jueves, 9 de abril de 2015

ATAQUES A POBLADOS POR LAS GUERRILLAS: EL CASO DE CUBA 1868 1878

José Abreu Cardet
Carlos Manuel de Céspedes resumió en muy pocas palabras las esperanzas que ponían los revolucionarios en sus ataques a las poblaciones controladas por los españoles: "Ha llegado el momen­to en que el pueblo de Cuba comprenda que tiene que guerrear, lo hace, pero quiere comer. Pide los asaltos para obtener dinero y ropa, comprando con lo que coge, lo que necesita “ (1)
Céspedes fue drástico en sus criterios. Para el los ataques a poblados habían devenido un fin en sí. El 6 de diciembre de 1873, escribió: “Si los españoles no nos persiguiesen, si no tuviesen oro, efectos y mantenimientos, nadie se acordaría de hacerle la guerra”.  (2)
Palabras argumentadas con la amargura del resentimiento, pues dos meses atrás había sido depuesto como presidente  y humillado. Pero tal razonamiento de Céspedes tiene una parte de verdad. En ocasiones tal  parece que atacar poblados y ciudades era un objetivo en sí para algunos jefes y soldados mambises. 
Aunque el asunto era mucho más complicado y no se puede entender en toda su magnitud siguiendo tan solo los criterios resentidos del expresidente. Veamos una carta de  Calixto García a Miguel Aldama del 2 de mayo de 1874:
“ La misma guerra nos ha ido indicando lo que necesitábamos; primero fueron armas y pertrechos arrancados al enemigo y traídos otros del extranjero; hoy no necesitamos sino parque y artillería y aún, si fuese necesario suprimiria lo primero, pues lo segundo nos proporcionaría con abundancia el parque que tomaría mas en los mismos campamentos enemigos.  Hoy nuestro valiente Ejército se  bate siempre victorioso con el enemigo. (...) Pero si bien en el campo obtenemos todas estas ventajas con las columnas que salen, no sucede lo mismo en los poblados: allí, parapetados detrás de sus trincheras, nos llevan ventajas; si bien esto no ha sido obstáculo para que hayamos entrado en casi todas sus poblaciones y campamentos; nuestros fusiles son insuficientes para destruirles esas trincheras y poder de ese modo apoderarnos de ellas.  La artillería es la que llena esa necesidad y yo creo que U. Estará de acuerdo conmigo en ese particular.” (3)
De esas acciones se esperaba obtener los medios, tanto de subsistencia como bélicos, para prolongar la guerra indefinidamente hasta dar al traste con el dominio colonial. La toma de las fortificaciones de los poblados podía aportar el parque que tanto necesitaban los mambises. Pero pese a que   no contaron con  artillería y cuando la tuvieron no la utilizaron  eficazmente se continuaron atacando poblados. La falta de medios de sitio impuso una táctica en estas acciones. También otros objetivos. Realmente el liquidar la guarnición contraria no era fundamental para cumplimentar los objetivos que se perseguían. 
Ignacio Mora resumió la esencia de estos ataque al decirnos que: "Nosotros asaltamos poblados, los quema­mos, robamos a sus habitantes las ropas y dinero y las trincheras españolas quedan intactas y los defensores inofensivos". (4)
Es decir que estamos ante una operación que perseguía como objetivo esencial obtener vituallas. Para esto era necesario aislar la guarnición contraria de manera que los mambises pudieran saquear sin obstáculos los almacenes y bodegas.  En el ataque a Sibanicú el 21 de enero de 1873  los españoles fueron “... obligados a concentrarse al fuerte principal contra el cual nada se pudo intentar por falta de artillería” (5)
Ante esta penuria de armas y parque para poder enfrentar al enemigo la labor de inteligencia se hizo más importante. Era necesario contar con los más mínimos detalles sobre el enemigo para tratar de sorprenderlo y evitar atacar en momentos en que la guarnición estuviera reforzada. En este desarrapado ejército sin recursos para mantener un aparato de espías la labor espontánea de los vecinos era fundamental. Es de pensar que en estos muy bien vigilados pueblos cualquier vecino que se mostrara dispuesto a colaborar lo haría de seguro con una persona que le brindara confianza. Muy difícil con un desconocido. Mucho mas fácil con un antiguo conocido del barrio o un pariente que militara en las filas independentistas. Para ganarse a estos individuos se utilizaban las influencias de los caudillos locales, las relaciones familiares y en general la calidad armazón que formaban los barrios entre sus integrantes.
Julio Grave de Peralta le escribía a un amigo que residía en un poblado enemigo:

    Querido amigo

Estoy penetrado de la confianza que ese gobierno que detesto hace de ti y en esa virtud llego la hora de que puedas con el sobresaliente patriotismo que tu siempre has demostrado hacer por Cuba cuando a tu alcence se halle. Según reciba contestacion tuya te indicare lo que debes hacer... (6)  
El destinatario estaba seguro que no estaba ante una celada tendida por el enemigo. Conocía a Grave de Peralta. Sentía confianza por este líder que tenia un viejo arraigo en la zona. En ocasiones la labor de inteligencia permitía sumar a algunos vecinos al ataque. Incluso hasta voluntarios. Por ejemplo los voluntarios del poblado de Gua se unen a los fuerzas libertadoras.  (7)
Este tipo de relación de espías o agentes de barrio  le daba  un carácter por completo regional a los asaltos. Además se hacían generalmente con las fuerzas que operaban en la comarca reforzada en ocasiones por unidades que actuaban en la cercanía.
Se utilizaba la ventaja que ofrecía el conocimiento del terreno para que las fuerzas revolucionarias pudieran llegar hasta las inmediaciones del caserío  sin ser descubiertas. 
 Veamos con algunos ejemplos como funcionaba la colaboración de los vecinos. Un general mambí que en abril de 1870 se disponía a asaltar un centro urbano  le pedía a uno de sus habitantes  que colaborara con los libertadores desde  las filas contrarias:  “Deseo saber exactamente el estado de la casa del Capitan de Yareyal es decir si tiene o no aquella alguna trinchera y que distancia hay del fuerte a la casa así como de aquella a la tienda.. (8)
Si seguimos con cuidado la organización del ataque a Puerto Padre,  dirigido por el general Francisco Varona,  en febrero de 1876, tendríamos una idea bastante completa de cómo se preparaban en general estas acciones y la labor de la colaboración clandestina.
El 16 de febrero de 1876 Francisco de Varona, que era jefe de una brigada de la división de Tunas  le propuso a Vicente García la operación, que fue aprobada. García le dio algún parque y su escolta como refuerzo. 
El 17 de febrero  Varona anota en su diario: “Despacho comisión de confidencias a zona contraria para  informes  del estado de fuertes y fuerzas por allá.” (9)
Esta “comisión”  hacia la función de mantener la comunicación  entre los colaboradores cubanos en Puerto Padre  y el jefe mambí.
Enseguida Varona con su tropa se pone en marcha hacia Puerto Padre. El 19 acampa en  un lugar llamado San Antonio. En los momentos en que inicia la marcha desde ese sitio: “... llega la comisión de zonas contrarias; dan informes de columna enemiga en Maniabon. Varío pues de rumbo y dirijo a Los Yayales, donde acampamos. Envió nueva comisión a la zona con Sargento Burgueño al frente para tomar mejores informes” (10)
El 20  escribe:  “ Nuevas comisiones de prácticos se envían a la zona” (11)                  
Ese día anota:
“ Llegan esta tarde las comisiones, informan que en Puerto Padre hay poca tropa, pero que en Santa María y Maniabón hay como mil quinientos hombres en columna. Como esos puntos están cerca reuní para oír el parecer de varios jefes, pero determinado a seguir el mío... Reuní los prácticos después y casi todos dijeron lo mismo a excepción del pardo Aba que me explicó bien la posición de Puerto Padre y la facilidad de entrar en dicho poblado sin ser sentidos si podía desecharse o rodear alguna distancia el fuerte. Me hace un plano tosco de la posición de fortines, estacada y caminos, y con arreglo a él arreglamos el plano.” (12)
El 22 de febrero de 1876, de noche, atacan Puerto Padre (13)Logran penetrar en la población. Aunque no la tomaron  por completo se apoderan de numerosas vituallas y algunas familias marchan con los revolucionarios. Es indiscutible que el éxito de esta acción se debió tanto a la colaboración de los agentes cubanos como al conocimiento del terreno de los prácticos.
Aunque en el caso de los ataques a ciudades importantes la operación salía del marco exclusivamente regional pues muchas veces se realizaban concentración de fuerzas de diversos lugares. Por ejemplo para atacar a Holguín, en diciembre de 1872,  se reúnen tropas de las divisiones de Holguín, Jiguaní  y Santiago de Cuba. No podemos dejarnos engañarnos por tanto nombres y estructuras militares. En total los mambises suman unos 400. (14)
En ocasiones atraídos por el botín  llegaban  tropas de lugares lejanos para participar en el ataque a un poblado insignificante. Por ejemplo  para el asalto a Baire la concentración fue de fuerzas procedentes de Bayamo, Jiguaní Santiago de Cuba y Holguín. Aunque en total  apenas se lograron concentrar unos 480  hombres. (15) Para el ataque a Bueycito  en Bayamo acudieron  200 soldados de la lejana jurisdicción de  Las Tunas. (16)
En el ataque a Baire Abajo realizado el 25 de julio de 1872 toman parte 200 hombres procedentes de las fuerzas de Holguín y del brigadier Jesús Pérez bajo el mando de Manuel Calvar. ” (17) La búsqueda del botín hacía que se integraran a la tropa mujeres e incluso adolescentes para participar en el saqueo. Sobre el asalto a Santa Rita (diciembre de 1873)  que se convirtió en una derrota, Céspedes se refería a uno de los caídos de escasa edad sobrino de Salvador Cisneros Betancourt. Según el Padre de la Patria:      ....  no debio de dejar (Cisneros Betancourt) que un niño se expusiera a tanto riesgo, sin carácter militar, y  solo por robar porquerías. (18)
 Al general Francisco Varona,  cuando se dirigía al ataque a Puerto Padre, un grupo de individuos desarmados se unió a su tropa el 21 de febrero de 1876 . La mayoría de ellos son rancheros y asistentes. Incluso una mujer le solicita autorización para acompañar a las fuerzas en el asalto. El objetivo es participar en el saqueo de los establecimientos enemigos. (19)
Veamos algunas características de estas acciones. Las tropas mambisas entraban en los poblados por diferentes lugares para dispersar la defensa contraria. Las fuerzas que asaltaron  Guisa, a principios de 1872 lo hicieron por  cinco puntos y a Baire, en el verano de ese mismo año, por tres lugares diferentes. En el asalto a Manzanillo, en noviembre de 1873, se efectúo por varios lugares de forma simultánea.
Los ataques se ejecutaban fundamentalmente de noche. Como razonaba un líder mambí: “Las  personas imparciales y sensatas opinan que aun no estamos en condiciones para atacar de día (ilegible) y a pecho descubierto (ilegible) a un enemigo preparado detrás de sus trincheras”  (20)
El ataque a Cauto Embarcadero, en mayo de 1875, se efectuó   “a las dos de la mañana.”  (21) El asalto a Baire Abajo fue según un testimonio mambí “ en la noche” ”  (22)El asalto al Vedado se realizó “... al oscurecer” ”  (23) El asalto al ingenio de  Guabajaney fue en la noche del 24 al 25 de marzo de 1872.  (24)  
En ocasiones se aprovechaba el amanecer cuando todavía el sueño era señor. El 18 de abril de 1874: “... a las seis de la mañana poco más o menos entraron en Cascorro nuestras fuerzas”. (25)
Mientras un general insurrecto anotaba en su diario, en agosto de 1875, que una de sus unidades de combate había:  “... atacado la noche anterior a Maniabón”. (26)
Estos asaltos nocturnos facilitaban la sorpresa. Asunto esencial para una tropa que atacaba con poco parque a un enemigo  bien protegido.
En el ataque a San Miguel de Nuevitas realizado en la noche del 12 de abril de 1874 por Máximo Gómez la sorpresa según uno de los participantes fue total: “A las ocho de la noche entraron las fuerzas cubanas en San Miguel sin ser sentidas, muchas tropas franca en la calle así como muchos jefes y oficiales”. (27)
En 14 de  Febrero  de 1877   Vicente García ataca el poblado de Puerto Padre. Contenido el asalto por los defensores de una batería hispana ya de día el tunero da órdenes de emprender la retirada y hace un razonamiento interesante:
“Previendo graves perjuicios por nuestra parte si tenía más baja como hubiera tenido atacando día de una población regularmente defendida y su guarnición bien preparada, con tan corto número de fuerzas con que contaba y estenuadas por lo largo de la marcha y lo pésimo del camino andado, tuve a bien retirarme como a las once del día después de haberme hecho unos cuantos disparos de cañón a la Plaza.”  (28)
 El sorprender al enemigo era una forma de evitar que  pudiera organizar la defensa del poblado. La sorpresa fue bastante común. Al extremo  que Céspedes anotó, como excepcio­nal en  uno de las acciones de este tipo : "Hubo de particular que el enemigo no fue sorprendido..." (29)
Esta ventaja inicial en ocasiones se perdía  en algunas acciones en el desarrollo del combate. En  especial por la captura del botín algunos no tomaban precauciones y quedaban expuestos inútilmente al fuego contrario.  Por ejemplo en el  ataque a Nuevitas en 12 de  abril de 1874 los mambises tienen:  “... tres muertos, veinte y seis heridos y algunos contusos” . (30) Mientras en el asalto a Cascorro, el 18 del mismo año y mes, se producen en el bando libertador: “... siete muertos y cuarenta y dos heridos” . (31)
Al dirigirse la tropa al asalto a un poblado se creaba tal excitación colectiva ante la posibilidad del futuro botín  que era difícil detenerlo  por circunstancias imprevistas. Incluso en las ocasiones en que se perdía el esencial factor sorpresa no siempre el jefe  podía detener el ataque.  Para entender la sicología común de estos hombres en los momentos previos al combate habría que valorar lo que había ocurrido hasta aquel momento. 
Estos soldados  realizaban  extenuantes caminatas  con muy escasa comida. Para evitar ser descubiertos se prohibía casi siempre cocinar en la marcha hacia el poblado. Esto en una tropa de una alimentación  irregular debería de crear un estado de agotamiento generalizado.  Pero al mismo tiempo cada uno de los hambrientos combatientes se sentiría dominado por la esperanza de saciar su hambre en los almacenes y bodegas. Se tenía la incertidumbre, al mismo tiempo, de que en cualquier momento podían chocar con una columna enemiga.
Se sobredimencionaban las posibilidades de obtener ropa, comidas,  bebidas, armas, dinero e incluso mujeres. Esta tropa de hambrientos y desarrapados que soñaban despierto con entrar a  uno de los bien surtidos almacenes españoles o simplemente a cualquier despensa de la casa de un vecino.
El ataque se convertía en una especie de catarsis colectiva. En un estallido de las muchas furias e impotencia acumuladas en la mísera vida en las montañas y bosques. Como un torrente incontenible caía sobre los poblados y ciudades controladas  por el enemigo. 
Existen algunos ejemplos de  circunstancias imprevistas que se presentaban al iniciar un ataque. En el ataque a Baire en agosto de 1872 se perdió el factor sorpresa cuando la vanguardia insurrecta se confundió y  se enfrascó en un intercambio de disparos con dos mambises que buscaban viandas en los alrededores del poblado. Pese a que el enemigo se puso en alerta el jefe insurrecto que dirigía la tropa  escribió en el informe que rindió sobre la acción: “Me vi pues obligado á renunciar á la sorpresa, no obstante decidí atacar a fin de no desmoralizar la fuerza retirándome frente al enemigo.”  (32)
En otros ataques como el de Manzanillo  se realizaron pese a que se había perdido el factor sorpresa. Una contraguerrilla hispana chocó con la columna cubana cerca de la ciudad. También en el ataque a Sao Arriba se perdió el factor sorpresa:
 “Preparados los españoles con rondas por varios de los caminos que al caserío conducen, no nos fue dable la sorpresa sino que comenzamos  a recibir sus fuegos á distancia de un kilómetro de  la primera casa, también salieron de sus atrincheramientos para batirnos en la  entrada, más todo esto no fue lo bastante para que nuestros soldados dejasen de continuar sobre el caserío. ”  (33)
Sin embargo, en otros combates de hostigamiento o enfrentamiento a columnas contrarias  era costumbre que los mambises se retiraran dejando el campo al enemigo. Se abandonaba  con facilidad hasta el cuartel general.  Los jefes revolucionarios no temían en esos casos por la desmoralización de sus fuerzas. Pero el asunto era muy diferente en el ataque a un poblado. Donde los deseos de entrar en combate se mezclaban con aspiraciones de obtener recursos.
Veamos como un oficial mambí describe el ataque a un poblado enemigo luego que los insurrectos lograban entrar en la población:
“ Desalojados aquellos de su posición, tomaron otra nueva, que también perdieron, huyendo entonces precipitadamente hacia el fuerte, en tanto que nuestros soldados, ocupando sus puestos, con antelación designados, saqueaban e incendiaban.  El enemigo ha sufrido la pérdida de tres magníficas tiendas, más de cien casas y gran número de animales.  Se tomaron sobre el campamento diez armas. Las fuerzas en una palabra han sido entusiasmadas con el triunfo y botín. (...) .  La retirada se verificó  en el mejor  orden á la hora convenida, teniendo que lamentar solamente la pérdida de un soldado muerto, un herido leve y dos contusos, entre estos últimos yo”.   (34)

Por lo general, los españoles lograban organizar la defensa de sus princi­pales fuertes, sobre todo cuando en ellos residían tropas regulares. La defen­sa española se limitaba casi siempre a sostenerse en el fuerte o los fuertes principales, mientras dejaban que el poblado cayera en poder del Ejército Libertador. En ocasiones hacían salidas para   expulsar a los asaltantes. Casi siempre estas pretensiones fracasaban.  Un ejemplo de esto fue el ataque a Baire en 1872. Cuatro columnas atacaron por diferentes lugares a la población:

“ Verificado simultáneamente el movimiento, no sin haber hecho reconcentrar a viva fuerza los guardias avanzadas se generalizó el fuego en las trincheras, sosteniéndose por espacio de dos horas con ayuda de la reserva; mientras que varias secciones de las respectivas fuerzas se ocupaban de destruir el caserío.  El enemigo intentó salir varias veces sin conseguirlo.  Incendiado en su mayor parte el pueblo, di la orden de retirada, verificándose el movimiento en el mayor orden cargados con un abundante botín.” (35)
Las ansias de consumir lo prohibido para el paladar de estos sufridos revolucionarios podían crear situaciones lamentables. En el asalto a Manzanillo unos  insurrectos descubrieron algunas bien surtidas bodegas de vinos y licores. No todos pudieron escapar de la tentación inmediata de tomar  un producto que era muy escaso en  Cuba Libre. Es de pensar en el desespero de estos desgraciados al comenzar a saborear vinos y coñacs, brandis y aguardientes. Al día siguiente los españoles husmeando entres las casas saqueadas y destruidas encontraron a algunos de estos en estados de embriagues y los asesinaron de inmediato. (36)
Pero lo peor era que en pleno combate algunas tropas estaban mas interesadas en saquear que en combatir al enemigo. En Nuevitas esta actuación de una de las columnas en que se estructuró la fuerza cubana  creo una situación difícil pues: “El refuerzo conducido por el coronel Maestre no llegó, sino que se dedicó a saquear, como todos, pequeños establecimientos de las afueras y casas particulares”. (37)
 En Cauto Embarcadero, asaltado en la noche del 31 de mayo de 1875. No se obtiene el resultado que se esperaba desde los primeros momentos por: “... haberse dedicado algunos cuantos al saqueo dentro del mismo fuerte antes de obtener el éxito”. (38)
Los ataques a poblaciones importantes como Jiguaní, Manzanillo, Holguín o Tunas eran más complejas pues el enemigo tenía mayores medios de defensa. Veamos la descripción del parte oficial mambí del ataque a Holguín en diciembre de 1872. Nos referimos al desarrollo de las acciones dentro del perímetro urbano.
“Comunicada la  orden de atacar, marchó el Comandante (Limbano) Sánchez a Vanguardia arrollando a las avanzadas enemigas y abriendo paso a las demás fuerzas que invadieron la ciudad, a pesar del fuego de los reductos enemigos que defendían la entrada y que no  tardaron en ser abandonados por sus sorprendidos defensores.  Reconcentrose  toda la fuerza enemiga a sus cuarteles  desde donde hicieron varias salidas con infantería y caballería, pero obligados a desplegarse siempre  con grandes pérdidas, quedamos por fin dueño de la población, excepto algunas de sus obras de fortificación.
Di entonces orden de incendiar los edificios mandados a ocupar, recomendando solo se  verificara, a ser posible, con aquellos en que habitaran españoles o pertenecieran a estos, efectuándose (....)  A las tres de la mañana dispuso la retirada que se llevó a cabo en el mejor orden, después de saquear las pertenencias españolas.” ” (39)
Durante un ataque se podían producir imprevistos que iban desde que la guarnición hubiera sido reforzada unas horas antes del asalto por la llegada casual de una columna de operaciones. Todo esto pese a la intensa labor de inteligencia que se desarrollaba antes de estas acciones. Pero en la condición humana siempre hay un espacio para el azar.  Incluso en ocasiones se dieron casos que llegaba una columna o un destacamento enemigo de paso por el lugar en pleno ataque. Así aconteció en el ataque a Yara el 11 de octubre de 1868. Máximo Gómez resumió aquella primera derrota; “ 50 infantes y 15 caballos, que salieron de Bayamo para Demajagua y pernotaban en Yara la noche del encuentro. Los cubanos lo ignoraban” (40)El 1 de noviembre de 1872 en el asalto al ingenio  San Manuel en Tunas donde no pudieron: “... tomar las trincheras por el refuerzo casual que había llegado á dicho ingenio. ” (41) Para evitar estas desagradables sorpresas el papel de la inteligencia era vital.
Un participante en el ataque al poblado de Auras, cerca de Gibara, describió magistralmente el ritmo intenso de la acción y en esencia podemos considerar que la mayoría de este tipo de combate se desarrollaban de forma similar a la expresada por el diarista.  "El enemigo no se sostuvo en sus posiciones, nos abandonó el poblado; principió el saqueo, se ocuparon las principales casas que eran to­das del comercio. Concluido el saqueo se incendiaron todos los estableci­mientos y la iglesia." (42)
El mas estupendo de estos ataques fue la toma de Tunas, realizada el 23 de septiembre de 1876. La ciudad cubana más importante capturada por los mambises, luego de  Bayamo. Vicente García, el jefe de aquella operación, en un gesto de modestia sin precedente resumen la acción en una simple frase: “La operación se llevó a cabo con todas las circunstancias que se habían previsto.” (43) Mientras Manuel Sanguily escribió  que había  sido: “... la obra maestra del cálculo, la astucia y la intrepidez prodigiosamente combinados”. (44) Podíamos agregar que fue en cierta medida la culminación de este tipo de guerra regional pues la población fue tomada  gracias a las estrechas relaciones de Vicente García con varios de sus vecinos.
 Los insurrectos llegaron a establecer reglamentos para el trato que se de­bía ofrecer a las familias que vivían en estos poblados:
"En los asaltos de poblaciones, campamentos o caseríos, no se quitará la vida a ningún cubano pacífico, y especialmente se respetarán los ancianos, inválidos, niños y mu­jeres, de cualquier nacionalidad, prestándoles toda la protección posible, sin compeler en ningún caso a las familias a venir con las fuerzas cubanas" (45)
Durante una de sus operaciones en las zonas de cultivo de Holguín y Gibara, para cuidar el prestigio de la tropa, Calixto fue drástico en sus órde­nes: "...quien en la marcha se desvíe del camino para entrar en ranchos y co­ger provisiones, quien estraiga mujeres de los lugares donde se va, será fusilado". (46)
En el asalto a Holguín, en diciembre de 1872, los insurrectos: “... llevaban orden de no matar ningún cubano.” (47)
En el asalto a Sibanicu en enero de 1873  “Se prohibio ... el saqueo de familias y toda violencia a estas".”(48)  Esto dio como resultado que el ataque se realizó “ en medio de la simpatia del vecindario cuyas personas e intereses fueron religiosamente repetados” ” (49)
Sin embargo,  en la confusión del combate, no siem­pre era fácil evitar algunos excesos. En el ataque a Nuevitas, el 12 de abril de 1874, los cubanos se entregaron al saqueo sin respetar a las familias cubanas. Un mambí presente en la acción nos dice que: “No hubo orden ninguno para respetar las familias y pacíficos, ocasionando ésto el repugnante espectáculo de atropellos y saqueos a las infelices familias mientras que casí la totalidad de los buenos establecimientos de comercio quedaron intactos. ” (50)
Todo lo que pudiera ser útil al enemigo era destruido: casas, almacenes, iglesias, productos que no se pudieran transportar, etcétera. Las órdenes de Céspedes eran terminantes en este sentido. Refiriéndose al ataque a una pla­za, escribía a uno de sus oficiales:
"...hacerla desaparecer completamente, después de aprovechar cuanto ella contenga, la cual debe ejecutarse con to­dos los que caigan en nuestro poder... Destruyase por el fuego y por el pico, no sólo los pueblos sino las casas fuertes de los campos donde quiera el ene­migo acampase...". (51)
Esta orden siempre que se podía se cumplía. Hay algunos ejemplos de esta labor de destrucción. 
En el asalto a Faguayaban “ Se quemaron el caserío y 3000 tercios de tabaco” ” (52)El 20 de diciembre de 1873 con indiscutible alegría escribía  Céspedes: “... fue quemado el caserío de Boqueron. . . (53).
Aunque estos ataques también debemos de verlo en sus resultados morales para la población cubana.
En el ataque a Guisa, el 17 de octubre de 1872, el jefe que dirigió la operación informaba:
“... el golpe debe haber producido gran efecto moral, apresurando la reacción en sentido favorable a nosotros que se manifiesta en las presentaciones que cada día se suceden, y que ascienden ya a un crecido número.  En efecto, además de las indicaciones que firman la exposición que tengo el honor de  incluirle hay algunos más por los montes que aún no se me han presentado, debiendo haber salido, según informes de las familias, 8 de Guisa y otros tantos del “Horno” la noche  del ataque.  He organizado de ellos una compañía con 35 plazas, la mayor parte armados, reinando el mejor espíritu y la más satisfactoria concordia.”  [1] 
Pero lo más significativo de estos asaltos eran las vituallas capturadas. Era bastante común que en los informes sobre su  resultado se hicieran descripciones  como la del jefe que dirigió el asalto a Guisa en octubre de 1872 de que se  había obtenido: “... un riquísimo botín de efectos de ropa, comestibles, reses, cerdos, caballos. ” (55)
Mientras en el ataque a un poblado llamado  Junucùn realizado por Limbano Sánchez, en septiembre de 1872,  se obtienen:“ ... gran cantidad de reses, caballos, cerdos y otros efectos…” (56)
En ocasiones hay que pagar un alto precio en sangre por obtener comida y vitualla. El 4 de septiembre de 1873 Céspedes nos dice que:   “Llegaron fuerzas nuestras que atacaron la trinchera de la Guadalupe pero fueron rechazadas con perdidas de dos muertos ... y dos heridos. “. (57)
En el ataque, del 14 de enero de 1874, dirigido por Crombet al Hatillo los mambises tienen 5 heridos y capturan 40 bueyes. (58) En el asalto  a Guabajaney realizado en la noche del 24 de marzo de 1872 hay 6 bajas. (59)En el de Baire Abajo dos heridos. (60) En el cafetal La indiana 30 bajas. . (61) En el poblado del Vedado un herido. (62)
Al extremo que Ignacio Mora escribía en su diario una frase que resumía ese tipo de acción: “Comer cuesta algunos hombres” (63) El abundante botín obtenido en estas acciones   creo una situación bastante peculiar en el campo insurrecto que es descrita por un patriota:"...los continuos ataques a los poblados enemi­gos trajeron la abundancia de ropas y efectos útiles; las grandes rancherías formadas facilitaban víveres y viandas en gran cantidad; la vida se hizo fácil y cómoda donde antes era áspera y dura..." (64)
Al mismo tiempo surgió un fenómeno poco usual en las filas mambisas y que no ha sido estudiado por la historiografía. El botín obtenido en estos asaltos fue tan abundante que se creó un inten­so comercio en las zonas controladas por el Ejército Libertador en el Depar­tamento Oriental. Se llegó a tal situación que  Céspedes le escribió  a un cubano emigrado:
"Como los acontecimientos han contribuido a variar cada día la situación reitero otra vez el pedido que hice a usted de veinticinco mil pesos. Es in­dispensable que ese dinero venga; pues las cosas han llegado al extremo que es necesario comprarlo todo; sobre todo desde los asaltos dados a los cam­pamentos enemigos; en que el comercio se ha desarrollado de una manera increíble". (65)
Es interesante que en una época en que los motivos de los militares  para ir al combate no eran el botín en este tipo de guerra irregular la obtención y la defensa de este alcanzara una gran importancia. Un estudioso del combate de Waterloo aclaraba que ya incluso en las guerras napoleónicas el botín había dejado de ser un incentivo importante. Después de Waterloo los soldados ingleses ofrecían por muy poco dinero   el botín obtenido en la requisa   realizada a los franceses muertos. El precio de la venta era tan irrisorio que un estudioso británico afirmó:  “Esta venta del pillaje a precios muy inferiores a los de su valor tiende a deshacer la idea  de que  el deseo de botín apoyaba la firmeza del soldado ordinario. (66)
  Si ya en una época tan lejana como principios del siglo XIX el saqueo había pasado a un segundo plano en los ejércitos no ocurría igual en la guerra de Cuba. Esta importancia del botín debemos de verla más allá de los objetos y vituallas que capturaban los soldados de fila. Los ataques  a centros urbanos a convoyes y el abastecimiento en los sembrados de las zonas de cultivo eran esenciales para la sobrevivencia de los insurrectos. Formaba parte de lo que pudiera considerarse como el  soporte material y espiritual  de la resistencia. No era una simple acción individual sino todo un mecanismo mental de confirmación real de las posibilidades de la guerra. A falta de logística esta se podía implementar con este tipo de acciones. El estado cubano como tal también recibía su parte del botín. Una interpretación fuera de contexto nos ha hecho ignorar la importancia del botín. También matices morales por completo fuera de época y circunstancias de la guerra  rodean a los mambises de un manto bastante ambiguo que ellos nunca pidieron. Tanto los españoles como los mambises fueron honestos en sus criterios. Los primeros confiscaron cuanto propiedad tenía un simple sospechoso de colaborar con los laboran tes. Mientras los mambises saquearon las  propiedades que  estuvieran en terreno enemigo. Ambos lo proclamaron en público y en privado.
 Hasta el presidente de la república se beneficiaba de estas acciones. El 26 de julio de 1873 escribió Céspedes sobre el reparto del botín del ataque a un poblado nos dice que:  “Se dio 1 mulo a Barreto, 1 a Panchito y 1 se mato para comer: también me mandaron 2 botellas de vino y un poco de aceite y vinagre” . (67)
El 28 de septiembre de 1873 Céspedes anotaba: “Han traído de Guisa varios prisioneros y 9 bueyes, de estos cedieron tres al ejecutivo”.  (68)
Además de este botín oficial que recibía el ejecutivo y la cámara también algunos jefes le entregaban pequeños regalos al presidente. Céspedes  hizo un recuento de tales obsequios que recibió luego de una resonante victoria cubana en el ataque a una población:
    Me hicieron los siguientes regalos- Calixto García un limpia dientes de oro, Urquiola, un pañuelo blanco- Mariano Torres, sardinas, tabacos, galletas, platos y una toalla: Jose Prado tabacos y chocolates. Mis asistentes camisas lienzos, pañuelos, libros y otras cositas. Paquito Borrero, una botella de cerveza. Un soldado, un abanico. (69)       
El reparto del botín se convertía cuando este era realmente importante en una decisión gubernamental. Por ejemplo luego de la toma de Tunas en septiembre de 1876 se organizó el reparto de forma oficial. El general que llevó a cabo aquella operación anotó en su diario personal, el 19 de octubre de 1876:
“Dispuesto por el Gobierno el reparto de los dos mil novecientas treinta y un peso con veinticinco centavos, nombré una comisión compuesta de los comandantes Zayas y Guillot y teniente Lanoval para que hicieran dicho reparto poniéndolo en sus manos el dinero y la comunicación del Gobierno sobre el asunto en que se dispone como se hará el reparto y es del modo siguiente, cuatro cuartas partes, una para las atenciones del Departamento y del Gobierno, otra para mis necesidades particulares y las otras dos partes entre mis ayudantes y demás individuos que conmigo cooperaron en la operación de la toma de Las Tunas”. (70)
Aunque hubo un gesto realmente grandioso de un grupo de estos mambises A principios de 1871 ante la dramática escasez  de parque Máximo Gómez envío a Jamaica al diputado Jose María Izaguirre con unos fondos para enviar una expedición con pertrechos a las fuerzas libertadoras que el dirigía. Gómez en carta al presidente de la junta  revolucionaria de Jamaica le narraba como se habían obtenido aquellos fondos.    “... los he recaudado entre los jefes,  oficiales y soldados de la valiente división de mi mando.... . (71)
Estos estregaron “... el oro que recogen en el botin y que de derecho les pertenece... . (72)
Los ataques a poblados era una de las  ocasiones que tenían los libertadores de intentar engrosar sus filas con vecinos. Esto se produjo en especial a partir del auge que se inició en 1873 y se extendió hasta 1874 cuando se obtienen una serie de brillantes victorias y la respuesta militar contraria esta limitada por el desarrollo de guerras civiles en la metrópoli. Algunos vecinos que querían unirse a las fuerzas libertadoras con su familia aprovechaban estas acciones para poder cumplir esa aspiración.
Era una forma de paliar en alguna medida una situación que se iría haciendo más compleja en las fuerzas libertadoras: sustituir las bajas.
Pero no siempre se cumplía esta aspiración.  Céspedes  en su diario personal escribió el día  21 de noviembre de 1873 que en el ataque a Manzanillo   los cubanos tienen  80 bajas. Agrega una frase lapidaria:   “Nadie se nos unio” (73)
Aunque también estos ataques a poblados podían ir promoviendo una separación entre la población cubana y los mambises. Recordemos que una buen parte de los vecinos de estas comarcas residían en los tales poblados. Gente muchas de ellas que habían militado activamente en el campo insurrecto y fueron hechas prisioneras o se habían presentado.  Pero no pocos  de ellos simpatizaban con la causa independentista e incluso colaboraban con la insurrección. Podían ser los futuros reclutas del Ejército Libertador para sustituir las bajas. Sin embargo en ocasiones en  estos ataques  los mambises actuaban como si todos los vecinos fueran sus enemigos saqueando las casas y cometiendo abusos. A veces  los líderes militares reportaban el saqueo de las casas en esos poblados y sus inmediaciones como acciones militares.
Un coronel  mambí informaba  que uno de sus subordinados había saqueado: “... algunas casas en las cercanías del campamento enemigo de “San Andrés” (74)
Mientras el brigadier Manuel Calvar informaba que uno de sus oficiales envió:
“ ... dos guerrillas, al mando de los Tenientes Modesto Fornaris y Justino Garayalde a operar sobre los caseríos de “Juan Puebla”  y “Las Cruces”,  respectivamente.  La primera saqueó el 12 de junio ppdo. varías casas, después de haber hecho fuego y puesto en fuga las avanzadas enemigas, ocasionándole  un muerto y varios heridos se apoderó de dos armas y un rico botín de ropas y víveres.   La 2 saqueó algunas casa, de donde extrajo gran cantidad de ropas y  víveres ” (75)  
Mientras Máximo Gómez hace referencia en unas notas sobre la guerra que un capitán mambí al frente de una guerrilla en abril de 1872 “ se apodero de seis casas del partido de Sao Arriba, quemándolas y saqueándolas” (76)
Esas casas saqueadas en los asaltos   pertenecían casi siempre  a vecinos de esa comarca en su mayoría cubanos. Por lo que tales acciones podían devenir en una alienación de la población que si bien veía en los españoles a sus opresores se encontraba que los mambises habían devenido en esencia en unos implacable saqueadores. Si se quería prolongar la guerra los futuros reclutas y colaboradores debían de  buscarse entre estos vecinos. Por lo que los mambises se encontraban en una situación difícil. Por un lado era necesario atacar los poblados para abastecerse y por el otro tratar de ganar la población cubana para su ideario. Esta es una de las muchas contradicciones que existían en el seno del movimiento revolucionario cubano y que es necesario analizar en el marco general de la contienda.

LA DEFENSA DEL BOTIN

Pero los temores y el  sufrimiento de los mambises no terminaban al dejar tras sus espaldas la saqueada población enemiga. Es de pensar en  esta tropa con sus rebosantes macutos de todo lo  imaginable e inimaginable, las bestias de la  caballería  convertidas  en  acémilas (77) con serones donde sobresalía entre un lío de ropa, un jamón escoltado por zapatos de mujer,   por allá se arriaban vacas y bueyes cogidos en los potreros del lugar. Alguien a puro azote hacia avanzar  a una piara de puercos. De la cintura de un valiente  colgaban amarradas por las patas de un improvisado cinto pollos y gallinas. Esta multitud de hambrientos  iba dejando a la vera del  camino  botellas de vino o aguardiente, restos de tabaco y  comidas, los andrajos de ropa que era sustituidos  por los capturados...  Quizás  un mambí hacia una selección de lo que llevaba, abandonando en un recodo de la marcha un poco de loza,  cazuelas de barro o metal que le hacían  extenuantes el desplazarse.
Alguien degollaba un puerco que se negaba a marchar  guardando en los bolsillos y el macuto  trozos de carne. Dejando el rastro de sangre del infeliz animal.  Era difícil que el más estricto jefe no se sintiera contagiado por el alboroto de  su tropa, por la irresistible  alegría de hartura de los hambrientos.
Pero atrás en la saqueada población se preparaba el desquite.  Los obligados a refugiarse  en  sus fuertes y cuarteles durante el asalto  iban apareciendo en plazas y calles llenos de furia y resentimiento por la derrota sufrida. Los almacenistas  arruinados, los bodegueros saqueados incitaban  a la venganza. Entonces  se organizaba  la columna de la revancha. De poblaciones cercanas acudían tropas de refuerzo. Se emprendía  la persecución por los rastros muy bien marcados por el desorden  impuesto por la inesperada abundancia. Los exploradores  siguiendo un tabaco a medio quemar acá, una botella vacía más allá, un pan mordisqueado y tirado, un frito de carne dejado a la voluntad de hormigas y gatos monteses.... En fin no era difícil dar con el improvisado campamento mambí. En muchas ocasiones este  se había establecido  no siguiendo la lógica de la buena disposición  de una defensa ante un posible ataque; sino la realidad de una hartura general que apenas permitía que los pies sostuvieran a estómagos sobredimencionados. A esto se agregaba  una borrachera común con buen oporto o aguardiente de caña que hacían que la extrema vanguardia confundiera las conocidas veredas. La gente estaba cansada, con sueño por la noche de pelea. Los heridos quejosos reclamaban una cura. Además las carnes saladas y secas  parecían pedir  el fuego. Cochinos y reses invitaban  a improvisados carniceros y  cocineros a la matanza y el gran asado.
Céspedes  describió uno de estos bulliciosos campamentos establecidos pocas horas después del ataque y saqueo de una importante población:  “Encontramos a todos muy animados y bien vestidos; el campamento tenia el aspecto de una exposición. Nos dieron muchas vivas y nos recibieron a los acordes de una orquesta, que sacaron de la ciudad. Nos invitaron a un magnifico almuerzo: hubo varios brindis y discursos muy elocuentes: la alegre expansión fue general. (78)  
En estas circunstancias no era raro que la columna enviada desde el poblado atacado u otro cercano encontrara al campamento insurrecto y lo atacara.
Lo narrado lo hemos ido reconstruyendo a golpes de imaginación pero siguiendo el sentido muy verídico  de los informes rendidos por ambos bandos en cada uno de  este tipo de combates que se desarrollaron luego de un asalto  a un poblado o una ciudad.
Los más importantes combates realizados en las jurisdicciones del Cauto casi siempre se llevaron a cabo luego del ataque a un poblado o una ciudad enemiga.  Veamos algunos ejemplos. El combate de Palmarito, efectuado después del ataque a Jiguaní, en septiembre de 1871. El general que dirigía las tropas cubanas nos cuenta que: “El enemigo reforzado por todos los campamentos de sus alrededores, me atacó en la tarde del mismo día en el punto nombrado Palmarito, en número de más de 600 hombres.”  (79)
Pero esto no era una excepción. También se desarrollaron  el de  Veguitas de Banes, luego del asalto al  Cañadón en julio de 1872, el de Camazán posterior al ataque a Holguín, en diciembre de 1872. El de la Cana, después del asalto a Auras, en abril de 1873. En este último  los mambises estaban más interesados en defender el botín que en combatir propiamente al extremo que no de los participantes   escribió: “Si no hubiera estado tan cargada la gente, si no hubiera sido el botín, el enemigo habría sido completamente derrotado.” (80)
Otra acción de ese tipo fue la  de Santa María de Ocujal, en septiembre de 1873. Esta se efectúo después del ataque al poblado de  Güirabo por Calixto García. Los españoles lanzaron tras los mambises una poderosa columna. Los cubanos la atacaron.  El jefe de las tropas cubanas iniciaba su informe  al presidente Céspedes  con unas palabras que llevan explícitos la tensión del combate: “Escribo estos cortas renglones bajo la impresión de una hermosa victoria.” (81)Había tal asombro por lo espléndido de la victoria que el manuscrito tan solo contiene dos párrafos como si no se creyera en la realidad de la columna contraria macheteada, con los cuerpos de infantes y jinetes formando una macabra alfombra a la vera del camino.
Luego vendría el combate de  Melones des­pués de los ataques a Corralito, Yabazón y el Rabón en los primeros días de enero de 1874. La historia se repetía Los hispanos enviaban una columna a vengar la afrenta tras cada asalto a una población.
Era tan usual que las fuerzas coloniales  luego del ataque  a una población siguiera y atacaran a los mambises en el lugar donde acamparan que Calixto García luego del ataque a Holguín el 19 de diciembre de 1872  anotó que: “El 20  acampé en las Cabezadas de Camazán, donde tomé posición para esperar el enemigo. ” (82)
No estaban desacertados los mambises, pues el 22 una columna atacó el campamento. Luego de un intenso combate fue rechazada.
La seguridad de que el enemigo siempre emprendía una operación de represalia luego del asalto a un poblado  le hizo escribir al jefe que atacó a Guisa, en octubre de 1872, a Céspedes:
“No envió el parte oficial de la acción, porque estoy esperando al enemigo que según noticias, ha entrado un gran número, después de la acción á Guisa.  A éste se añade el trastorno que sigue a un ataque de esta naturaleza, y que, cono U. comprenderá no  me dejan momento de reposo.” (83)
Es interesante que los mambises no eluden el seguro ataque enemigo. Al parecer el botín era tan abundante que se consideraba imposible descartar el encuentro. Además  un combate en marcha era más difícil de proteger lo conquistado. A esto se agregaban  los heridos en el asalto al poblado  o ciudad y  a los que no siempre era fácil trasladar y atender. Por ejemplo en el referido combate de Camazán los mambises contaban con 21 heridos producidos en el ataque a Holguín.  (84)
Atender un número elevado de lesionados afectaba la posibilidades combativas de estas unidades. Para  trasladar a sus heridos: “... se colocan los heridos en una hamaca suspendida de una pértiga algo larga, que llevan en sus hombros dos hombres. (85)
En el combate de Camazán, realizado luego del ataque a Holguín,  tendrían que dedicar por lo menos 42 hombres al trasladado de estos. Tal número en una fuerza de alrededor de 400 que fueron los que asaltaron a Holguín era considerable. Hay que pensar además que cada uno de estos hombres cargaba con un abundante botín lo que disminuía en la marcha su capacidad combativa.
Tal situación nos hace comprender  lo necesario que era establecer un campamento lo más raídamente posible luego de atacar un poblado.
En esto radicaba: “... el trastorno que sigue a un ataque de esta naturaleza” , (86) a que se refería el jefe que dirigió el asalto a  Guisa que hicimos referencia unos párrafos atrás.
Realmente no es de pensar que estas tropas victoriosas y satisfechas pudieran alejarse mucho del territorio donde habían realizado el ataque. Vicente en el ataque a Cascorro,  el 14 de abril de 1874, nos dice: “...acampamos en Las Guásimas de Agramonte a tres leguas de Cascorro.”  (87)
Esta distancia para la capacidad de desplazamiento de una columna española es poca. Otros combates menos trascendentales se desarrollaron contra la columna hispana que perseguía a las fuerzas cubanas que realizaron un ataque a un centro urbano.  Los españoles no solo reaccionaban enérgicamente cuando eran asaltadas sus poblaciones sino también en el caso de incursiones contra haciendas y zonas  de cultivo. Hay un ejemplo bastante  interesante que nos reporta un jefe mambí que operaba en el sur de oriente:
 “El 9 (Noviembre 1872) salí en dirección del partido Benevolencia, tomando las  haciendas Bella Vista, Carolina, San Julio, Jali, Caguasi y San Prudencio, incendiado esta última donde hice un prisionero.  El mismo día acampando en Arroyo Berraco, me atacó el enemigo, siendo rechazado en todas direcciones, después de tres horas y media de fuego.” (88)
El envío inmediato de fuerzas en persecución de los cubanos  tenía varios objetivos. Uno de ellos era tratar de anotarse una victoria y con ello  disminuir el efecto político militar que tenía en la población una acción de ese tipo. Hay que decir a favor del enemigo que mostraba una gran obstinación en estos combates en venganza por el ataque a una población. Notamos en ocasiones demasiado interés en entrar en combate. Es posible que en eso estuviera el deseo  de los soldados y oficiales de participar en el saqueo de lo ya saqueado. Es decir capturar el botín de los revolucionarios. Una de las causas que provocó la derrota española en el combate de Melones es que estos atacaron y desalojaron  a los cubanos de su campamento. En lugar de organizar la persecución se entregaron al saqueo del campamento. Los mambises habían abandonado una gran cantidad de objetos valiosos, alimentos y bebidas que capturaron en el ataque a varias poblaciones días antes. Esto facilitó  que los libertadores  se reorganizaran contraatacaran  y vencieran. El ejército español no siempre estaba tan bien alimentado y aprovisionado como se piensa. Ellos también perseguían obtener botín. 
“Los soldados siempre han saqueado” (89) Afirma con muchas razones un estudioso de las guerras. Pero en este caso los hispanos tenían motivos para  excitarse con la posibilidad de la recompensa. No era “desvalijar ... al enemigo muerto en combate”  (90)Sino apoderarse de ropas, alimentos, joyas, dinero y otros diversos objetos que fueron robados en el poblado recién atacado y ya por las leyes no escritas de la guerra no tenían propietarios.
 En esta rápida reacción hispana de enviar columnas, a perseguir a  los mambises estaba condicionada por el hecho de que en estos ataques los asaltados casi siempre tenían pocas  bajas. El grueso de sus fuerzas permanecía a buen resguardo en fortines y cuarteles.
Los cubanos casi siempre exageraban al hacer referencia al número de bajas contrarias en los ataque a poblados. Las descripciones de esas verdaderas carnicerías realizadas por los revolucionarios  no parecen creíbles. Realmente en medio de la oscuridad y el combate no es probable que los cubanos tuvieran forma de contar con veracidad las bajas enemigas.
 Los informes mambises sobre los ataques a poblaciones importantes llevan ese sello de lo exagerado. En el ataque a Jiguaní nos dice Calixto García  que le hace a los hispanos:  “.. más de doscientos  muertos”  (91)En Manzanillo:  “...no bajan de 200” .”. (92) En Holguín: “... causándole 80 bajas en su totalidad de españoles,” (93)En la práctica era imposible saber cuantas bajas tienen los atacados. Nosotros hicimos un estudio sobre los militares y civiles inscritos en el libro de defunciones de la iglesias de Holguín y Baracoa luego de los ataque realizados a la primera ciudad en diciembre de 1872 y a la segunda en enero de 1877. Pese a los muchos y sangrientos combates que se narran en los textos escritos con documentación mambisa en los libros de defunciones del templo católico de Baracoa  tan solo se recogen en el mes de diciembre  de ese año a cinco militares muertos de heridas de armas. (94)En Holguín las cifras también son bajas.
Estos ataques a poblados, los asaltos a convoyes,  el comercio que se desarrollaba con el botín obtenido  iba conformando también la cotidianeidad mambisa. No se iba al combate tan solo a emboscar y fusilar al soldado contrario sino como una parte de la subsistencia de cada hombre y su familia. Los combates no eran una suma de bajas, una suma de muertes y desgracias también con ellos llegaba en ocasiones  disparos de esperanza.
El eterno potro de las pequeñas ambiciones se desembocaba y se acaba en el comercio y el trueque de lo obtenido en los asaltos. Pero eso también forma parte de la enredada condición humana. Los ataques a poblados, convoyes, acciones en las zonas de cultivo conformaban parte de la resistencia mambisa. Incluso muchos  combates campales tenían como objetivo defender el botín obtenido. En ese sentido la acción militar no se convertía en una actividad que tenia un fin resolutivo a corto o mediano plazo. Ni siquiera tenia como objetivo principal realizar el desgaste de las topas  contarías, aunque en el estaba implícito esto,  mas bien conformaba parte de la subsistencia, de ir extendiendo la guerra día a día mes a mes. Con ello también se formaba uno de los mecanismos de la resistencia.  
NOTAS
1--Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo: Carlos Manuel de Céspedes Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana , t. II, p. 116.
2--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 209
3--En:  ANC, Donativos y Remisiones, Legajo 157, núm. 46-15
Carta de Calixto García a Miguel Aldama del 2 de mayo de 1874.
4--Nydia Sarabia: Ana Betancourt, Ob. cit., p. 173.
5--  Víctor Manuel  Marrero. Vicente García Leyenda y Realidad. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 144
6--Museo  Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta.  paquete 3. sin número
7--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 56
8--  Museo Provincial de Holguín.  Fondo Julio Grave de Peralta. Libro copiador.   Comunicado número  1316 del 10 de abril de 1870
9--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V. p 405 406 407
10--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878 Tomo V. p 405 406 407
11--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V. p 405 406 407
12--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V , p 405 406 407
13--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V, p 405 406 407
14--Fragmentos del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.  El ejemplar consultado tiene 258 renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.

15--En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
16--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 146
17--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2005, p 56
18--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992   p 231
19--Museo Casa Natal de Calixto García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878, Tomo V, p 405 406 407
20--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 231
21--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero, Vicente García Leyenda y realidad, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 202 
22--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 56
23--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 72
24--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 74
25--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero, Vicente García Leyenda y realidad, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159
26--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 209 
27--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 158 
28--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 253
29--Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo:  Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana ., t. III, p. 122.
30--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 157 158 
31--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159 
32--En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
33--En: Periódico La Revolución de Cuba.  29 de junio de 1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria   de  la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
34--En: Periódico La Revolución de Cuba.  29 de junio de 1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria   de  la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
35--En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
36--  Juan Adres Cue Bada El asalto a Manzanillo  inédito. Un resumen de este trabajo fue publicado en La revista de historia de Holguín. El autor consulto el texto en la residencia particular del destacado historiador. Cue Bada publico relativamente pocas obras pero dejo una amplia información inédita  Apoyo a todo el que se acerco a el brindando una gran información en sus conversaciones demostrando  con los numerosos documentos que poseía en su biblioteca y archivo particular lo veras de lo dicho. Por lo que es difícil citarlo en una obra escrita. De todas formas la historiografía cubana tiene una indiscutible deuda con ese laboriosos y noble colega.
37--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García. Leyenda y realidad Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 157 158 

38--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana. 1992. p 202 
39--Fragmentos del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.  El ejemplar consultado tiene 258 renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
40--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, pp. 44 45
41--Parte oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872.
En: Periódico La Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872  ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
42--Nydia Sarabia: Ana Betancourt  Ob. cit., p. 173.
43--   Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y Realidad.  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992,  p 238
44--Manuel Sanguily Victoria de Las Tunas Nueva York 1897 p 17
45--Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo: Ob. cit., 1.1. p. 399.
46--Juan J. E. Casasús: Calixto García El estratega. Oficina del Historiador de La Habana, 1962 , p. 78.
47--Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.  El ejemplar consultado tiene 258 renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
48--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 144
49--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1992. p p 157 144
50--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 158
51--Hortensia Pichardo y Femando Portuondo: Ob. cit., 1.1, p. 201
52--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 64
53--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido Publicimex S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 229
54--En: ANC, Academia de la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
55--En: ANC, Academia de la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
56--Parte oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872.
En: Periódico La Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872  ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
57--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido, Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 99
58--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimex  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 254
59--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 74
60--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 56
61--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 67
62--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 72
63--Nydia Zarabia. Ana Betancourt Agramonte. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 182
64--Enrique Collazo.  Desde Yara Hasta el Zanjón.  p 30
66--Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  t II, p 116
66--     John Keegan. El Rostro  de la Batalla. Ediciones Ejército,  Servicio de publicaciones del Estado Mayor general, Madrid, 1990, p 201
67--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 78
68--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 115
69--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 378
70--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 242
71--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 78
72--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 78
73--Eusebio Leal Spengler.  Carlos Manuel de Céspedes El Diario Perdido. Publicimez  S.A., Ciudad de La Habana, 1992,   p 189
74--En: Periódico la Revolución de Cuba, N. Y.- 9 de noviembre de 1872. ANC. Donativos y Remisiones. Fuera de Caja No. 2
75--En: Colección Coronado.  Documento 34, tomo XVI Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
76--  Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 70
77--En  términos militares de la época eran las bestias dedicadas a la carga en el ejército. Hoy es sinónimo de mula o macho de carga.
78--Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes  Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t I, p 378
79--Periódico La Revolución de Cuba, Nueva York, 18-k11-1871 núm. 1 ANC, Donativo y Remisiones.  Fuera de la Caja #  2.
80--  Nydia Sarabia Ana Betancourt  Agramonte. Editorial de Ciencias  Sociales, La Habana, 1970, p 174
81--Carta de Calixto García el Presidente de la República Carlos Manuel de Céspedes del 26 de septiembre de 1873.
En: Biblioteca Nacional de Cuba Sala cubana  /C M / Céspedes/ núm. 20
82--Fragmentos del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
83--En: ANC, Academia de la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
84--Fragmentos del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.   Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
85--James Okelly. La Tierra del mambí. Instituto Cuba del Libro, La Habana, 1968,  p 221
86--En: ANC, Academia de la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
87--Diario de Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159  
88--Fragmentos del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. . Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
89--     John Keegan. El Rostro  de la Batalla. Ediciones ejército.  Servicio de publicaciones del Estado Mayor general, Madrid, 1990, p 200
90--John Keegan. El Rostro  de la Batalla. Ediciones ejército,  Servicio de publicaciones del Estado Mayor general, Madrid, 1990, p 200
91--Periódico La Revolución de Cuba, Nueva York, 18-k11-1871 núm. 1 ANC, DR.  Fuera de la Caja #  2.
92--Periódico “El Boletín de la Guerra”, Núm. 7, año 2, Camagüey, Enero 1ro. de 1874,    Año 2.
93--Periódico La Independencia.  Órgano de los pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7.   Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
94--Libro de defunciones de la iglesia de Baracoa año 1877



[1] En: ANC, Academia de la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).

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