios de campaña y en la correspondencia de los líderes revolucionarios. Pero raramente contamos con detalles sobre sus nombres, su número, su vida cotidiana.... Pero pese a tales espacios vacíos en la información  siempre estarán presentes como un escenario constante.
 Las columnas españolas de operaciones en sus informes  durante toda la guerra harán referencia  a estas familias que son capturadas o que se les ha  visto en fuga por los bosques, que han dejado  sus huellas en los campamentos,  rancherías  o aislados bohíos   abandonados en pleno bosque. Ropas de mujeres o niños, enseres de todo tipo y esa atmósfera indeterminada, pero real  que permiten ver en el entramado de la vivienda la presencia de la  mujer y  la familia que avisada a tiempo de la  incursión  enemiga  escaparon.
En la documentación mambisa también se le refleja, con alguna frecuencia.  En ocasiones son citas  trágicas que desearíamos, pese al paso del tiempo, no escuchar ni leer. Un general insurrecto informaba que:   “Al día (3-9-1872) siguiente ocupó (el enemigo)  nuestro campamento que habíamos abandonado dando muerte á una mujer y dos niños.”[44]
En enero de 1872, Carlos Manuel de Céspedes le escribía a su esposa: “A los 4 días de marchas y campamentos en que nada notable  ocurrió, llegamos a un sitio de la hacienda Tacajó en que estaba acampado el general (Calixto)  García con parte de su división y    cerca de 500 familias.” [45]
En el informe de los libertadores  sobre el fin trágico de Céspedes, en febrero de 1874, también   estará presente  la familia. Los españoles : “...sorprendieron la Prefectura (...) hiriendo y matando al C. expresidente de la República Carlos Manuel de Céspedes y dos libertos (...) y aprendiendo cuatro  mujeres con unos niños.” [46]
Mientras una de las fuerzas, que depone las armas en La Villas en febrero de 1878, tenía casi un centenar de mujeres y  niños.[47]
Desde el primero hasta el último día de la guerra estará presente la familia. Los mambises hicieron todo lo posible por mantener en Cuba Libre a esas familias y mujeres.
Pese a que se considera  por algunos autores que los insurrectos  trataron que se presentaran a las fuerzas españolas cuando la guerra se intensificó. Realmente esto es una parte de la verdad. Al parecer esa fue una actuación más común de la élite terrateniente, de los grupos de origen más acomodados. Hay algunos ejemplos como el de Céspedes que envío a su esposa Ana de Quesada al extranjero o Francisco Vicente Aguilera que hizo que sus hijas se presentaran.
Estas familias no se adaptaron con facilidad a la vida miserable de Cuba Libre. Además tenían la opción de emigrar. Al presentarse, la vida en los poblados enemigos era más bien transitoria.
Aunque también tomaron igual decisión otros libertadores de menor relevancia social. Luis Guerra, un anónimo insurrecto,  de la división  de Vicente García, el 4 de noviembre de 1871: “...presento a su familia y vino para la fuerza casi baldado de reumatismo”[48]
Mientras Gómez en su marcha desde la parte oriental de Holguín en febrero de 1870  “... se ve precisado a hacer presentar sus hermanas” . [49]
Para las familias más humildes la emigración era un asunto más remoto. Vivir en esos poblados enemigos era realmente duro, tanto por las condiciones morales como materiales. Los cultivos efectuados en los alrededores eran constantemente saqueados por los insurrectos e incluso los españoles por lo que se encontraban con un abastecimiento muy pobre. Hay diversos ejemplos en la documentación mambisa sobre la pobreza que prevalecía en las poblaciones del oriente  ocupadas por el enemigo. [50] Lejos de ser la familia un estorbo,  constituía un medio de resistencia. En ocasiones al leer un texto de historia sobre la guerra de 1868 nos parece que los mambises eran una  especie de semidioses  que se dedicaban todo el tiempo a combatir por la independencia. Realmente estos eran seres humanos con necesidades materiales y espirituales tan elementales como la puede tener cualquier hombre y mujer de esta tierra. Una de ellas es la compañía, la familia, la relación de pareja. Ellos como nadie comprendieron el papel insustituible de la familia. Antonio Maceo y María Cabrales continuaron en los predios mambises el matrimonio formado antes de la contienda. Mientras Máximo Gómez conforma una familia en la inseguridad de Cuba Libre. Ramón Leocadio Bonachea se casó ante un prefecto mambí, en diciembre de  1875,  con  la camagüeyana Victoria Sarduy y Pérez.[51] Son los casos más conocidos pero esos matrimonios que se mantienen durante la guerra son bastante comunes.      
A las familias que permanecieron en Cuba Libre se les trató de proteger y de alimentar.  Un general mambí que se enfrentaba a la gran ofensiva de Valmaseda de los primeros años de la guerra sacaba fuerza y tiempo para atender a esta multitud de desdichados. Con la lógica de la solidaridad le escribía a uno de  subalternos:  
       He tenido noticia  que V. por salvarlo del enemigo ha sacado ganado de los Alfonsos ... medida que apruebo (...) pero como en el ganado según tengo informes hay vacas paridas espero que estas si se presentan sus dueños (siendo estos patriotas) á reclamarlas para utilizar la leche se las entregue porque matando estas no solo se pierden dos reses sino que también se priva á una familia del sustento que la leche le proporciona diariamente.
 También he tenido noticias que la viuda del buen cubano C. Antonio Alvares se encuentra en el Junco muy escasa de recursos, con gran preferencia deseo atienda V. en cuanto le sea posible á  esta familia proporcionándole cuantos
  socorros le sean a V posible[52]
Tampoco es extraño que un general se ocupara de cómo era tratada la esposa de uno de sus soldados en una prefectura  mambisa, en los momentos más intensos  de la ofensiva española. Cuando las tropas habían agotado casi todo el parque y el enemigo las atacaba en sus campamentos. De todas formas el general tuvo  paciencia para atender a la esposa del mambí José Alarcón. Escuchar sus quejas, tomar una de las muy escasas hojas de papel y escribirle al funcionario desatento:
    La C Juana Ba..  Nuñez esposa del soldado de la compañía la Invensible José Alarcon hace  quince dias acude a la proveduria en vusca del sustento y lo que recibe en lugar de él son malas expresiones muy justo es se atienda a esta C. y creo que asi sucedera en lo sucesivo porque debe tomarse en cuenta el servicio que está, prestando su marido y al mismo tiempo por ser una muger que no cuenta con otro ausilio mas que este.[53]
 En Holguín, en 1870,  se le llamaba emigrados a estas familias,  pues la mayoría habían sido desplazados de sus lugares de residencia. Estos “emigrados” estaban tan presentes en la vida militar, que el jefe de la división debió de organizar  y regularizar su permanencia en los campamentos.  El 6 de abril de 1870, el general Julio  Grave de Peralta le ordena a los jefes de compañías  que:  “...toda la emigración debe quedar separada de la fuerza tanto en este campamento como en la marcha debiendo siempre ir a retaguardia sin consentirse á ninguna familia que se introduzca en la fuerza”.[54]
La familia de los caídos en la guerra tenía preferencia especial para la elite revolucionaria. Julio Grave de Peralta le escribía al subprefecto de San Lorenzo, en Holguín, en abril de 1870:
     La C. Maria Ortiz viuda del venemerito Sargento Joaquin Savuri que murio como un valiente en defensa de nuestra causa se ha presentado hoy  pidiéndome ausilio por carecer de todos los medios de subsistencia para ella y sus hijos y como nada mas justo que atender con gran preferencia a esta desgraciada: espero que  tomando U en cuenta cuanto le dejo indicado se le provea de viandas y carne y los demás ausilios. [55]
 Las familias  tendían a crear límites muy precisos a la hora de argumentar un reclutamiento. El jefe de una división le escribía en octubre de 1869 a uno de sus subordinados:
 “... espero que sin perdida de tiempo tenga la bondad de hacer un reclutamiento hasta llenar el numero de cien desde este punto hasta Chaparra (...) Deseo que para ello trate de sacar todos aquellos individuos que se encuentren mas retraidos y separados del servicio y que    no perjudiquen en nada en primer lugar a las familias...”.[56]
Incluso hasta Máximo Gómez casi obsesivo en lo referente al servicio militar no dudaba de poner límites al reclutamiento cuando las necesidades de atender la familia lo requerían. Siendo jefe de Las Villas  se le unen un grupo numeroso de familias. No duda en responder la consulta realizada por uno de sus generales: “ Apruebo la determinacion que  Usted ha tomado de no incorporar a las filas   las cabezas de familia de tanta gente presentada...” . [57]     
Proteger esta multitud  de desgraciados crea serias dificultades; pero nunca se eludió esa responsabilidad. Las familias tenían importantes funciones tanto materiales como espirituales. En el sentido material era una especie de retaguardia, sistema de logística y atención a los libertadores.  Pueden hacer funciones tan delicadas como custodiar el parque de una unidad de combate mambisa como ocurrió en  Holguín. Se guardó el traído en la expedición del Anna y asignado a esa división en la casa de la familia de Felix Camejo [58]
A falta de médico construyeron hospitales en sus hogares. Un general mambí en 1870   le ordenaba a uno de sus oficiales:  “... se trasladara los enfermos cuidando de buscar una familia que cuide los enfermos que los asista poniendo al mismo  tiempo uno o mas hombres que busquen los alimentos para los espresados...”[59]
El coronel Francisco Estrada, gravemente enfermo, encuentra  el cuidado que necesitaba en   una familia en Gua. Mejora de salud gracias:  “ a los eficaces cuidado y la asistencia que en la casa en que estoy me dan... En mi enfermedad no me ha faltado absolutamente nada. Todo lo mas exquicito, lo mejor es para mi.”[60]
Nos dice Céspedes, el 14 de noviembre de 1873, sobre Francisco Maceo Osorio que se encontraba seriamente enfermo: “Se han llevado a Maceo a un rancho de familia.” [61]
La expresión tiene la misma fuerza y esperanza con que hoy afirmamos: “se llevaron al vecino enfermo  a un hospital”.
Encontrarse  una familia  puede ser la salvación para un mambí hambriento y extraviado en un bosque. Así nos lo hace saber el insurrecto  Francisco Arredondo: 
“... los exploradores descubrieron un rastro que entraba en el monte , informado de esto nos dirigimos por el,  encontrándonos con un buen rancho  habitado por una familia de apellido Sifonte; la que informada de no haber comido desde el dia anterior, nos hicieron un cocido de maiz y calabaza. ”[62] 
Apenas se creaban condiciones mínimas para protegerlas los mambises   intentaban atraer a las familias  que residían en los poblados dominados por los españoles. Esto fue bastante frecuente especialmente a partir de la recuperación de la revolución que ocurrió desde 1873 a 1875.  Algunas de las familias capturadas  o presentadas   retornaron a la manigua insurrecta. En los asaltos cubanos  a estos centros urbanos  se intentaba  convencerlas para que los acompañaran.
Incluso en momentos tan críticos como el año 1870, podemos leer en el informe de un general mambí que en el ataque al poblado de Lázaro López en Santi Espíritu, el  18 de junio de 1870, fueron  “las familias  trasladadas al campo” [63]  El 1 de septiembre de 1873 Máximo Gómez le escribía a Felix Figueredo que en Camagüey en los últimos días  se unieron a sus fuerzas “ 20 hombres utiles para las armas, y que se yo cuantas familias” . [64]    
En ocasiones se utilizaron formas no muy santas para atraerlas. El 8 de diciembre de 1873, Céspedes escribió en su diario:   “Según he oido contar, las familias de Bueicito fueron sacadas a la fuerza y obligadas a venir con los insurrectos ....”  [65]
Aunque también hay evidencia de buen trato y compresión por parte de los revolucionarios. En el ataque a Puerto Padre, dirigido por el general  Francisco Varona, se les dio la opción a las familias que abandonaran la plaza el seguir con los mambises o regresar con el enemigo.
Algunas mujeres abandonan la relativa  seguridad de los poblados españoles y se unen a la insurrección. En el año terrible de 1871 un mambí camagueyano  nos dice que encontró en un rancho:  “ ... a la patriota Candita Recio... que había salido de la ciudad hacia poco.” [66]

En el ataque a  Yara el  29 de septiembre de 1871:   “muchas mujeres se acogieron a nosotros y algunos hombres..” [67]

Calixto García informaba, en agosto de 1872, que:  “Por esos mismos días se presentaron al referido Teniente Coronel, siete voluntarios armados y tres desarmados todos con sus familias, procedentes del poblado de “Guisa”.[68]
 En febrero de 1874 se unieron a los libertadores:  “... varias familias del fuerte Campechuela.”[69]
Estas familias   también dieron un aporte espiritual  muy significativo. Con la presencia de mujeres y niños en los campos de Cuba libre se justificaba en un sentido sicológico la resistencia. El poder conformar un hogar era un factor de resistencia. Asunto etéreo, difícil de definir y quizás mucho más de explicar. Esta parentela  jugó su papel en reconstruir caminos que no conducían a la presentación, a la deserción o  la traición. Si el mambí vivía rodeado de peligros también construía cada día con un sin número de detalles  que podía conformar pequeños placeres. Este clamoreo de barrio que se extendía más allá de las avanzadas del campamento en los rústicos bohíos de las familias con sus niños y mujeres enzarzados en conversaciones banales, en comentarios  maliciosos, en breves atenciones al insurrecto de paso  escamoteadas a la miseria era una oferta de un quehacer que podía sacar de un tirón un asunto tan poco confiable para tomarlo  como una definición en un texto de historia:   un rato de  felicidad. Expresión  que no tiene  basamento científico, pero que todo mortal comprende.
Carlos Manuel de Céspedes fue un observador genial. Fue capaz de pulsar este sentido de la vida cotidiana de los mambises. Si tomamos algunos fragmentos de su  diario y correspondencia personal podríamos entender en parte este universo vibrante de las rancherías mambisas.
En una tarde bochornosa de agosto de 1872 el presidente de la República de Cuba llega hasta  la ribera del río Contramaestre, en pleno oriente cubano. Allí lo espera grata sorpresa. Emocionado lo narra en carta a su esposa que se encuentra en el exilio:
 "...encontramos la familia de Vega y hubo una escena conmovedora. Estaban           reunidos todos los miembros de la familia sanos y salvos, al cabo de 4 años de           guerra y en presencia de su Gobierno. Esta honrada gente es toda de Canarias            que vino a esta Isla a buscar fortuna y abrazó nuestra causa con decisión y entusiasmo.  Nos obsequiaron con mangos y cocos..."[70]
El presidente responde con un cumplido a sus atentos anfitriones: "Llega el asistente Juan con todos los efectos. Hice de ellos un regalito a la familia de Pancho Vega... ..."[71]
No hay descanso para la amabilidad. Al tercer día de su estancia entre estos vecinos el presidente nos dice que:   "Estas familias tratan de cuidarme: unas me mandan bocaditos y otras me arreglan la ropa. !Dios se lo pague!"[72]
El 30 de agosto no queriendo abusar de la generosidad  de los  vecinos la comitiva presidencial se traslada hasta las márgenes del río Contramaestre donde se han construido amplios y rústicos ranchos.
Es amabilidad implacable la de  estas familias. Persiguen al presidente hasta su nuevo campamento. No es adulación por el poderoso sino amabilidad y devoción por el perseguido. No lo visitan en regio palacio rodeado de criados, sino en un rancho cualquiera, en pleno bosque. Conocen muy bien  que puede aparecer de pronto la contraguerrilla asesina con su propuesta de muerte y violencia. Los pies rudos de estos campesinos  abren trillos entre sus vegas y la mísera residencia presidencial. Cargan obsequios sencillos y rústicos; naranjas, cocos, raspadura, un pájaro de poca carne... Son regalos arrebatados a la necesidad cotidiana que impone aquella guerra implacable. aportado con la sencillez de quienes  lo han dado todo por la patria.[73]
Este mundo de pequeñas  atenciones se repite en otros lugares a donde se traslada la desarrapada comitiva presidencial. Céspedes nos va dejando tirones de esa bondad desinteresada en su papelería:  “Amaneci sin fiebre aunque todavía mal de la cabeza. Ursula la mujer de S. Medina me trajo un ponche con huevo. Esa familia es cariñosa con todos, especialmente con los enfermos.[74]     
En otra ocasión afirma :   “Me lavan la ropa unas morenas vecinas, madre e hija, llamadas Eduvijis y  Carolina; en agradecimiento les doy todo lo que tengo. ..” [75] 
Aunque tragedias desgarradoras conforman también este mundo familiar:  “Vino á verme una pobre mujer á quien los españoles le mataron el marido y 4 hijos, llevándosela para Jiguaní, de donde se les escapo: me regalo una vela de cera”.  [76]
Al día siguiente nos dice: “Hoy vino a verme una mujer  con 5 hijos pequeños que tiene á su marido en las filas: dice que los españoles le llevaron dos niñitas.  [77]
El racismo, asunto antológico en este país de esclavos y plantaciones paulatinamente  pierde espacio en la Cuba mambisa. Los negros y mulatos van constituyendo una mayoría entre los mambises. Los cubanos de piel mas oscura  aparecen con frecuencia en la papelería de Céspedes, el 6 de enero de 1874, nos dice:   “Estuvieron a verme varias morenas vecinas y me trajeron plátanos.”   [78]
El 11 de diciembre de 1873 afirma que: “Gilberto un negrito que manifiesta querernos mucho, nos trajo Toronjas  y yo le di suspiros, regalándole a Jesús la jabita en que vinieron.   [79]
Otro día nos anota, como si todavía residiera en su casona de La Demajagua donde recibe la visita de los vecinos:  “Vino a verme Pancho Vega que llego con sus hijos...” [80]

No tardará en hacer referencia a un personaje bastante peculiar: “Todos los dias viene Doña Ines la lavandera y siempre le damos alguna cosa. ”    [81]

En los días  angustiosos y humillantes  posteriores  a su destitución nos encontramos con un cúmulo de detalles que son importantes para analizar el papel de la familia. El ex presidente simpatizó con la familia integrada por Pablo Beola, su esposa Manuela y los niños de ambos. Estos residían no muy lejos de su bohío.  
Un día afirma que: “Ayer vino Beola á verme y me dejo dos ñames que me mandaba Manuelita”  [82]
El 26  de diciembre de 1873 escribe Céspedes que su hijo Carlitos: “..fue a ver a Manuelita. [83]
El 27 de diciembre de 1873 se refiere a que:  “Regale un corte de vestido al niño de Manuelita..”  [84]
Al día siguiente  va de visita a casa de Pablo Beola y Manuelita,   como un simple viajero:
 “ ...llegando con felicidad, apeándonos en el rancho de Beola. Alli estaba el Comadnante M Torres, el Capitan Servanda y otros. Tantos estos como Beola y Manuelita nos recibieron con muchas muestras de amabilidad. Ella me presento al niñito a quien ha puesto por nombre, Pablo Augusto, y se lo bendije deseando que fuera un buen cubano.      Nos obsequiaron con café y chocolate. ...   [85]
Hay indiscutible ternura cuando nos dice: “En nombre de su niñito me regalo Manuelita una raspadura.”  [86] 
Este sentido de barrio, de las relaciones de vecinos se hacen presentes en otras anotaciones de Céspedes: “ ...una mujer me trajo una hermosa biajaca y di dos naranjas de china a su hija”.  [87]
Mientras en otra ocasión escribe: “Llegamos al campamento de la Somanta, donde encontramos á Beola y las Cancino. que nos obsequiaron con agua de jenjibre”.   [88]
Ese mismo día  anota:  “Regale a las Cancinos agujas, hilo, botones y jabón: me correspondieron con sal y dulce. También me han mandado café varias veces.”  [89] 
Otros diaristas reseñan ese sentido del barrio en la resistencia. Vicente García, también está rodeado de la presencia del barrio. En las postrimerías de la guerra, el 12 de agosto de 1877,  escribe:   “Por la tarde salí al vecindario y no encontrando gente por la mucha lluvia que cayó, hice noche en la estancia de Amador Pajé.” [90]
Al día siguiente continúa su narración sobre este ambiente  cálido  y solidario: “Encontré ranchos de vecinos donde permanecí todo el día y la noche.”[91]
Pequeño mundillo de visitas y  regalos de escaso valor material, de oír las desgracias ajenas como buen vecino de barrio. Todo este murmullo de vecinos va conformando una  esperanza de que el próximo amanecer continúe al doblar de la vereda el bohío de Pablo y Manuelita, que aparezca de nuevo la buena de Eduvijes a lavar la ropa estropeada por la suciedad. Esto conforma un tipo de resistencia cotidiana.   Se defiende un país que es algo más que una suma de ideas, de mártires y combates.
Notas
1--  Se ha respetado la ortografía original  en las citas textuales
2--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 92
3--Enrique José Varona a Ventura García Calderón.  En Letras, cultura en Cuba. Número 6,  Editorial Pueblo y Educación , La Habana, 1989,  p 3
4--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Editora de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 11.
5--Eladio Aguilera Rojas. Francisco Vicente Aguilera y la Revolución Cubana,  La  Habana, La Moderna Poesía, 1908, p 1.
6--Gustavo Sed Nieves. Ignacio Agramonte. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1978, p 1.
7--Emilio Godinez Sosa. Eduardo Agramonte. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975,  P  45
8--Nydia Sarabia. Ana Betancourt. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 27
9--Jose Ignacio Castro y Gustavo Sed Nieves. Biografías. Editorial Arte  y Literatura, La Habana, 1977, p 78 
10--Olga Portuondo.  Cartas Familiares Francisco de Estrada y Céspedes. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
11--Jose Abreu Cardet. La Furia de los Nietos Guerra y familia en Cuba. Editorial el Mar y la Montaña, Guantánamo, 2003
12--Guillermo Cardet Weathom murió con el grado de coronel el  23 de septiembre de 1897 de enfermedad en las filas de la revolución.
13--Jose García Castañeda.  Familias holguineros. Inédito y  Pedro Montalvan. El origen de la familia Cardet comunicación personal al autor de esta obra 
14--Yamila Vilorio Foubelo. Los Portuondos evolución histórica de una familia santiaguera. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2004,  pp. 10, 34, 35

15--Margarita  Garcia Laguna. Brigida Zaldívar decisión y estirpe.  Editorial Sanlope, Las Tunas, 2001, p 7
16--Olga Portuondo Zuñiga. En Cartas Familiares Francisco de Estrada y Céspedes, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
17--Victor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas. 1996.  p 14

18--Víctor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas, 1996,  p 24

19--Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.

20--Museo Provincial de Historia.  Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador  de Borradores.  1276. de 7 de marzo a Jesús de Feria 
21--Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador,  comunicado número 1411, de 25 de mayo de 1870
22--Dante Alighieri. Dvina  Comedia Infierno. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1972, p 192
23--Fernando Portuondo y Hortensia Picahrdo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 86
24--En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo 543, núm.  85

25--Larrousse Ilustrado, p 719
26--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes. El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 178
27--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 97
28--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Número 12
29--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 84
30--Testimonio al autor de Jesús Tellez Caracedo
31--Testimonio al autor por Margarita Méndez Carvallo
32--Juan Albanés. Eduardo Cordón. Inédito. Archivo personal de Juan Albanés Martínez 
33--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  Copia 850
34--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro  copiador, copia  852
35--Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.

36--Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  copia 1146 ,  de 22 de febrero de 1870
37--Yoel Cordoví Nuñe. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 111
38--Fernando Portuondo y Hortensia. Picahrdo Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1982, t III,   p 61
39--A. N. C. Donativos y Remisiones, sin caja \23-B.

40--Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871), Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 111 

41--Mary Ruiz de Zarate. El general Candela: Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 220.
42--A. N. C. Fondo Donativos y Remisiones, Fuera de Caja, no. 123 - A.
43--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 104
44--Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.   Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
45--Fernando Portuondo  y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III,   p 109.
46--Parte del Mayor General Calixto García Iñiguez a la secretaria de la Guerra dando cuenta oficial de la caída en combate de Carlos Manuel de Céspedes, 6 de abril de 1874. En: Gerardo Castellanos,  “Tierras y Glorias de Oriente”.  Calixto García Iñiguez”. P. 83-85.
47--Hector Izquierdo Acuña. La Guerra de los diez Años en la provincia Ciego de Avila, Centro de Investigación y Desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, p 333
48--Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992,   p 115
49--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 53
50--Vicente García en su diario personal nos ofrece dramáticas descripciones sobre la miseria en que vivía la población residente en la ciudad d de Tunas. Mientras James Okelly en su Tierra del mambí nos dice sobre la miserable situación de los vecinos de los poblados situados en los alrededores de Manzanillo,. Carlos Manuel de Céspedes en sus diarios y en las cartas a Ana de Quesada nos da interesantes descripciones de esa situación..
51--Juan J.  E Casasus. Ramón Leocadio Bonachea El jefe de la Vanguardia.  Editorial Librería Martí, La Habana, 1955, p  81 .
52--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, Carta de Julio Grave de Peralta al coronel Loreto Vasallo
53---Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 820
54--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1313, de 6 de abril de 1870
55--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 911
56--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,  Libro copiador,  número 655,  21 de octubre de 1869
57--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 113
58--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1126,  17 de febrero de 1870
59--Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1392,  13 de mayo de 1870
60--Francisco Estrada Céspedes. Cartas Familiares,  Universidad de Oriente, Serie conmemorativa del centenario, Santiago de Cuba, 1969, p 6
61--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 177
62--Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 94 
63--Mary Ruiz de Zarate. El general Candela. Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1974, p 203
64--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 96
65--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimezx S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 216
66--Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 104 
67--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial  de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,  p   90
68--En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI, Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
69--Fragmento del Boletín de la Guerra del 28 de abril de 1874, resumiendo un parte de guerra de Calixto con acciones entre el 5 de febrero y el 27 de marzo de 1874.
En:  Periódico La Independencia, Organo de los Pueblos Hispano Americanos, Nueva York julio 23, 1874.  Año II No. 81. Publicado además  en el Boletín de la guerra del 28 de abril de 1874, Año II, número 13.

70--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153

71--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153
72--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I, p.  352
73---Sobre la estancia de Céspedes, en el verano de 1872, en la zona de Contramaestre y las muchas atenciones de los vecinos del lugar se puede consultar: Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I p p . 351 a 371 y Idem edición 1982 T III pp 153  a 158
74--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes  Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 354
75--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 91
76--Ibidem,   P 111
77--Ibidem,   P 112
78--Ibidem, P  P 244 y 245
79--Ibidem,   P 219
80--Ibidem, P  P 221 y 222
81--Ibidem,   P 184
82--Ibidem,  P 234
83--Ibidem,   P 235
84--Ibidem,   P 236
85--Ibidem,   P 237
86--Ibidem,   P 244
87--Ibidem,   P 250
88--Ibidem,   P 121
89--Ibidem,   P 122
90--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García: leyenda y Realidades, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992,  p 273
91--Idem



[1]  Se ha respetado la ortografía original  en las citas textuales
[2]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 92
[3]  Enrique José Varona a Ventura García Calderón.  En Letras, cultura en Cuba. Número 6,  Editorial Pueblo y Educación , La Habana, 1989,  p 3
[4] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Editora de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 11.
[5]  Eladio Aguilera Rojas. Francisco Vicente Aguilera y la Revolución Cubana,  La  Habana, La Moderna Poesía, 1908, p 1.
[6] Gustavo Sed Nieves. Ignacio Agramonte. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1978, p 1.
[7]   Emilio Godinez Sosa. Eduardo Agramonte. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975,  P  45
[8] Nydia Sarabia. Ana Betancourt. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 27
[9] Jose Ignacio Castro y Gustavo Sed Nieves. Biografías. Editorial Arte  y Literatura, La Habana, 1977, p 78 
[10] Olga Portuondo.  Cartas Familiares Francisco de Estrada y Céspedes. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
[11] Jose Abreu Cardet. La Furia de los Nietos Guerra y familia en Cuba. Editorial el Mar y la Montaña, Guantánamo, 2003
[12]  Guillermo Cardet Weathom murió con el grado de coronel el  23 de septiembre de 1897 de enfermedad en las filas de la revolución.
[13] Jose García Castañeda.  Familias holguineros. Inédito y  Pedro Montalvan. El origen de la familia Cardet comunicación personal al autor de esta obra 
[14] Yamila Vilorio Foubelo. Los Portuondos evolución histórica de una familia santiaguera. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2004,  pp. 10, 34, 35

[15]   Margarita  Garcia Laguna. Brigida Zaldívar decisión y estirpe.  Editorial Sanlope, Las Tunas, 2001, p 7
[16] Olga Portuondo Zuñiga. En Cartas Familiares Francisco de Estrada y Céspedes, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1989, p 116
[17] Victor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas. 1996.  p 14

[18] Víctor Manuel Marrero Zaldívar. Tras la luz de sus estrellas. Editorial Sanlope, Las Tunas, 1996,  p 24

[19] Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.

[20] Museo Provincial de Historia.  Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador  de Borradores.  1276. de 7 de marzo a Jesús de Feria 
[21] Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro Copiador,  comunicado número 1411, de 25 de mayo de 1870
[22]   Dante Alighieri. Dvina  Comedia Infierno. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1972, p 192
[23]  Fernando Portuondo y Hortensia Picahrdo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 86
[24] En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo 543, núm.  85

[25]   Larrousse Ilustrado, p 719
[26] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes. El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 178
[27]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 97
[28] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Número 12
[29]  Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo, Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 84
[30]  Testimonio al autor de Jesús Tellez Caracedo
[31]  Testimonio al autor por Margarita Méndez Carvallo
[32]  Juan Albanés. Eduardo Cordón. Inédito. Archivo personal de Juan Albanés Martínez 
[33] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  Copia 850
[34]  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro  copiador, copia  852
[35] Enrique Collazo. Cuba Heroica, S.F., p. 275.

[36] Museo provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  copia 1146 ,  de 22 de febrero de 1870
[37]  Yoel Cordoví Nuñe. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 111
[38]  Fernando Portuondo y Hortensia. Picahrdo Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1982, t III,   p 61
[39] A. N. C. Donativos y Remisiones, sin caja \23-B.

[40] Francisco de Arredondo. Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871), Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 111 

[41] Mary Ruiz de Zarate. El general Candela: Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, p 220.
[42] A. N. C. Fondo Donativos y Remisiones, Fuera de Caja, no. 123 - A.

[43]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 104
[44]  Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.   Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.

[45] Fernando Portuondo  y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes: Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III,   p 109.
[46] Parte del Mayor General Calixto García Iñiguez a la secretaria de la Guerra dando cuenta oficial de la caída en combate de Carlos Manuel de Céspedes, 6 de abril de 1874. En: Gerardo Castellanos,  “Tierras y Glorias de Oriente”.  Calixto García Iñiguez”. P. 83-85.
 
[47]   Hector Izquierdo Acuña. La Guerra de los diez Años en la provincia Ciego de Avila, Centro de Investigación y Desarrollo de la cultura cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, p 333
[48]  Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992,   p 115
[49]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón.. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 53
[50]  Vicente García en su diario personal nos ofrece dramáticas descripciones sobre la miseria en que vivía la población residente en la ciudad d de Tunas. Mientras James Okelly en su Tierra del mambí nos dice sobre la miserable situación de los vecinos de los poblados situados en los alrededores de Manzanillo,. Carlos Manuel de Céspedes en sus diarios y en las cartas a Ana de Quesada nos da interesantes descripciones de esa situación..
[51]  Juan J.  E Casasus. Ramón Leocadio Bonachea El jefe de la Vanguardia.  Editorial Librería Martí, La Habana, 1955, p  81 .
[52]  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, Carta de Julio Grave de Peralta al coronel Loreto Vasallo
[53] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 820
[54] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1313, de 6 de abril de 1870
[55]  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador, número 911
[56]  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta,  Libro copiador,  número 655,  21 de octubre de 1869
[57]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 113
[58]  Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1126,  17 de febrero de 1870
[59] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, Libro copiador,  número 1392,  13 de mayo de 1870
[60]  Francisco Estrada Céspedes. Cartas Familiares,  Universidad de Oriente, Serie conmemorativa del centenario, Santiago de Cuba, 1969, p 6
[61] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 177
[62] Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 94 

[63]  Mary Ruiz de Zarate. El general Candela. Biografía de una guerrilla. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1974, p 203
[64]  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 96
[65] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 216
[66] Francisco de Arredondo, Recuerdos de las Guerras de Cuba (Diario de Campaña 1868 1871) Introducción y Notas por Aleida Plasencia. Biblioteca Nacional Jose Martí, La Habana, 1963, p 104 

[67]  Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial  de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,  p   90
[68] En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI, Biblioteca Universidad Central de Las Villas.

[69] Fragmento del Boletín de la Guerra del 28 de abril de 1874, resumiendo un parte de guerra de Calixto con acciones entre el 5 de febrero y el 27 de marzo de 1874.
En:  Periódico La Independencia, Organo de los Pueblos Hispano Americanos, Nueva York julio 23, 1874.  Año II No. 81. Publicado además  en el Boletín de la guerra del 28 de abril de 1874, Año II, número 13.

[70]  Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153

[71]  Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, P.153

[72] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I, p.  352

[73] Sobre la estancia de Céspedes, en el verano de 1872, en la zona de Contramaestre y las muchas atenciones de los vecinos del lugar se puede consultar: Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974 Tomo I p p . 351 a 371 y Idem edición 1982 T III pp 153  a 158

[74] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes  Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 354
[75] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 91
[76] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 111
[77] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 112
[78] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 244 y 245
[79] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 219
[80] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 221 y 222
[81] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 184
[82] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 234
[83] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 235
[84] Eusebio Leal Spengler.,  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 236
[85] Eusebio Leal Spengler,  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 237
[86] Eusebio Leal Spengler,  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   P 244
[87] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 250
[88] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 121
[89] Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimez  S.A. Ciudad de La Habana, 1992,   P 122
[90] Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García: leyenda y Realidades, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992,  p 273
[91] Idem

No hay comentarios:

Publicar un comentario