José Abreu Cardet
Carlos Manuel de Céspedes
resumió en muy pocas palabras las esperanzas que ponían los revolucionarios en
sus ataques a las poblaciones controladas por los españoles: "Ha llegado
el momento en que el pueblo de Cuba comprenda que tiene que guerrear, lo hace,
pero quiere comer. Pide los asaltos para obtener dinero y ropa, comprando con
lo que coge, lo que necesita “ (1)
Céspedes fue drástico en
sus criterios. Para el los ataques a poblados habían devenido un fin en sí. El 6 de diciembre de 1873, escribió: “Si los
españoles no nos persiguiesen, si no tuviesen oro, efectos y mantenimientos,
nadie se acordaría de hacerle la guerra”.
(2)
Palabras argumentadas con
la amargura del resentimiento, pues dos meses atrás había sido depuesto como
presidente y humillado. Pero tal
razonamiento de Céspedes tiene una parte de verdad. En ocasiones tal parece que atacar poblados y ciudades
era un objetivo en sí para algunos jefes y soldados mambises.
Aunque el asunto era mucho
más complicado y no se puede entender en toda su magnitud siguiendo tan solo
los criterios resentidos del expresidente. Veamos una carta de Calixto García a Miguel Aldama del 2 de mayo de 1874:
“ La misma
guerra nos ha ido indicando lo que necesitábamos; primero fueron armas y
pertrechos arrancados al enemigo y traídos otros del extranjero; hoy no
necesitamos sino parque y artillería y aún, si fuese necesario suprimiria lo
primero, pues lo segundo nos proporcionaría con abundancia el parque que
tomaría mas en los mismos campamentos enemigos. Hoy nuestro valiente Ejército se bate siempre victorioso con el enemigo. (...) Pero si bien
en el campo obtenemos todas estas ventajas con las columnas que salen, no
sucede lo mismo en los poblados: allí, parapetados detrás de sus trincheras,
nos llevan ventajas; si bien esto no ha sido obstáculo para que hayamos entrado
en casi todas sus poblaciones y campamentos; nuestros fusiles son insuficientes
para destruirles esas trincheras y poder de ese modo apoderarnos de ellas. La artillería es la que llena esa
necesidad y yo creo que U. Estará de acuerdo conmigo en ese particular.” (3)
De esas acciones se
esperaba obtener los medios, tanto de subsistencia como bélicos, para prolongar
la guerra indefinidamente hasta dar al traste con el dominio colonial. La toma
de las fortificaciones de los poblados podía aportar el parque que tanto
necesitaban los mambises. Pero pese a que no contaron con
artillería y cuando la tuvieron no la utilizaron eficazmente se continuaron atacando
poblados. La falta de medios de sitio impuso una táctica en estas acciones.
También otros objetivos. Realmente el liquidar la guarnición contraria no era
fundamental para cumplimentar los objetivos que se perseguían.
Ignacio Mora resumió la
esencia de estos ataque al decirnos que: "Nosotros asaltamos poblados, los
quemamos, robamos a sus habitantes las ropas y dinero y las trincheras
españolas quedan intactas y los defensores inofensivos". (4)
Es decir que estamos ante
una operación que perseguía como objetivo esencial obtener vituallas. Para esto
era necesario aislar la guarnición contraria de manera que los mambises
pudieran saquear sin obstáculos los almacenes y bodegas. En el ataque a Sibanicú el 21 de enero de
1873 los españoles fueron “...
obligados a concentrarse al fuerte principal contra el cual nada se pudo
intentar por falta de artillería” (5)
Ante esta penuria de armas
y parque para poder enfrentar al enemigo la labor de inteligencia se hizo más
importante. Era necesario contar con los más mínimos detalles sobre el enemigo
para tratar de sorprenderlo y evitar atacar en momentos en que la guarnición
estuviera reforzada. En este desarrapado ejército sin recursos para mantener un
aparato de espías la labor espontánea de los vecinos era fundamental. Es de
pensar que en estos muy bien vigilados pueblos cualquier vecino que se mostrara
dispuesto a colaborar lo haría de seguro con una persona que le brindara
confianza. Muy difícil con un desconocido. Mucho mas fácil con un antiguo
conocido del barrio o un pariente que militara en las filas independentistas.
Para ganarse a estos individuos se utilizaban las influencias de los caudillos
locales, las relaciones familiares y en general la calidad armazón que formaban
los barrios entre sus integrantes.
Julio Grave de Peralta le
escribía a un amigo que residía en un poblado enemigo:
Querido amigo
Estoy penetrado de la confianza que ese gobierno que
detesto hace de ti y en esa virtud llego la hora de que puedas con el
sobresaliente patriotismo que tu siempre has demostrado hacer por Cuba cuando a
tu alcence se halle. Según reciba contestacion tuya te indicare lo que debes
hacer... (6)
El destinatario estaba
seguro que no estaba ante una celada tendida por el enemigo. Conocía a Grave de
Peralta. Sentía confianza por este líder que tenia un viejo arraigo en la zona.
En ocasiones la labor de inteligencia permitía sumar a algunos vecinos al
ataque. Incluso hasta voluntarios. Por ejemplo los voluntarios del poblado de
Gua se unen a los fuerzas libertadoras.
(7)
Este tipo de relación de
espías o agentes de barrio le
daba un carácter por completo
regional a los asaltos. Además se hacían generalmente con las fuerzas que operaban
en la comarca reforzada en ocasiones por unidades que actuaban en la cercanía.
Se utilizaba la ventaja
que ofrecía el conocimiento del terreno para que las fuerzas revolucionarias
pudieran llegar hasta las inmediaciones del caserío sin ser descubiertas.
Veamos con algunos ejemplos como funcionaba la colaboración
de los vecinos. Un general mambí que en abril de 1870 se disponía a asaltar un
centro urbano le pedía a uno de
sus habitantes que colaborara con
los libertadores desde las filas
contrarias: “Deseo saber
exactamente el estado de la casa del Capitan de Yareyal es decir si tiene o no
aquella alguna trinchera y que distancia hay del fuerte a la casa así como de
aquella a la tienda.. (8)
Si seguimos con cuidado la
organización del ataque a Puerto Padre,
dirigido por el general Francisco Varona, en febrero de 1876, tendríamos una idea bastante completa de
cómo se preparaban en general estas acciones y la labor de la colaboración
clandestina.
El 16 de febrero de 1876
Francisco de Varona, que era jefe de una brigada de la división de Tunas le propuso a Vicente García la
operación, que fue aprobada. García le dio algún parque y su escolta como
refuerzo.
El 17 de febrero Varona anota en su diario: “Despacho
comisión de confidencias a zona contraria para informes del
estado de fuertes y fuerzas por allá.” (9)
Esta “comisión” hacia la función de mantener la
comunicación entre los
colaboradores cubanos en Puerto Padre
y el jefe mambí.
Enseguida Varona con su
tropa se pone en marcha hacia Puerto Padre. El 19 acampa en un lugar llamado San Antonio. En los
momentos en que inicia la marcha desde ese sitio: “... llega la comisión de
zonas contrarias; dan informes de columna enemiga en Maniabon. Varío pues de
rumbo y dirijo a Los Yayales, donde acampamos. Envió nueva comisión a la zona con
Sargento Burgueño al frente para tomar mejores informes” (10)
El 20 escribe: “ Nuevas comisiones de prácticos se envían a la zona” (11)
Ese día anota:
“ Llegan esta
tarde las comisiones, informan que en Puerto Padre hay poca tropa, pero que en
Santa María y Maniabón hay como mil quinientos hombres en columna. Como esos
puntos están cerca reuní para oír el parecer de varios jefes, pero determinado
a seguir el mío... Reuní los prácticos
después y casi todos dijeron lo mismo a excepción del pardo Aba que me explicó
bien la posición de Puerto Padre y la facilidad de entrar en dicho poblado sin
ser sentidos si podía desecharse o rodear alguna distancia el fuerte. Me hace
un plano tosco de la posición de fortines, estacada y caminos, y con arreglo a
él arreglamos el plano.” (12)
El 22 de febrero de 1876,
de noche, atacan Puerto Padre (13)Logran penetrar en la población. Aunque no la
tomaron por completo se apoderan
de numerosas vituallas y algunas familias marchan con los revolucionarios. Es
indiscutible que el éxito de esta acción se debió tanto a la colaboración de
los agentes cubanos como al conocimiento del terreno de los prácticos.
Aunque en el caso de los
ataques a ciudades importantes la operación salía del marco exclusivamente
regional pues muchas veces se realizaban concentración de fuerzas de diversos
lugares. Por ejemplo para atacar a Holguín, en diciembre de 1872, se reúnen tropas de las divisiones de
Holguín, Jiguaní y Santiago de
Cuba. No podemos dejarnos engañarnos por tanto nombres y estructuras militares.
En total los mambises suman unos 400. (14)
En ocasiones atraídos por
el botín llegaban tropas de lugares lejanos para
participar en el ataque a un poblado insignificante. Por ejemplo para el asalto a Baire la concentración
fue de fuerzas procedentes de Bayamo, Jiguaní Santiago de Cuba y Holguín.
Aunque en total apenas se lograron
concentrar unos 480 hombres. (15)
Para el ataque a Bueycito en
Bayamo acudieron 200 soldados de
la lejana jurisdicción de Las
Tunas. (16)
En el ataque a Baire Abajo
realizado el 25 de julio de 1872 toman parte 200 hombres procedentes de las
fuerzas de Holguín y del brigadier Jesús Pérez bajo el mando de Manuel Calvar.
” (17) La búsqueda del botín hacía que se integraran a la tropa mujeres e incluso
adolescentes para participar en el saqueo. Sobre el asalto a Santa Rita
(diciembre de 1873) que se
convirtió en una derrota, Céspedes se refería a uno de los caídos de escasa
edad sobrino de Salvador Cisneros Betancourt. Según el Padre de la Patria: “ .... no debio
de dejar (Cisneros Betancourt) que un niño se expusiera a tanto riesgo, sin
carácter militar, y solo por robar
porquerías. (18)
Al general Francisco Varona, cuando se dirigía al ataque a Puerto Padre, un grupo de
individuos desarmados se unió a su tropa el 21 de febrero de 1876 . La mayoría
de ellos son rancheros y asistentes. Incluso una mujer le solicita autorización
para acompañar a las fuerzas en el asalto. El objetivo es participar en el
saqueo de los establecimientos enemigos. (19)
Veamos algunas
características de estas acciones. Las tropas mambisas entraban en los poblados
por diferentes lugares para dispersar la defensa contraria. Las fuerzas que
asaltaron Guisa, a principios de
1872 lo hicieron por cinco puntos
y a Baire, en el verano de ese mismo año, por tres lugares diferentes. En el
asalto a Manzanillo, en noviembre de 1873, se efectúo por varios lugares de
forma simultánea.
Los ataques se ejecutaban
fundamentalmente de noche. Como razonaba un líder mambí: “Las personas imparciales y sensatas opinan
que aun no estamos en condiciones para atacar de día (ilegible) y a pecho
descubierto (ilegible) a un enemigo preparado detrás de sus trincheras” (20)
El ataque a
Cauto Embarcadero, en mayo de 1875, se efectuó “a las dos de la mañana.” (21) El asalto a Baire Abajo fue según un testimonio mambí “
en la noche” ” (22)El asalto al
Vedado se realizó “... al oscurecer” ”
(23) El asalto al ingenio de
Guabajaney fue en la noche del 24 al 25 de marzo de 1872. (24)
En ocasiones se
aprovechaba el amanecer cuando todavía el sueño era señor. El 18 de abril de
1874: “... a las seis de la mañana poco más o menos entraron en Cascorro
nuestras fuerzas”. (25)
Mientras un
general insurrecto anotaba en su diario, en agosto de 1875, que una de sus
unidades de combate había: “...
atacado la noche anterior a Maniabón”. (26)
Estos asaltos
nocturnos facilitaban la sorpresa. Asunto esencial para una tropa que atacaba
con poco parque a un enemigo bien
protegido.
En el ataque a
San Miguel de Nuevitas realizado en la noche del 12 de abril de 1874 por Máximo
Gómez la sorpresa según uno de los participantes fue total: “A las ocho de la
noche entraron las fuerzas cubanas en San Miguel sin ser sentidas, muchas
tropas franca en la calle así como muchos jefes y oficiales”. (27)
En 14 de Febrero de 1877
Vicente García ataca el poblado de Puerto Padre. Contenido el asalto por
los defensores de una batería hispana ya de día el tunero da órdenes de
emprender la retirada y hace un razonamiento interesante:
“Previendo graves perjuicios por nuestra parte si tenía más baja como
hubiera tenido atacando día de una población regularmente defendida y su
guarnición bien preparada, con tan corto número de fuerzas con que contaba y
estenuadas por lo largo de la marcha y lo pésimo del camino andado, tuve a bien
retirarme como a las once del día después de haberme hecho unos cuantos
disparos de cañón a la Plaza.” (28)
El sorprender al enemigo era una forma
de evitar que pudiera organizar la
defensa del poblado. La sorpresa fue bastante común. Al extremo que Céspedes anotó, como excepcional
en uno de las acciones de este
tipo : "Hubo de particular que el enemigo no fue sorprendido..." (29)
Esta ventaja inicial en
ocasiones se perdía en algunas
acciones en el desarrollo del combate. En
especial por la captura del botín algunos no tomaban precauciones y
quedaban expuestos inútilmente al fuego contrario. Por ejemplo en el
ataque a Nuevitas en 12 de
abril de 1874 los mambises tienen:
“... tres muertos, veinte y seis heridos y algunos contusos” . (30)
Mientras en el asalto a Cascorro, el 18 del mismo año y mes, se producen en el
bando libertador: “... siete muertos y cuarenta y dos heridos” . (31)
Al dirigirse la tropa al
asalto a un poblado se creaba tal excitación colectiva ante la posibilidad del
futuro botín que era difícil
detenerlo por circunstancias
imprevistas. Incluso en las ocasiones en que se perdía el esencial factor
sorpresa no siempre el jefe podía
detener el ataque. Para entender
la sicología común de estos hombres en los momentos previos al combate habría
que valorar lo que había ocurrido hasta aquel momento.
Estos soldados realizaban extenuantes caminatas
con muy escasa comida. Para evitar ser descubiertos se prohibía casi siempre
cocinar en la marcha hacia el poblado. Esto en una tropa de una
alimentación irregular debería de
crear un estado de agotamiento generalizado. Pero al mismo tiempo cada uno de los hambrientos
combatientes se sentiría dominado por la esperanza de saciar su hambre en los
almacenes y bodegas. Se tenía la incertidumbre, al mismo tiempo, de que en
cualquier momento podían chocar con una columna enemiga.
Se sobredimencionaban las
posibilidades de obtener ropa, comidas,
bebidas, armas, dinero e incluso mujeres. Esta tropa de hambrientos y
desarrapados que soñaban despierto con entrar a uno de los bien surtidos almacenes españoles o simplemente a
cualquier despensa de la casa de un vecino.
El ataque se convertía en
una especie de catarsis colectiva. En un estallido de las muchas furias e
impotencia acumuladas en la mísera vida en las montañas y bosques. Como un
torrente incontenible caía sobre los poblados y ciudades controladas por el enemigo.
Existen algunos ejemplos
de circunstancias imprevistas que
se presentaban al iniciar un ataque. En el ataque a Baire en agosto de 1872 se
perdió el factor sorpresa cuando la vanguardia insurrecta se confundió y se enfrascó en un intercambio de
disparos con dos mambises que buscaban viandas en los alrededores del poblado.
Pese a que el enemigo se puso en alerta el jefe insurrecto que dirigía la
tropa escribió en el informe que
rindió sobre la acción: “Me vi pues obligado á renunciar á la sorpresa, no
obstante decidí atacar a fin de no desmoralizar la fuerza retirándome frente al
enemigo.” (32)
En otros ataques como el
de Manzanillo se realizaron pese a
que se había perdido el factor sorpresa. Una contraguerrilla hispana chocó con
la columna cubana cerca de la ciudad. También en el ataque a Sao Arriba se
perdió el factor sorpresa:
“Preparados los españoles con rondas por
varios de los caminos que al caserío conducen, no nos fue dable la sorpresa
sino que comenzamos a recibir sus
fuegos á distancia de un kilómetro de
la primera casa, también salieron de sus atrincheramientos para batirnos
en la entrada, más todo esto no
fue lo bastante para que nuestros soldados dejasen de continuar sobre el
caserío. ” (33)
Sin embargo, en otros
combates de hostigamiento o enfrentamiento a columnas contrarias era costumbre que los mambises se
retiraran dejando el campo al enemigo. Se abandonaba con facilidad hasta el cuartel general. Los jefes revolucionarios no temían en
esos casos por la desmoralización de sus fuerzas. Pero el asunto era muy
diferente en el ataque a un poblado. Donde los deseos de entrar en combate se
mezclaban con aspiraciones de obtener recursos.
Veamos como un oficial
mambí describe el ataque a un poblado enemigo luego que los insurrectos
lograban entrar en la población:
“ Desalojados
aquellos de su posición, tomaron otra nueva, que también perdieron, huyendo
entonces precipitadamente hacia el fuerte, en tanto que nuestros soldados,
ocupando sus puestos, con antelación designados, saqueaban e incendiaban. El enemigo ha sufrido la pérdida de
tres magníficas tiendas, más de cien casas y gran número de animales. Se tomaron sobre el campamento diez
armas. Las fuerzas en una palabra han sido entusiasmadas con el triunfo y
botín. (...) . La retirada se
verificó en el mejor orden á la hora convenida, teniendo que
lamentar solamente la pérdida de un soldado muerto, un herido leve y dos
contusos, entre estos últimos yo”.
(34)
Por lo general, los españoles lograban organizar la
defensa de sus principales fuertes, sobre todo cuando en ellos residían tropas
regulares. La defensa española se limitaba casi siempre a sostenerse en el
fuerte o los fuertes principales, mientras dejaban que el poblado cayera en
poder del Ejército Libertador. En ocasiones hacían salidas para expulsar a los asaltantes. Casi
siempre estas pretensiones fracasaban.
Un ejemplo de esto fue el ataque a Baire en 1872. Cuatro columnas
atacaron por diferentes lugares a la población:
“ Verificado
simultáneamente el movimiento, no sin haber hecho reconcentrar a viva fuerza
los guardias avanzadas se generalizó el fuego en las trincheras, sosteniéndose
por espacio de dos horas con ayuda de la reserva; mientras que varias secciones
de las respectivas fuerzas se ocupaban de destruir el caserío. El enemigo intentó salir varias veces
sin conseguirlo. Incendiado en su
mayor parte el pueblo, di la orden de retirada, verificándose el movimiento en
el mayor orden cargados con un abundante botín.” (35)
Las ansias de consumir lo
prohibido para el paladar de estos sufridos revolucionarios podían crear
situaciones lamentables. En el asalto a Manzanillo unos insurrectos descubrieron algunas bien
surtidas bodegas de vinos y licores. No todos pudieron escapar de la tentación
inmediata de tomar un producto que
era muy escaso en Cuba Libre. Es
de pensar en el desespero de estos desgraciados al comenzar a saborear vinos y
coñacs, brandis y aguardientes. Al día siguiente los españoles husmeando entres
las casas saqueadas y destruidas encontraron a algunos de estos en estados de
embriagues y los asesinaron de inmediato. (36)
Pero lo peor era que en
pleno combate algunas tropas estaban mas interesadas en saquear que en combatir
al enemigo. En Nuevitas esta actuación de una de las columnas en que se
estructuró la fuerza cubana creo una
situación difícil pues: “El refuerzo conducido por el coronel Maestre no llegó,
sino que se dedicó a saquear, como todos, pequeños establecimientos de las
afueras y casas particulares”. (37)
En Cauto Embarcadero, asaltado en la
noche del 31 de mayo de 1875. No se obtiene el resultado que se esperaba desde
los primeros momentos por: “... haberse dedicado algunos cuantos al saqueo
dentro del mismo fuerte antes de obtener el éxito”. (38)
Los ataques a
poblaciones importantes como Jiguaní, Manzanillo, Holguín o Tunas eran más
complejas pues el enemigo tenía mayores medios de defensa. Veamos la
descripción del parte oficial mambí del ataque a Holguín en diciembre de 1872.
Nos referimos al desarrollo de las acciones dentro del perímetro urbano.
“Comunicada
la orden de atacar, marchó el
Comandante (Limbano) Sánchez a Vanguardia arrollando a las avanzadas enemigas y
abriendo paso a las demás fuerzas que invadieron la ciudad, a pesar del fuego
de los reductos enemigos que defendían la entrada y que no tardaron en ser abandonados por sus
sorprendidos defensores.
Reconcentrose toda la
fuerza enemiga a sus cuarteles
desde donde hicieron varias salidas con infantería y caballería, pero
obligados a desplegarse siempre
con grandes pérdidas, quedamos por fin dueño de la población, excepto
algunas de sus obras de fortificación.
Di entonces
orden de incendiar los edificios mandados a ocupar, recomendando solo se verificara, a ser posible, con aquellos
en que habitaran españoles o pertenecieran a estos, efectuándose (....) A las tres de la mañana dispuso la
retirada que se llevó a cabo en el mejor orden, después de saquear las
pertenencias españolas.” ” (39)
Durante un ataque se
podían producir imprevistos que iban desde que la guarnición hubiera sido
reforzada unas horas antes del asalto por la llegada casual de una columna de
operaciones. Todo esto pese a la intensa labor de inteligencia que se
desarrollaba antes de estas acciones. Pero en la condición humana siempre hay
un espacio para el azar. Incluso
en ocasiones se dieron casos que llegaba una columna o un destacamento enemigo
de paso por el lugar en pleno ataque. Así aconteció en el ataque a Yara el 11
de octubre de 1868. Máximo Gómez resumió aquella primera derrota; “ 50 infantes
y 15 caballos, que salieron de Bayamo para Demajagua y pernotaban en Yara la
noche del encuentro. Los cubanos lo ignoraban” (40)El 1 de noviembre de 1872 en
el asalto al ingenio San Manuel en
Tunas donde no pudieron: “... tomar las trincheras por el refuerzo casual que
había llegado á dicho ingenio. ” (41) Para evitar estas desagradables sorpresas
el papel de la inteligencia era vital.
Un participante en el
ataque al poblado de Auras, cerca de Gibara, describió magistralmente el ritmo
intenso de la acción y en esencia podemos considerar que la mayoría de este
tipo de combate se desarrollaban de forma similar a la expresada por el
diarista. "El enemigo no se
sostuvo en sus posiciones, nos abandonó el poblado; principió el saqueo, se
ocuparon las principales casas que eran todas del comercio. Concluido el
saqueo se incendiaron todos los establecimientos y la iglesia." (42)
El mas estupendo de estos
ataques fue la toma de Tunas, realizada el 23 de septiembre de 1876. La ciudad
cubana más importante capturada por los mambises, luego de Bayamo. Vicente García, el jefe de
aquella operación, en un gesto de modestia sin precedente resumen la acción en
una simple frase: “La operación se llevó a cabo con todas las circunstancias
que se habían previsto.” (43) Mientras Manuel Sanguily escribió que había sido: “... la obra maestra del cálculo, la astucia y la
intrepidez prodigiosamente combinados”. (44) Podíamos agregar que fue en cierta
medida la culminación de este tipo de guerra regional pues la población fue
tomada gracias a las estrechas
relaciones de Vicente García con varios de sus vecinos.
Los insurrectos llegaron a establecer reglamentos para el
trato que se debía ofrecer a las familias que vivían en estos poblados:
"En los
asaltos de poblaciones, campamentos o caseríos, no se quitará la vida a ningún
cubano pacífico, y especialmente se respetarán los ancianos, inválidos, niños y
mujeres, de cualquier nacionalidad, prestándoles toda la protección posible,
sin compeler en ningún caso a las familias a venir con las fuerzas
cubanas" (45)
Durante una de sus
operaciones en las zonas de cultivo de Holguín y Gibara, para cuidar el
prestigio de la tropa, Calixto fue drástico en sus órdenes: "...quien en
la marcha se desvíe del camino para entrar en ranchos y coger provisiones,
quien estraiga mujeres de los lugares donde se va, será fusilado". (46)
En el asalto a
Holguín, en diciembre de 1872, los insurrectos: “... llevaban orden de no matar
ningún cubano.” (47)
En el asalto a Sibanicu en
enero de 1873 “Se prohibio ... el
saqueo de familias y toda violencia a estas".”(48) Esto dio como resultado que el ataque
se realizó “ en medio de la simpatia del vecindario cuyas personas e intereses
fueron religiosamente repetados” ” (49)
Sin embargo, en la confusión del combate, no siempre
era fácil evitar algunos excesos. En el ataque a Nuevitas, el 12 de abril de
1874, los cubanos se entregaron al saqueo sin respetar a las familias cubanas.
Un mambí presente en la acción nos dice que: “No hubo orden ninguno para
respetar las familias y pacíficos, ocasionando ésto el repugnante espectáculo
de atropellos y saqueos a las infelices familias mientras que casí la totalidad
de los buenos establecimientos de comercio quedaron intactos. ” (50)
Todo lo que pudiera ser útil al enemigo era destruido: casas, almacenes,
iglesias, productos que no se pudieran transportar, etcétera. Las órdenes de
Céspedes eran terminantes en este sentido. Refiriéndose al ataque a una plaza,
escribía a uno de sus oficiales:
"...hacerla
desaparecer completamente, después de aprovechar cuanto ella contenga, la cual
debe ejecutarse con todos los que caigan en nuestro poder... Destruyase por el
fuego y por el pico, no sólo los pueblos sino las casas fuertes de los campos
donde quiera el enemigo acampase...". (51)
Esta orden
siempre que se podía se cumplía. Hay algunos ejemplos de esta labor de
destrucción.
En el asalto a
Faguayaban “ Se quemaron el caserío y 3000 tercios de tabaco” ” (52)El 20 de
diciembre de 1873 con indiscutible alegría escribía Céspedes: “... fue quemado el caserío de Boqueron. . . (53).
Aunque estos
ataques también debemos de verlo en sus resultados morales para la población
cubana.
En el ataque a Guisa, el
17 de octubre de 1872, el jefe que dirigió la operación informaba:
“... el golpe
debe haber producido gran efecto moral, apresurando la reacción en sentido
favorable a nosotros que se manifiesta en las presentaciones que cada día se
suceden, y que ascienden ya a un crecido número. En efecto, además de las indicaciones que firman la
exposición que tengo el honor de
incluirle hay algunos más por los montes que aún no se me han
presentado, debiendo haber salido, según informes de las familias, 8 de Guisa y
otros tantos del “Horno” la noche
del ataque. He organizado
de ellos una compañía con 35 plazas, la mayor parte armados, reinando el mejor
espíritu y la más satisfactoria concordia.” [1]
Pero lo más
significativo de estos asaltos eran las vituallas capturadas. Era bastante
común que en los informes sobre su
resultado se hicieran descripciones como la del jefe que dirigió el asalto a Guisa en octubre de
1872 de que se había obtenido:
“... un riquísimo botín de efectos de ropa, comestibles, reses, cerdos,
caballos. ” (55)
Mientras en el
ataque a un poblado llamado
Junucùn realizado por Limbano Sánchez, en septiembre de 1872, se obtienen:“ ... gran cantidad de
reses, caballos, cerdos y otros efectos…” (56)
En ocasiones
hay que pagar un alto precio en sangre por obtener comida y vitualla. El 4 de
septiembre de 1873 Céspedes nos dice que: “Llegaron fuerzas nuestras que atacaron la trinchera
de la Guadalupe pero fueron rechazadas con perdidas de dos muertos ... y dos
heridos. “. (57)
En el ataque,
del 14 de enero de 1874, dirigido por Crombet al Hatillo los mambises tienen 5
heridos y capturan 40 bueyes. (58) En el asalto a Guabajaney realizado en la noche del 24 de marzo de 1872
hay 6 bajas. (59)En el de Baire Abajo dos heridos. (60) En el cafetal La
indiana 30 bajas. . (61) En el poblado del Vedado un herido. (62)
Al extremo que
Ignacio Mora escribía en su diario una frase que resumía ese tipo de acción:
“Comer cuesta algunos hombres” (63) El abundante botín obtenido en estas
acciones creo una situación
bastante peculiar en el campo insurrecto que es descrita por un
patriota:"...los continuos ataques a los poblados enemigos trajeron la
abundancia de ropas y efectos útiles; las grandes rancherías formadas
facilitaban víveres y viandas en gran cantidad; la vida se hizo fácil y cómoda
donde antes era áspera y dura..." (64)
Al mismo
tiempo surgió un fenómeno poco usual en las filas mambisas y que no ha sido
estudiado por la historiografía. El botín obtenido en estos asaltos fue tan
abundante que se creó un intenso comercio en las zonas controladas por el
Ejército Libertador en el Departamento Oriental. Se llegó a tal situación
que Céspedes le escribió a un cubano emigrado:
"Como los
acontecimientos han contribuido a variar cada día la situación reitero otra vez
el pedido que hice a usted de veinticinco mil pesos. Es indispensable que ese
dinero venga; pues las cosas han llegado al extremo que es necesario comprarlo
todo; sobre todo desde los asaltos dados a los campamentos enemigos; en que el
comercio se ha desarrollado de una manera increíble". (65)
Es interesante que en una
época en que los motivos de los militares
para ir al combate no eran el botín en este tipo de guerra irregular la
obtención y la defensa de este alcanzara una gran importancia. Un estudioso del
combate de Waterloo aclaraba que ya incluso en las guerras napoleónicas el
botín había dejado de ser un incentivo importante. Después de Waterloo los
soldados ingleses ofrecían por muy poco dinero el botín obtenido en la requisa realizada a los franceses
muertos. El precio de la venta era tan irrisorio que un estudioso británico
afirmó: “Esta venta del pillaje a
precios muy inferiores a los de su valor tiende a deshacer la idea de que el deseo de botín apoyaba la firmeza del soldado ordinario.
(66)
Si ya en una época tan lejana como principios del siglo XIX
el saqueo había pasado a un segundo plano en los ejércitos no ocurría igual en
la guerra de Cuba. Esta importancia del botín debemos de verla más allá de los
objetos y vituallas que capturaban los soldados de fila. Los ataques a centros urbanos a convoyes y el
abastecimiento en los sembrados de las zonas de cultivo eran esenciales para la
sobrevivencia de los insurrectos. Formaba parte de lo que pudiera considerarse
como el soporte material y
espiritual de la resistencia. No
era una simple acción individual sino todo un mecanismo mental de confirmación
real de las posibilidades de la guerra. A falta de logística esta se podía
implementar con este tipo de acciones. El estado cubano como tal también
recibía su parte del botín. Una interpretación fuera de contexto nos ha hecho
ignorar la importancia del botín. También matices morales por completo fuera de
época y circunstancias de la guerra
rodean a los mambises de un manto bastante ambiguo que ellos nunca
pidieron. Tanto los españoles como los mambises fueron honestos en sus
criterios. Los primeros confiscaron cuanto propiedad tenía un simple sospechoso
de colaborar con los laboran tes. Mientras los mambises saquearon las propiedades que estuvieran en terreno enemigo. Ambos lo
proclamaron en público y en privado.
Hasta el presidente de la república se beneficiaba de estas
acciones. El 26 de julio de 1873 escribió Céspedes sobre el reparto del botín
del ataque a un poblado nos dice que:
“Se dio 1 mulo a Barreto, 1 a Panchito y 1 se mato para comer: también
me mandaron 2 botellas de vino y un poco de aceite y vinagre” . (67)
El 28 de septiembre de
1873 Céspedes anotaba: “Han traído de Guisa varios prisioneros y 9 bueyes, de
estos cedieron tres al ejecutivo”.
(68)
Además de este botín
oficial que recibía el ejecutivo y la cámara también algunos jefes le
entregaban pequeños regalos al presidente. Céspedes hizo un recuento de tales obsequios que recibió luego de una
resonante victoria cubana en el ataque a una población:
Me hicieron los siguientes
regalos- Calixto García un limpia dientes de oro, Urquiola, un pañuelo blanco-
Mariano Torres, sardinas, tabacos, galletas, platos y una toalla: Jose Prado
tabacos y chocolates. Mis asistentes camisas lienzos, pañuelos, libros y otras
cositas. Paquito Borrero, una botella de cerveza. Un soldado, un abanico. (69)
El reparto del botín se
convertía cuando este era realmente importante en una decisión gubernamental.
Por ejemplo luego de la toma de Tunas en septiembre de 1876 se organizó el
reparto de forma oficial. El general que llevó a cabo aquella operación anotó
en su diario personal, el 19 de octubre de 1876:
“Dispuesto por el Gobierno el reparto de los dos mil novecientas treinta
y un peso con veinticinco centavos, nombré una comisión compuesta de los
comandantes Zayas y Guillot y teniente Lanoval para que hicieran dicho reparto
poniéndolo en sus manos el dinero y la comunicación del Gobierno sobre el
asunto en que se dispone como se hará el reparto y es del modo siguiente,
cuatro cuartas partes, una para las atenciones del Departamento y del Gobierno,
otra para mis necesidades particulares y las otras dos partes entre mis
ayudantes y demás individuos que conmigo cooperaron en la operación de la toma
de Las Tunas”. (70)
Aunque hubo un
gesto realmente grandioso de un grupo de estos mambises A principios de 1871
ante la dramática escasez de
parque Máximo Gómez envío a Jamaica al diputado Jose María Izaguirre con unos
fondos para enviar una expedición con pertrechos a las fuerzas libertadoras que
el dirigía. Gómez en carta al presidente de la junta revolucionaria de Jamaica le narraba como se habían obtenido
aquellos fondos. “...
los he recaudado entre los jefes,
oficiales y soldados de la valiente división de mi mando.... . (71)
Estos estregaron
“... el oro que recogen en el botin y que de derecho les pertenece... . (72)
Los ataques a poblados era
una de las ocasiones que tenían
los libertadores de intentar engrosar sus filas con vecinos. Esto se produjo en
especial a partir del auge que se inició en 1873 y se extendió hasta 1874 cuando
se obtienen una serie de brillantes victorias y la respuesta militar contraria
esta limitada por el desarrollo de guerras civiles en la metrópoli. Algunos
vecinos que querían unirse a las fuerzas libertadoras con su familia
aprovechaban estas acciones para poder cumplir esa aspiración.
Era una forma de paliar en
alguna medida una situación que se iría haciendo más compleja en las fuerzas
libertadoras: sustituir las bajas.
Pero no siempre se cumplía
esta aspiración. Céspedes en su diario personal escribió el
día 21 de noviembre de 1873 que en
el ataque a Manzanillo los
cubanos tienen 80 bajas. Agrega
una frase lapidaria: “Nadie
se nos unio” (73)
Aunque también estos
ataques a poblados podían ir promoviendo una separación entre la población
cubana y los mambises. Recordemos que una buen parte de los vecinos de estas
comarcas residían en los tales poblados. Gente muchas de ellas que habían
militado activamente en el campo insurrecto y fueron hechas prisioneras o se
habían presentado. Pero no pocos de ellos simpatizaban con la causa
independentista e incluso colaboraban con la insurrección. Podían ser los
futuros reclutas del Ejército Libertador para sustituir las bajas. Sin embargo
en ocasiones en estos ataques los mambises actuaban como si todos los
vecinos fueran sus enemigos saqueando las casas y cometiendo abusos. A
veces los líderes militares
reportaban el saqueo de las casas en esos poblados y sus inmediaciones como
acciones militares.
Un coronel mambí informaba que uno de sus subordinados había
saqueado: “... algunas casas en las cercanías del campamento enemigo de “San
Andrés” (74)
Mientras el brigadier
Manuel Calvar informaba que uno de sus oficiales envió:
“ ... dos
guerrillas, al mando de los Tenientes Modesto Fornaris y Justino Garayalde a
operar sobre los caseríos de “Juan Puebla” y “Las Cruces”,
respectivamente. La primera
saqueó el 12 de junio ppdo. varías casas, después de haber hecho fuego y puesto
en fuga las avanzadas enemigas, ocasionándole un muerto y varios heridos se apoderó de dos armas y un rico
botín de ropas y víveres. La
2 saqueó algunas casa, de donde extrajo gran cantidad de ropas y víveres ” (75)
Mientras Máximo Gómez hace
referencia en unas notas sobre la guerra que un capitán mambí al frente de una
guerrilla en abril de 1872 “ se apodero de seis casas del partido de Sao
Arriba, quemándolas y saqueándolas” (76)
Esas casas saqueadas en los asaltos pertenecían casi siempre a vecinos de esa comarca en su mayoría
cubanos. Por lo que tales acciones podían devenir en una alienación de la
población que si bien veía en los españoles a sus opresores se encontraba que
los mambises habían devenido en esencia en unos implacable saqueadores. Si se
quería prolongar la guerra los futuros reclutas y colaboradores debían de buscarse entre estos vecinos. Por lo que
los mambises se encontraban en una situación difícil. Por un lado era necesario
atacar los poblados para abastecerse y por el otro tratar de ganar la población
cubana para su ideario. Esta es una de las muchas contradicciones que existían
en el seno del movimiento revolucionario cubano y que es necesario analizar en
el marco general de la contienda.
LA
DEFENSA DEL BOTIN
Pero los temores y el sufrimiento de los mambises no
terminaban al dejar tras sus espaldas la saqueada población enemiga. Es de pensar
en esta tropa con sus rebosantes
macutos de todo lo imaginable e
inimaginable, las bestias de la
caballería convertidas en acémilas (77) con serones donde sobresalía entre un lío de
ropa, un jamón escoltado por zapatos de mujer, por allá se arriaban vacas y bueyes cogidos en los
potreros del lugar. Alguien a puro azote hacia avanzar a una piara de puercos. De la cintura
de un valiente colgaban amarradas
por las patas de un improvisado cinto pollos y gallinas. Esta multitud de
hambrientos iba dejando a la vera
del camino botellas de vino o aguardiente, restos
de tabaco y comidas, los andrajos
de ropa que era sustituidos por
los capturados... Quizás un mambí hacia una selección de lo que
llevaba, abandonando en un recodo de la marcha un poco de loza, cazuelas de barro o metal que le
hacían extenuantes el desplazarse.
Alguien degollaba un
puerco que se negaba a marchar
guardando en los bolsillos y el macuto trozos de carne. Dejando el rastro de sangre del infeliz
animal. Era difícil que el más
estricto jefe no se sintiera contagiado por el alboroto de su tropa, por la irresistible alegría de hartura de los hambrientos.
Pero atrás en la saqueada
población se preparaba el desquite.
Los obligados a refugiarse
en sus fuertes y cuarteles
durante el asalto iban apareciendo
en plazas y calles llenos de furia y resentimiento por la derrota sufrida. Los
almacenistas arruinados, los
bodegueros saqueados incitaban a
la venganza. Entonces se
organizaba la columna de la
revancha. De poblaciones cercanas acudían tropas de refuerzo. Se emprendía la persecución por los rastros muy bien
marcados por el desorden impuesto
por la inesperada abundancia. Los exploradores siguiendo un tabaco a medio quemar acá, una botella vacía
más allá, un pan mordisqueado y tirado, un frito de carne dejado a la voluntad
de hormigas y gatos monteses.... En fin no era difícil dar con el improvisado
campamento mambí. En muchas ocasiones este se había establecido
no siguiendo la lógica de la buena disposición de una defensa ante un posible ataque; sino la realidad de
una hartura general que apenas permitía que los pies sostuvieran a estómagos
sobredimencionados. A esto se agregaba
una borrachera común con buen oporto o aguardiente de caña que hacían
que la extrema vanguardia confundiera las conocidas veredas. La gente estaba
cansada, con sueño por la noche de pelea. Los heridos quejosos reclamaban una
cura. Además las carnes saladas y secas
parecían pedir el fuego.
Cochinos y reses invitaban a
improvisados carniceros y
cocineros a la matanza y el gran asado.
Céspedes describió uno de estos bulliciosos
campamentos establecidos pocas horas después del ataque y saqueo de una
importante población: “Encontramos
a todos muy animados y bien vestidos; el campamento tenia el aspecto de una
exposición. Nos dieron muchas vivas y nos recibieron a los acordes de una
orquesta, que sacaron de la ciudad. Nos invitaron a un magnifico almuerzo: hubo
varios brindis y discursos muy elocuentes: la alegre expansión fue general. (78)
En estas circunstancias no
era raro que la columna enviada desde el poblado atacado u otro cercano
encontrara al campamento insurrecto y lo atacara.
Lo narrado lo hemos ido
reconstruyendo a golpes de imaginación pero siguiendo el sentido muy verídico de los informes rendidos por ambos
bandos en cada uno de este tipo de
combates que se desarrollaron luego de un asalto a un poblado o una ciudad.
Los más importantes
combates realizados en las jurisdicciones del Cauto casi siempre se llevaron a
cabo luego del ataque a un poblado o una ciudad enemiga. Veamos algunos ejemplos. El combate de
Palmarito, efectuado después del ataque a Jiguaní, en septiembre de 1871. El
general que dirigía las tropas cubanas nos cuenta que: “El enemigo reforzado
por todos los campamentos de sus alrededores, me atacó en la tarde del mismo
día en el punto nombrado Palmarito, en número de más de 600 hombres.” (79)
Pero esto no era una
excepción. También se desarrollaron
el de Veguitas de Banes,
luego del asalto al Cañadón en
julio de 1872, el de Camazán posterior al ataque a Holguín, en diciembre de
1872. El de la Cana, después del asalto a Auras, en abril de 1873. En este
último los mambises estaban más
interesados en defender el botín que en combatir propiamente al extremo que no
de los participantes
escribió: “Si no hubiera estado tan cargada la gente, si no hubiera sido
el botín, el enemigo habría sido completamente derrotado.” (80)
Otra acción de ese tipo
fue la de Santa María de Ocujal,
en septiembre de 1873. Esta se efectúo después del ataque al poblado de Güirabo por Calixto García. Los
españoles lanzaron tras los mambises una poderosa columna. Los cubanos la
atacaron. El jefe de las tropas
cubanas iniciaba su informe al
presidente Céspedes con unas
palabras que llevan explícitos la tensión del combate: “Escribo estos cortas
renglones bajo la impresión de una hermosa victoria.” (81)Había tal asombro por
lo espléndido de la victoria que el manuscrito tan solo contiene dos párrafos
como si no se creyera en la realidad de la columna contraria macheteada, con
los cuerpos de infantes y jinetes formando una macabra alfombra a la vera del
camino.
Luego vendría el combate
de Melones después de los ataques
a Corralito, Yabazón y el Rabón en los primeros días de enero de 1874. La
historia se repetía Los hispanos enviaban una columna a vengar la afrenta tras
cada asalto a una población.
Era tan usual que las
fuerzas coloniales luego del
ataque a una población siguiera y
atacaran a los mambises en el lugar donde acamparan que Calixto García luego
del ataque a Holguín el 19 de diciembre de 1872 anotó que: “El 20
acampé en las Cabezadas de Camazán, donde tomé posición para esperar el
enemigo. ” (82)
No estaban desacertados
los mambises, pues el 22 una columna atacó el campamento. Luego de un intenso
combate fue rechazada.
La seguridad de que el
enemigo siempre emprendía una operación de represalia luego del asalto a un
poblado le hizo escribir al jefe
que atacó a Guisa, en octubre de 1872, a Céspedes:
“No envió el parte oficial
de la acción, porque estoy esperando al enemigo que según noticias, ha entrado
un gran número, después de la acción á Guisa. A éste se añade el trastorno que sigue a un ataque de esta
naturaleza, y que, cono U. comprenderá no
me dejan momento de reposo.” (83)
Es interesante que los
mambises no eluden el seguro ataque enemigo. Al parecer el botín era tan
abundante que se consideraba imposible descartar el encuentro. Además un combate en marcha era más difícil de
proteger lo conquistado. A esto se agregaban los heridos en el asalto al poblado o ciudad y a los que no siempre era fácil trasladar y atender. Por
ejemplo en el referido combate de Camazán los mambises contaban con 21 heridos
producidos en el ataque a Holguín.
(84)
Atender un número elevado
de lesionados afectaba la posibilidades combativas de estas unidades. Para trasladar a sus heridos: “... se
colocan los heridos en una hamaca suspendida de una pértiga algo larga, que
llevan en sus hombros dos hombres. (85)
En el combate de Camazán, realizado
luego del ataque a Holguín,
tendrían que dedicar por lo menos 42 hombres al trasladado de estos. Tal
número en una fuerza de alrededor de 400 que fueron los que asaltaron a Holguín
era considerable. Hay que pensar además que cada uno de estos hombres cargaba
con un abundante botín lo que disminuía en la marcha su capacidad combativa.
Tal situación nos hace
comprender lo necesario que era
establecer un campamento lo más raídamente posible luego de atacar un poblado.
En esto radicaba: “... el
trastorno que sigue a un ataque de esta naturaleza” , (86) a que se refería el
jefe que dirigió el asalto a Guisa
que hicimos referencia unos párrafos atrás.
Realmente no es
de pensar que estas tropas victoriosas y satisfechas pudieran alejarse mucho
del territorio donde habían realizado el ataque. Vicente en el ataque a
Cascorro, el 14 de abril de 1874,
nos dice: “...acampamos en Las Guásimas de Agramonte a tres leguas de
Cascorro.” (87)
Esta distancia
para la capacidad de desplazamiento de una columna española es poca. Otros
combates menos trascendentales se desarrollaron contra la columna hispana que
perseguía a las fuerzas cubanas que realizaron un ataque a un centro
urbano. Los españoles no solo
reaccionaban enérgicamente cuando eran asaltadas sus poblaciones sino también
en el caso de incursiones contra haciendas y zonas de cultivo. Hay un ejemplo bastante interesante que nos reporta un jefe
mambí que operaba en el sur de oriente:
“El 9 (Noviembre 1872) salí en dirección
del partido Benevolencia, tomando las
haciendas Bella Vista, Carolina, San Julio, Jali, Caguasi y San
Prudencio, incendiado esta última donde hice un prisionero. El mismo día acampando en Arroyo
Berraco, me atacó el enemigo, siendo rechazado en todas direcciones, después de
tres horas y media de fuego.” (88)
El envío inmediato de
fuerzas en persecución de los cubanos
tenía varios objetivos. Uno de ellos era tratar de anotarse una victoria
y con ello disminuir el efecto político
militar que tenía en la población una acción de ese tipo. Hay que decir a favor
del enemigo que mostraba una gran obstinación en estos combates en venganza por
el ataque a una población. Notamos en ocasiones demasiado interés en entrar en
combate. Es posible que en eso estuviera el deseo de los soldados y oficiales de participar en el saqueo de lo
ya saqueado. Es decir capturar el botín de los revolucionarios. Una de las
causas que provocó la derrota española en el combate de Melones es que estos
atacaron y desalojaron a los
cubanos de su campamento. En lugar de organizar la persecución se entregaron al
saqueo del campamento. Los mambises habían abandonado una gran cantidad de
objetos valiosos, alimentos y bebidas que capturaron en el ataque a varias
poblaciones días antes. Esto facilitó
que los libertadores se
reorganizaran contraatacaran y
vencieran. El ejército español no siempre estaba tan bien alimentado y
aprovisionado como se piensa. Ellos también perseguían obtener botín.
“Los soldados siempre han
saqueado” (89) Afirma con muchas razones un estudioso de las guerras. Pero en
este caso los hispanos tenían motivos para excitarse con la posibilidad de la recompensa. No era
“desvalijar ... al enemigo muerto en combate” (90)Sino apoderarse de ropas, alimentos, joyas, dinero y
otros diversos objetos que fueron robados en el poblado recién atacado y ya por
las leyes no escritas de la guerra no tenían propietarios.
En esta rápida reacción hispana de enviar columnas, a
perseguir a los mambises estaba
condicionada por el hecho de que en estos ataques los asaltados casi siempre
tenían pocas bajas. El grueso de
sus fuerzas permanecía a buen resguardo en fortines y cuarteles.
Los cubanos casi siempre
exageraban al hacer referencia al número de bajas contrarias en los ataque a
poblados. Las descripciones de esas verdaderas carnicerías realizadas por los
revolucionarios no parecen
creíbles. Realmente en medio de la oscuridad y el combate no es probable que
los cubanos tuvieran forma de contar con veracidad las bajas enemigas.
Los informes mambises sobre los ataques a poblaciones
importantes llevan ese sello de lo exagerado. En el ataque a Jiguaní nos dice
Calixto García que le hace a los
hispanos: “.. más de doscientos muertos” (91)En Manzanillo:
“...no bajan de 200” .”. (92) En Holguín: “... causándole 80 bajas en su
totalidad de españoles,” (93)En la práctica era imposible saber cuantas bajas
tienen los atacados. Nosotros hicimos un estudio sobre los militares y civiles
inscritos en el libro de defunciones de la iglesias de Holguín y Baracoa luego
de los ataque realizados a la primera ciudad en diciembre de 1872 y a la
segunda en enero de 1877. Pese a los muchos y sangrientos combates que se
narran en los textos escritos con documentación mambisa en los libros de
defunciones del templo católico de Baracoa tan solo se recogen en el mes de diciembre de ese año a cinco militares muertos de
heridas de armas. (94)En Holguín las cifras también son bajas.
Estos ataques a
poblados, los asaltos a convoyes,
el comercio que se desarrollaba con el botín obtenido iba conformando también la
cotidianeidad mambisa. No se iba al combate tan solo a emboscar y fusilar al
soldado contrario sino como una parte de la subsistencia de cada hombre y su
familia. Los combates no eran una suma de bajas, una suma de muertes y desgracias
también con ellos llegaba en ocasiones
disparos de esperanza.
El eterno potro
de las pequeñas ambiciones se desembocaba y se acaba en el comercio y el
trueque de lo obtenido en los asaltos. Pero eso también forma parte de la
enredada condición humana. Los ataques a poblados, convoyes, acciones en las
zonas de cultivo conformaban parte de la resistencia mambisa. Incluso
muchos combates campales tenían
como objetivo defender el botín obtenido. En ese sentido la acción militar no
se convertía en una actividad que tenia un fin resolutivo a corto o mediano
plazo. Ni siquiera tenia como objetivo principal realizar el desgaste de las
topas contarías, aunque en el
estaba implícito esto, mas bien
conformaba parte de la subsistencia, de ir extendiendo la guerra día a día mes
a mes. Con ello también se formaba uno de los mecanismos de la
resistencia.
NOTAS
1--Hortensia Pichardo y
Fernando Portuondo: Carlos Manuel de Céspedes Escritos, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana , t. II, p. 116.
2--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 209
3--En: ANC, Donativos y Remisiones, Legajo
157, núm. 46-15
Carta
de Calixto García a Miguel Aldama del 2 de mayo de 1874.
4--Nydia Sarabia: Ana
Betancourt, Ob. cit., p. 173.
5--
Víctor Manuel Marrero.
Vicente García Leyenda y Realidad. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1992, p 144
6--Museo
Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. paquete 3. sin número
7--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 56
8-- Museo Provincial de Holguín. Fondo Julio Grave de Peralta. Libro copiador. Comunicado número 1316 del 10 de abril de 1870
9--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V. p 405
406 407
10--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878 Tomo V. p 405
406 407
11--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V. p 405
406 407
12--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V , p
405 406 407
13--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878. Tomo V, p 405
406 407
14--Fragmentos
del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. El ejemplar consultado tiene 258
renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo:
Periódicos.
15--En: Colección
Coronado. Documento 34, tomo XVI
Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
16--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimez S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 146
17--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2005, p 56
18--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992 p 231
19--Museo Casa Natal de Calixto
García. Centro de documentación. Documentos Históricos 1868 1878, Tomo V, p 405
406 407
20--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido, Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 231
21--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero, Vicente García Leyenda y realidad,
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 202
22-- Yoel
Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 2005, p 56
23--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 72
24--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 74
25--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero, Vicente García Leyenda y realidad,
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159
26--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 209
27--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 158
28--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 253
29--Hortensia Pichardo y
Fernando Portuondo: Carlos Manuel
de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana ., t. III, p.
122.
30--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 157 158
31--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159
32--En: Colección
Coronado. Documento 34, tomo XVI
Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
33--En: Periódico La
Revolución de Cuba. 29 de junio de
1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria de la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio
periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
34--En: Periódico La
Revolución de Cuba. 29 de junio de
1872, núm. 33 (Publicado extractado dentro del Parte de la Secretaria de la Guerra, hecho público en el núm. 35 del propio
periódico). ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de Caja # 2
35--En: Colección
Coronado. Documento 34, tomo XVI
Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
36-- Juan Adres Cue Bada El asalto a Manzanillo inédito. Un resumen de este trabajo fue
publicado en La revista de historia de Holguín. El autor consulto el texto en
la residencia particular del destacado historiador. Cue Bada publico
relativamente pocas obras pero dejo una amplia información inédita Apoyo a todo el que se acerco a el
brindando una gran información en sus conversaciones demostrando con los numerosos documentos que poseía
en su biblioteca y archivo particular lo veras de lo dicho. Por lo que es
difícil citarlo en una obra escrita. De todas formas la historiografía cubana
tiene una indiscutible deuda con ese laboriosos y noble colega.
37--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García. Leyenda y realidad
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 157 158
38--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana. 1992. p 202
39--Fragmentos
del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. El ejemplar consultado tiene 258
renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo:
Periódicos.
40--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, pp. 44 45
41--Parte
oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872.
En: Periódico La
Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872 ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de
Caja # 2
42--Nydia Sarabia: Ana
Betancourt Ob. cit., p. 173.
43-- Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y
Realidad. Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1992, p 238
44--Manuel Sanguily Victoria de
Las Tunas Nueva York 1897 p 17
45--Hortensia Pichardo y
Fernando Portuondo: Ob. cit., 1.1. p. 399.
46--Juan J. E. Casasús:
Calixto García El estratega. Oficina del Historiador de La Habana, 1962 , p.
78.
47--Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. El ejemplar consultado tiene 258
renglones mutilados ilegibles. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala Cubana. Fondo:
Periódicos.
48--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 144
49--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1992. p p 157 144
50--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 157 158
51--Hortensia Pichardo y
Femando Portuondo: Ob. cit., 1.1, p. 201
52-- Yoel
Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 2005, p 64
53--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido Publicimex S.A., Ciudad de
La Habana, 1992, p 229
54--En: ANC, Academia de
la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
55--En: ANC, Academia de
la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
56--Parte
oficial de Calixto García del 29 de octubre de 1872.
En: Periódico La
Revolución de Cuba, Nueva .York. 14 de diciembre de 1872 ANC, Donativos y Remisiones, Fuera de
Caja # 2
57--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido, Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 99
58--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimex S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 254
59--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 74
60--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 56
61--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 67
62--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 72
63--Nydia Zarabia. Ana Betancourt
Agramonte. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 182
64--Enrique Collazo. Desde Yara Hasta el Zanjón. p 30
66--Hortensia Pichardo y
Fernando Portuondo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, t II, p 116
66-- John Keegan. El Rostro de la Batalla. Ediciones Ejército, Servicio de publicaciones del Estado
Mayor general, Madrid, 1990, p 201
67--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimez S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 78
68--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimez S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 115
69--Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1974, t I, p 378
70--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p 242
71-- Yoel
Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón. Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 2005, p 78
72--Yoel Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas
del Zanjón. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p 78
73--Eusebio Leal Spengler. Carlos Manuel de Céspedes El Diario
Perdido. Publicimez S.A., Ciudad
de La Habana, 1992, p 189
74--En: Periódico la
Revolución de Cuba, N. Y.- 9 de noviembre de 1872. ANC. Donativos y Remisiones.
Fuera de Caja No. 2
75--En: Colección
Coronado. Documento 34, tomo XVI
Biblioteca Universidad Central de Las Villas.
76-- Yoel
Cordoví Nuñez. Máximo Gómez tras las huellas del Zanjón, Editorial Oriente,
Santiago de Cuba, 2005, p 70
77--En términos militares de la época eran las bestias dedicadas a
la carga en el ejército. Hoy es sinónimo de mula o macho de carga.
78--Fernando Portuondo y
Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, t
I, p 378
79--Periódico La
Revolución de Cuba, Nueva York, 18-k11-1871 núm. 1 ANC, Donativo y
Remisiones. Fuera de la Caja
# 2.
80-- Nydia Sarabia Ana Betancourt Agramonte. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p 174
81--Carta
de Calixto García el Presidente de la República Carlos Manuel de Céspedes del
26 de septiembre de 1873.
En: Biblioteca Nacional de
Cuba Sala cubana /C M / Céspedes/
núm. 20
82--Fragmentos
del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de
Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
83--En: ANC, Academia de
la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
84--Fragmentos
del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala
Cubana. Fondo: Periódicos.
85--James Okelly. La Tierra del
mambí. Instituto Cuba del Libro, La Habana, 1968, p 221
86--En: ANC, Academia de
la Historia, legajo 357 núm. 7 (Colección Céspedes, folio 76).
87--Diario de
Vicente García, en Víctor Manuel Marrero. Vicente García Leyenda y realidad.
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p p 158 159
88--Fragmentos
del parte militar de Calixto García de diciembre de 1872.
En: Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. . Biblioteca Nacional
de Cuba, Sala Cubana. Fondo: Periódicos.
89-- John Keegan. El Rostro de la Batalla. Ediciones ejército. Servicio de publicaciones del Estado
Mayor general, Madrid, 1990, p 200
90--John Keegan. El Rostro de la Batalla. Ediciones ejército, Servicio de publicaciones del Estado
Mayor general, Madrid, 1990, p 200
91--Periódico La
Revolución de Cuba, Nueva York, 18-k11-1871 núm. 1 ANC, DR. Fuera de la Caja # 2.
92--Periódico “El Boletín
de la Guerra”, Núm. 7, año 2, Camagüey, Enero 1ro. de 1874, Año 2.
93--Periódico La
Independencia. Órgano de los
pueblos hispano – americanos, marzo 1 de 1873, número 7. Biblioteca Nacional de Cuba, Sala
Cubana. Fondo: Periódicos.
94--Libro de defunciones de la
iglesia de Baracoa año 1877
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